viernes, 15 de mayo de 2015

La izquierda hace su negocio


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Toda la izquierda anda feliz por estos días al ver en la televisión las imágenes del caos que sus hordas salvajes están provocando en Arequipa. Deben sonreír por cada piedra que ven cruzando el cielo con rumbo a los policías, deben saborear la sangre que cubre el rostro de los agentes del orden, deben exitarse cuando un policía es cargado a la ambulancia, deben, al fin, sucumbir ante el orgasmo cuando escuchan que Tia María es inviable.

Sin duda evocarán los heroicos días de Conga, cuando la turba se apoderó de la ciudad impidiendo que la gente desarrolle libremente sus actividades, tal como ocurre hoy en Arequipa, donde nadie puede abrir una tienda o salir a trabajar a riesgo de ser apedreado por una gavilla de enardecidos salvajes que dicen defender al pueblo. Y los jóvenes universitarios, como siempre, eternos tontos útiles de la izquierda, en su natural inmadurez mental, presos de su inevitable estupidez juvenil, inflamados por su elevada carga de testosterona, se han sumado a la barbarie con el rostro cubierto cual cobardes delincuentes. Es el reflejo del valor de las ideas en un país donde las universidades sirvieron de refugio y matriz para el terrorismo.

La verdad es que toda esta plaga de desadaptados y cobardes tirapedreros no representa a nadie. Son una minoría. Siempre lo fueron. Por eso nunca ganan las elecciones. De allí su frustración permanente y sus formas demenciales de protestar tratando de imponerse por la fuerza. Lamentablemente lo logran porque una minoría salvaje es suficiente para causar estragos fatales en una sociedad. Ocurrió en Cajamarca en los días en que 130 españoles a caballo se impusieron a punta de mosquete y sable a 8 mil incas, y ocurre hoy cuando una miserable plaga de langostas de izquierda semi terrorista, escudada en el discurso ambiental, se apodera de los pueblos y los valles a huaracasos, bombas incendiarias con el accionar típico de hordas salvajes que intimidan a la población.

Aprovechando la ocasión, los diferentes frentes de la izquierda cavernaria como el SUTEP, la CGTP y Construcción Civil, entre otros, se han sumado a la carga con sus respectivas movilizaciones. Tal parece que le quieren cobrar la factura a Ollanta Humala por haberlos dejado tirando cintura luego del apoyo que el rojerío en pleno le brindó para subirse a la presidencia. Hoy sacan los videos en que Ollanta y su caterva de trepadores fanfarroneaban con su apoyo a las protestas. Allí se ve a Ana María Solórzano, pedicurista de Nadine que hoy ejerce la presidencia de un Congreso que tocó fondo desde la llegada del nacionalismo. Se ve también a Ollanta Humala con el típico discurso barato de un predicador de la izquierda agitadora, gritando maldiciones contra la gran empresa y prometiendo oír la voz del pueblo. Hay que recordar a la vicepresidenta Marisol Espinoza azuzando a los nativos en Bagua con la mentira de que les iban a quitar sus tierras. Nada es más fácil que engañar a la gente, crearles miedo y odio. Ese es el negocio de la izquierda. 

No hay ninguna duda de que Marco Arana, el eterno agitador antiminero, parásito vividor del ambientalismo oenegiento que pasó de ser predicador bíblico a experto en ecosistemas, sueña también con llegar a la presidencia con el mismo discurso y estrategia. Está rodeado de media docena de apóstoles que fungen de técnicos especialistas en medio ambiente y desarrollo sostenible, pero tienen un discurso gastado que se remonta a los años 60 en que ya se proponía la diversificación productiva, pero nunca pasó de ser más que un lindo discurso político inviable. Se trata de otro cuento infantil destinado a mentes jóvenes que ignoran el fracaso de estas ideas en el pasado. No tienen nada que ofrecer sino idealismo infantil y más fracasos, que luego encubrirán, como siempre, con su ya tradicional disculpa de las buenas intenciones. 

Así las cosas el gobierno del pelele puede terminar en el naufragio. La izquierda es muy capaz de incendiarle la pradera porque para eso viven. Es un sector de enfermos mentales que creen tener la fórmula del paraíso perfecto, el cual pretenden imponer a sangre y fuego aniquilando a todos los que se opongan. Lo han hecho siempre, acá y en todo lugar donde existen estas alimañas. Ya los conocemos. Son los mismos aunque ahora tengan un discurso ecologista y hablen de DDHH. Lo que no han cambiado es su estrategia violentista y su odio al progreso, a la ley y al Estado de derecho.