martes, 10 de febrero de 2015

La farsa del diálogo


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Uno de los grandes misterios de la política es su capacidad para montar farsas que son creídas por todos o casi todos. Y esto gracias a la complicidad de los medios y mermeleros de la prensa que se prestan a montar el escenario de la farsa. El supuesto dialogo del gobierno con las supuestas "fuerzas políticas vivas de la nación" no ha sido más que una farsa de la peor clase, una tomadura de pelo, un engañabobos, un circo de barrio pobre, cualquier cosa menos un verdadero diálogo político.

Para empezar nunca hubo en palacio de gobierno "fuerzas vivas" sino fantasmas como Aureo Zegarra, figuretis como los Reggiardo, espantapájaros como Siomi Lerner y mucha gente que no representa a nadie, partidos cascarón como el de Antero y vientres de alquiler como UPP que no existen en la realidad, que no tienen representación y ni siquiera han competido en elecciones. Mucha gente que no representa a nadie ha acudido a Palacio para salir en la foto. Ha sido una reunión de un gobierno en descomposición con partidos que están en extinción, como Fuerza Social, Ciudadanos por el Cambio o Perú Posible. 

El Apra y Fuerza Popular, las verdaderas fuerzas vivas de la política no acudieron al circo del diálogo por la simple razón de que no se puede convalidar una farsa. Hicieron bien. Al fin actuaron por principios y no por conveniencia. No podían acudir a la casa de un gobierno cuyo jefe los insulta cada día y permite que los ministros agravien a sus líderes. Eso es inaceptable en un régimen democrático mínimamente decente. Si este gobierno hubiese querido tender puentes, primero tendría que haber despedido a esos ministros insolentes, el presidente mismo tendría que haberse disculpado personalmente ante los líderes de oposición por sus constantes agravios y solo después convocarlos a un diálogo.

Pero no se puede creer en la voluntad dialogante de un régimen que apela al diálogo tan solo como último recurso para distraer a la oposición y salvar una censura del gabinete, que es lo que en realidad corresponde ante tantos escándalos de agresión política y hasta corrupción que involucra a las más altas esferas del poder. La convocatoria al diálogo fue evidentemente una maniobra distractiva, más falsa que el amor y la pasión de una prostituta. Solo los tontos, figuretis y poseros podían acudir al llamado. Menos mal que el Apra y el fujimorismo decidieron abstenerse. Al fin un acto de cordura.

Además hubiese sido francamente ridículo que dos partidos con tanta historia, trayectoria, tradición y respaldo popular vayan a sentarse con una sarta de pichiruchis y farsantes de la política que no representan a nadie. Se hubieran rebajado al nivel de la nada política, que es lo que probablemente deseaba el gobierno. Pero la estratagema no les funcionó. Al final todo fue un monólogo del gobierno que acabó sacando de su manga el anuncio de la desactivación de la DINI y un probable aumento de la RMV, lo que presentaron descaradamente como resultado del diálogo. Y los tontos útiles asistentes solo atinaron a mover la cabeza. Así estamos en este país.