martes, 19 de mayo de 2015

El discurso seudoecologista antiminero


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La explotación minera se remonta a la Colonia; pero hasta hace unos 15 años nunca existieron estos famosos mega conflictos sociales antimineros que hoy atenazan al Estado, acosan a las empresas y sitian las ciudades. Los modernos proyectos mineros que hoy son el foco del ataque radical se iniciaron en los 90, cuando se reestructuró todo el esquema obsoleto y quebrado en manos del Estado. Luego estos fueron el soporte del crecimiento económico del país desde el 2002, con el alza del precio de los metales. Entonces hubo algunos pequeños conflictos aislados sin llegar a esta especie de revolución antiminera, perfectamente coordinada a nivel nacional, siguiendo el mismo libreto y estrategias, y con los mismos personajes involucrados. ¿Cuál es el origen de todo esto?

Las revueltas antimineras con discurso ecologista empiezan a darse bajo la batuta de las nuevas organizaciones de izquierda fundadas a inicios de este siglo con el modelo de ONG. La principal de todas es GRUFIDES, fundada en el 2002 por el ex sacerdote Marco Arana, quien luego creó su partido ecologista Tierra y Libertad, y es el principal agente de la corriente ecologista antiminera. Alrededor se agrupan una serie de organizaciones de izquierda que han adoptado el nuevo formato ecológico de moda, reunidos en la Red Muqui. Ellos presentan una oposición ideológica a los proyectos mineros empleando un discurso renovado pero con las mismas viejas ideas, como el llamado tan candorosamente "desarrollo diversificado" o "nuevo modelo de desarrollo". Son expertos inventando novedosos conceptos para enmascarar sus viejas tesis.

El discurso parece nuevo pero las ideas son viejas. Se trata de la misma vieja izquierda marxista anticapitalista que se pasó las últimas décadas del siglo pasado combatiendo el imperialismo yanki, desde las empresas transnacionales hasta la embajada de EEUU. El cuento es tan viejo y tonto como efectivo. Es fácil de contárselo a los jóvenes. La idea es simple: somos pobres por culpa de otros que vienen a explotarnos y llevarse nuestras riquezas. El joven promedio es suficientemente ignorante, desinformado y tonto para creer ese cuento sin tener dudas. No hace mayores análisis. Y así nace la izquierda.

Tras la debacle del comunismo mundial en la última década del siglo pasado, todos los partidos que vivian de la subvención de los gobiernos comunistas se quedaron huérfanos y pobres. Llevados por la angustia divagaron desesperadamente hasta encontrar una nueva fuente de financiamiento en el ambientalismo de moda. La causa se conectaba perfectamente con el anticapitalismo radical porque el ecologismo culpaba directamente a los países más industrializados -y a EEUU en particular- del supuesto desastre ecológico que amenazaba al planeta. Ambos coincidieron en que había que frenar al "capitalismo salvaje y depredador". Así fue como empezó la nueva izquierda, el socialismo verde, el comunismo ambientalista financiado por el ecologismo europeo. 

El primer activista del ecocomunismo fue el cura Marco Arana. Al ver la luz del dinero fácil fundó su propia iglesia ecológica y pasó rápidamente de predicador bíblico a predicador antiminero, anunciando el evangelio de un futuro diferente, un nuevo modelo de desarrollo que deja atrás el extractivismo a cambio de la diversificación productiva con sostenibilidad y armonía con la naturaleza. Traduciendo todo esto al viejo lenguaje comunista significa que la lucha continua. Hay que oponerse a las grandes inversiones del capitalismo, combatir a la empresa privada extranjeras y nacionales, principalmente a las mineras, sabotear al Estado, organizar las bases populares para continuar la guerra popular del campo a la ciudad y tomar el poder por la fuerza del caos, la violencia y el accionar de las masas. En realidad nada ha cambiado en la izquierda más que el discurso ecológico.

No tienen ningún "nuevo modelo de desarrollo" sino el mismo viejo modelo de subdesarrollo que ya se ha aplicado en diversos países. Todo lo que proponen es un estatismo trasnochado, controlista e intervencionista con propuestas delirantes como el famoso "ordenamiento territorial" mediante el cual una corte de burócratas, seguramente sociólogos que nunca han visto una mina, determinarán dónde se puede hacer minería. ¿Puede haber algo más estúpido?

Siguen creyendo que el Estado (o sea, una costra de burócratas iluminados) es capaz de diseñar un mundo perfecto determinando cuáles son las industrias que deben haber, dónde y cuántas, señalar costos y precios, rutas y convenios, objetivos de producción, métodos de gestión, sueldos y política laboral, rutas de abastecimiento, etc. El Estado, cual Dios magnánimo y sabihondo, será el que diseñe, dirija, controle y monte el paraíso socialista. Es decir, estamos frente al mismo delirio humano que llevó a medio planeta al fracaso del comunismo en el siglo pasado, incluyendo al mismo Perú durante el velascato. No han aprendido nada. Solo han cambiado el discurso. Y para colmo, siguen apelando a la violencia para imponer sus visiones trasnochadas y utilizando al pueblo para ello.