lunes, 29 de junio de 2015

La idolatría del quechua


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Entre las noticias insólitas que llegan desde la Copa América están algunas que ocurren fuera de las canchas, como la premiación a Claudio Pizarro por lanzar unos tuits en quechua. Ni más ni menos. El confundido jugador expresó con sorpresa que siempre le había interesado el quechua. "La gente que trabajaba en mi casa me hablaba algunas cosas en quechua" llegó a decir. El premio le fue entregado por la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena de Chile (CONADI) de manos del secretario del Ministerio de Desarrollo Social de Chile. Como vemos, por organismos burocráticos que se ocupan de la nada, nuestros vecinos del sur no se quedan cortos. Estamos codo a codo.

Una de las expresiones más exitosas del progresismo cultural es el culto a las lenguas nativas, dentro de su pasión más amplia por la sobrevaloración de todo lo nativo, en oposición a todo lo extranjero, al que consideran invasor y colonialista. Hay países que han prohibido por ley monumentos a los conquistadores. En Lima fue retirado el de Francisco Pizarro que se lució por años junto a palacio de gobierno. 

Durante el gobierno de Velasco surgió una verdadera fiebre indigenista que nos metió el quechua a la fuerza en todos los medios de comunicación. La Constitución del 79 encargó al Estado la tarea de promover el estudio de las lenguas aborígenes y estableció que cualquier lengua podía ser la lengua oficial. La actual Constitución, más escueta, repite el mismo error al establecer como idioma oficial el castellano, el quechua, aymara y demás lenguas aborígenes. Es decir, mejor no hubiera dicho nada. No hacía falta.

En estos tiempos en que ya tenemos todo un Ministerio de Cultura ocupándose de.. no sé ¿de qué se ocupa ese ministerio? Si echamos un vistazo a su página de Facebook más parece la cuenta de una adolescente. Su web oficial no es muy diferente. Solo se ven celebraciones de fechas, talleres y notas intrascendentes. He notado que el Ministerio de Cultura es pródigo en publicar memes en quechua y hasta en awajún para apoyar a la selección de fútbol. Gran labor de esa burocracia parásita.

Me entero que un señor de 91 años ha terminado de traducir al quechua la obra de Cervantes "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha". Pero no he sabido que el gran Ministerio de Cultura haya dicho nada, ni se ha tomado la molestia de premiar al nonagenario traductor antes de que parta al más allá, ni de asumir la publicación y promoción de la obra. Menos un premio. Ni una mención. Nada. Mientras que en Chile premian a Pizarro por un par de tuits en quechua.

Por otro lado hay todo un movimiento progresista adolescente reclamando la enseñanza del quechua en las escuelas. ¿Cuál es la justificación de semejante propuesta? "Valorar lo nuestro", según lo que alcanzan a decir algunos. Si alguien quiere "valorar lo nuestro" ¿por qué no aprende quechua por su cuenta en lugar de condenar a los escolares a aprender algo de poco valor educativo? Las lenguas solo sirven para comunicarse, y todo su valor reside en la cantidad de personas con las que podemos comunicarnos con ella. Para nada más sirve una lengua. Así que más vale aprender en la escuela una lengua que nos sirva para comunicarnos con la mayor parte del mundo. 

Más del 35% de la web está en inglés y más del 90% de las más importantes publicaciones científicas está en inglés. Suficientes razones para aprender inglés, y las escuelas deberían al menos garantizar que sus egresados estén en capacidad de hablar y leer en inglés. Las otras lenguas que son importantes por la cantidad de hablantes y/o publicaciones son el chino, el francés y el alemán. No veo pues por qué tendríamos que perder el tiempo aprendiendo quechua en las escuelas. 

Tampoco entiendo esa especie de sensación de tragedia que invade a los progres cuando claman que hay lenguas que corren el peligro de extinguirse. ¿Y cuál sería el problema? Todo lo que importa es que las personas puedan comunicarse por alguna lengua. Si han optado por emplear el castellano en vez del quechua o el aymara o cualquier otra lengua, pues no veo por qué tenemos que inquietarnos. El habla es algo que se transforma constantemente y las culturas modifican su lenguaje libremente. 

No hay pues ninguna razón para caer en la idolatría del quechua ni mucho menos en las lenguas nativas. La Constitución del 79 garantizaba que las comunidades recibieran educación primaria en sus propias lenguas. Eso no la hacía progresista. Lo hubiera sido si garantizaba la alfabetización de las comunidades al castellano, pues de este modo no solo se conectaban a mayor población sino que tenían mayor acceso al desarrollo. No confundamos pues la idolatría de lo nativo con la utilidad que las lenguas tienen en la vida de las personas. Hay que ser pragmáticos antes que idílicos.