miércoles, 18 de marzo de 2015

Al hermano ausente


A pedido de parte publicamos el siguiente testimonio.


Les escribo en pocas letras la historia de mi hermano Gustavo Alejandro Rojas Caramutti, Médico Veterinario, graduado con méritos en su promoción, aplicado alumno, buen hijo, excelente hermano, creyente católico, amoroso con la familia, buen amigo, tan joven de 27 años al que Sendero Luminoso le quitó la vida miserablemente porque su delito era apoyar a los campesinos ganaderos de Aramachay en Huancayo para mejorar las ovejas de la comunidad campesina. Esta no es una historia de un extraterrestre, es la historia de un joven que creía en construir un Perú mejor. Mi hermano no era militar, era un veterinario trabajando con campesinos pobres que querían salir adelante, mi hermano ahora es solo una estadística de los más de 35,000 muertos por la barbarie del terror que fue Sendero Luminoso y el MRTA.

Pues hoy, después de tantos años de su muerte, escribo estas lineas con la esperanza de que algún joven la lea y sepa que el terrorismo mató a mi hermano, asesinó sin piedad a una persona noble y bella que quería a su patria y a su familia; que el terrorismo es lo peor que nos ha ocurrido a los peruanos, que el terrorismo ha destruido corazones de toda condición social, que el terrorismo nos quitó la alegría en los nuestros corazones de muchos peruanos, que el terrorismo es lo más miserable y bajo que pueda existir y que el terrorismo aún está presente en la mente de muchos insanos peruanos.

Si no perdiste un familiar alégrate, pero solo te recuerdo que la violencia solo trae pena y desgracia y también pude pasarle a tu familia si es que dejamos que los terroristas vuelvan a hacer de la suyas, tú decides.

Recuerdo aun a toda la familia junta, 5 hermanos varones, nuestros padres adorables, viviendo la vida, luchando por salir adelante, y vaya que lo conseguimos, aún con la adversidad. Mi madre abnegada por darnos profesión, mi padre trabajador, siempre alegre y dedicado a su familia. Recuerdo la alegría familiar de estar juntos, rodeados siempre de parientes y amigos, de cantar todos con guitarra y cajón, de escuchar la música de mi viejo y nuestra música de la juventud, de gozar los hermosos veranos de Pimentel, todos juntos con mi padre bronceándonos hasta más no poder, recuerdo tantas cosas que no puedo plasmar en tan poco papel. Recuerdo los guisos de mi mami esperándonos a todos que llegáramos de estudiar en la Universidad, todo ese esfuerzo familiar por lograr hombres de bien, hombres que sumen, hombres que construyan familias buenas, hombres que amen al Perú, hombres que críen niños que quieran la vida y crean en el amor.

Pero la realidad era que afuera estaba “la bestia”, ese engendro del mal llamado Sendero Luminoso, esas mentes izquierdistas y marxistas cuya única obra es asesinar y destruir, ellos te arrebataron la vida de dos balazos querido hermano Gustavo.

Hoy veo el periódico y leo noticias absurdas, que indemnizan a terroristas que sembraron muerte, destrucción, pobreza y tristeza. Me vienen a la memoria los últimos diálogos que tuvimos hermano Gustavo, quiero retroceder el tiempo, impedir que te vayas de casa aquel día, que no te haya pasado esa desgracia de partir tan rápido a los 27 años, dejando este vacío y una pena tan grande en el corazón de toda la familia. En sueños te veo, converso contigo, te toco el brazo, pero despierto y regreso a la horrible realidad donde ya no estás. Espero que en mi mirada cuando nos despedimos ese día se haya leído “te quiero Gustavo, cuídate”.