domingo, 1 de febrero de 2015

La pulpimanía se desborda


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Tras la derogatoria de la ley del empleo juvenil mejor conocida como "Ley Pulpín", una gran cantidad de personajes de los medios y de la política progresista se apresuraron a llenar de elogios a los jóvenes revoltosos convirtiéndolos en héroes, asegurando que se trata de una nueva generación de iluminados y valientes muchachos luchadores, dispuestos a hacer prevalecer sus derechos y mil otras cosas más. Los han invitado a los sets de la radio y TV, y han aparecido en los diarios, siempre rodeados de una irritante y nauseabunda pleitesía por parte de los conductores.

Todo este afán de adulación a los jóvenes pulpines tiene mucho de esa patética costumbre humana de hacer altares donde colocan a sus ídolos para adorarlos y encenderles velas esperando milagros. Y los milagros no tardaron en llegar. De inmediato aparecieron líderes juveniles convocando a una marcha contra la "TV basura", pero prometen hacer muchas marchas más contra todo lo que consideran nefasto en este mundo. Han detectado que no necesitan ideas. Las marchas son el instrumento político que funciona en este país, y la presión va hasta donde se pueda llegar. Si no basta con obstaculizar el tránsito y tomar una carretera pues se tomarán rehenes o incendiarán locales. Es lo que funciona acá según la experiencia. Pero pongamos todo esto en contexto.

La izquierda ha defendido siempre la tesis de que la protesta es un derecho, impidiendo al mismo tiempo que tal supuesto derecho sea normado por una ley. Acusan de abuso a los policías que cumplen su trabajo de resguardar el orden público y preservar la propiedad. No los quieren ver en las marchas y los agarran a palos y piedras si les impiden el acceso a zonas restringidas. Los abogados de las ONGs de izquierda salen presurosos a defender a los manifestantes detenidos. En suma, hay toda una organización orientada a desestabilizar el Estado de derecho, pasar por encima de la ley y la autoridad y emplear el caos y la violencia como métodos políticos. Es la vieja historia de la izquierda. Ni siquiera es nueva la manipulación de los jóvenes para estos fines. La única diferencia es que ahora la izquierda violentista tiene abogados, instituciones y medios que le dan soporte a su accionar.

A todo lo anterior debemos añadir hoy a los papanatas de los medios que sirven de tontos útiles de la izquierda aclamando a los jóvenes pulpines porque lograron amedrentar a los congresistas para que derogaran una ley por la fuerza más que por la razón. El resultado es que ahora tenemos jóvenes envalentonados pretendiendo cambiar el mundo a punta de marchas. Ya se la creyeron. Están como Reymond Manco diciendo "tóquennos que somos realidad, nosotros cambiaremos este mundo". No saben ni cuáles son las fronteras del Perú ni para qué sirve el Banco Central pero quieren arreglar el mundo. Sería bueno bajarlos de su nube antes de que empiecen a causar destrozos.

Llenar las calles con masas de disconformes nunca ha sido ni será una propuesta política. En todos esos miles de vagonetas que llenaban las calles de Manhattan hace unos años en ese movimiento social llamado "Occupy Wall Street" no había ninguna idea ni propuesta inteligente. Eran solo masa amorfa, una simple moda social sin sentido como lo fueron los hippies y como son ahora los tatuajes, los piercing o cualquier otra tontería que se les viene a la mente a la gente y lo hace sin saber por qué. Y esta insólita propuesta de los jóvenes para salir a marchar contra la TV basura es más de eso mismo. Realmente no hay nada más idiota que protestar por la TV basura cuando tienes el control remoto en la mano. Cambia de canal y para de sufrir. Por último: ¡apaga el televisor y ponte a leer!

Además ¿quiénes son estos jóvenes para decidir lo que es TV basura y lo que los demás deben ver o no deben ver? Lo que han creado los papanatas adulones de los medios es un fascismo pulpín que se cree con autoridad para modelar la sociedad, pero no con ideas sino con marchas y consignas. Así fue como empezaron los nefastos movimientos del fascismo y el nazismo en el siglo pasado, tomando las calles y rompiendo vidrieras. Muchos hablan de conocer el pasado para no repetirlo pero acá hacen gala de ignorancia y alimentan cuervos. Hay que exigir que la política se haga respetando los cauces de la ley y del Estado de derecho. La democracia es un sistema creado para resolver nuestras diferencias en paz. Todo el que pretenda hacer uso de la fuerza, las masas, la violencia y el chantajes sale del marco de la ley y la democracia, y eso no puede ser adulado ni endiosado. Ese camino es siempre peligroso, y lo sabemos bien.