jueves, 5 de marzo de 2015

Reforma electorera


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

A todos les encanta hablar de reformas pero pocos están dispuestos a hacerlas. La reforma electoral es una de muchas que están en el vocabulario político nacional y que ahora se repite, pero algunas propuestas responden a visiones totalitarias e intereses de grupo, antes que al análisis frío con el objetivo de mejorar la democracia. La sanción del "transfuguismo" es claramente uno de estos casos. No se puede obligar a nadie a estar donde no quiere estar. En toda reforma predomina el iluminismo totalitario que todo lo sabe, y le impone a la gente lo que creen que es lo mejor, en lugar de dejar que la gente decida libremente. 

En tal sentido nuestra iluminada clase política no desea darle libertad al pueblo para que el voto sea voluntario. Una serie de escusas ridículas predominan para que se mantenga el nefasto voto obligatorio y universal, responsable directo de la elección de mamarachos en el poder. Lo curioso es que nadie culpa al electarado por estas elecciones patéticas que se repiten desde 1985, cuando eligieron a un insignificante pulpín de 35 años, sin oficio ni beneficio, sin trabajo conocido ni mayor experiencia en nada, excepto en la charlatanería florida. En esa ocasión Alan García nos llevó a la mayor crisis de nuestra historia. Pero ni por eso se cambió el ridículo sistema electoral que lo permitió.

Las elecciones patéticas se repitieron sin falta. En 1990 el electarado prefirió a un desconocido chinito antes que a Mario Vargas Llosa y el mejor equipo liberal de nuestra historia. Demasiado bueno para ser peruano. Fujimori logró reelegirse irregularmente dos veces más llevando al país a una grave crisis política. No hay duda que la gente votó por él. Luego el voto del electarado nos dejaba para la segunda vuelta la opción de elegir entre el cáncer y el sida. Así es como hoy tenemos al impresentable Ollanta Humala, un don nadie, un sujeto apocado que no merece la alta investidura de la presidencia. Todo esto se debe exclusivamente al voto obligatorio y universal.

Existe la creencia de que a mayor cantidad más democracia. Nadie quiere fijarse en la calidad del elector o del candidato. Resulta gracioso que los "expertos" culpen al voto preferencial por la inmundicia humana que rellena el Congreso, como si este método de elección fuera el culpable y no la calidad del elector o los candidatos que los partidos proponen. ¿Qué tiene que ver sistema del voto preferencial con que los partidos metan voleybolistas, conductores de TV o mamarrachos inservibles en sus listas de candidatos? El voto preferencial es más democrático en el sentido que le permite al elector decidir quién entra al Congreso antes que sean las cúpulas partidarias.

Eliminar el voto preferencial no va a impedir que los partidos sigan llenado sus listas con mamarrachos, o que le abran paso a los que ponen el dinero sobre la mesa. Lo que si evita el voto preferencial es que sea el dinero el que determine la posición en la lista. Mientras no exista una democracia partidaria efectiva que garantice que los candidatos serán fruto de una elección interna, el voto preferencial impide que sean las argollas partidarias, las mafias y el poder económico los que determinen quiénes entran al Congreso. Si quieren mejorar la calidad de los parlamentarios lo que deben hacer es imponer vallas a los candidatos o eliminar el voto obligatorio. Eso es lo sensato.

De acuerdo a los estudios solo el 30% de la gente siente interés por la política. Al 70% restante le tiene sin cuidado. La gran mayoría de la gente no tiene la menor idea de quién dirige la PCM y solo un mínimo porcentaje es capaz de nombrar a tres ministros. Esa es nuestra realidad y toda esa gente está obligada a votar. Nuestros "expertos" no deberían quejarse solo de la calidad de los congresistas soslayando la calidad de los presidentes. El absurdo sistema electoral fundado en el voto obligatorio y universal es el creador del electarado y responsable único de la patética mediocridad de toda la clase política peruana. Incluso es responsable de que tantos aventureros se animen a probar suerte en política armando sus combis electorales y clubes de Toby.

Por otra parte, resulta francamente estúpido suponer que porque el Estado financia a los partidos, los corruptos dejarán de existir y ya no ingresarán dineros sucios a las campañas. ¿De dónde salen los angelitos que piensan así? Sus suposiciones carecen de sustento y solo se fundan en una lógica chiflada. Meter dinero público a los partidos no servirá para ese idílico sueño de burócrata acartonado que es "fortalecer los partidos políticos". Un cliché gastado de la retórica barata que carece de sentido. No se fortalecen las instituciones con leyes ni con dinero público. Ese fue el cuento que usaron hace 15 años para hacer la ley de partidos políticos y no sirvió para nada. Estamos peor que antes. En lugar de modificarla deberían derogarla simplemente. No se necesita ninguna ley de partidos políticos. Basta con una buena ley electoral que ponga vallas a todos: electores, candidatos y partidos.

Si a la gente no le interesa la política no formará parte de los partidos políticos. Si no surgen verdaderos líderes políticos con ideas renovadoras que propongan visiones modernas de país, el dinero no hará la magia, solo aumentarán los saltimbanquis. Financiando a los partidos solo harán que aparezcan los comechados y angurrientos que siempre están detrás del dinero fácil del Estado. Los corruptos irán por el dinero del Estado y aceptarán el dinero sucio sin ninguna duda. Regalar plata del Estado nunca ha solucionado una falencia cultural. ¿Acaso darles dinero para investigaciones ha hecho que las universidades investiguen más? No. Solo fue otra pose electorera.

El Perú es un país muy complicado. Pretender hacer grandes reformas es difícil. Más aun cuando hay tanto "experto" sustentando barbaridades sin sentido. Hagamos lo más simple y fácil. Eliminen el voto obligatorio y pongan requisitos para ser candidatos. No se puede pretender ser congresista siendo un ignorante, un iletrado o un analfabeto. Eso es ridículo. El Congreso no es una asamblea popular. Es un foro donde se hacen leyes y se requiere un cierto nivel de capacidad intelectual y/o grado académico. De hecho el Congreso tiene que ser una élite de la sociedad y no lo peor de ella. No se puede seguir metiendo al Congreso analfabetos, voleybolistas, cocaleras ni payasitos de la TV. Basta ya. Hagamos las cosas bien y empecemos por lo simple.