lunes, 19 de enero de 2015

El arte de engañar de la izquierda


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El rojerío salta feliz porque en la última encuesta encontraron un rechazo mayoritario a la Ley Pulpín. No solo la izquierda y la calle están en contra sino la mayoría de congresistas, de manera que es una ley destinada a ser irremediablemente derogada a fin de mes. Todo esto solo quiere decir que la ley es buena o tiene mucho de bueno, ya que las masas, la izquierda y los actuales congresistas no saben nada de economía ni del mundo laboral, y actúan como el mono que no quiere soltar lo que ha cogido aunque eso lo mantenga preso en la trampa y lo conduzca a la muerte. Además la mayoría de congresistas son debutantes en la política, expertos en nada y consumados figuretis y poseros que solo saben apoyar cualquier causa popular, por idiota que sea, para ganar votos.

¿Se imaginan ustedes si hubiesen hecho una encuesta para saber si la gente aprobaba el fujishock? ¿Alguien de la calle habría estado de acuerdo en que se multiplique el precio de la gasolina por 30 de la noche a la mañana, y que todos los productos básicos suban su precio de 250% hasta 500% de un momento a otro? ¿Alguien de a pie hubiera apoyado la idea de eliminar de un solo plumazo todos los subsidios y controles de precios que el gobierno de Alan García impuso a la economía? Por su puesto que no. Hubiese habido un rechazo absoluto a semejantes medidas. EL APRA incluso usó el miedo al shock para perjudicar a MVLL sin pensar que Fujimori lo haría. Pero eso fue lo que nos salvó de la hecatombe. El país absurdo que heredamos de Velasco y que consolidó Alan García era un infierno insufrible gracias a las benefactoras leyes inventadas para "proteger a los más pobres" y "defender la dignidad nacional", y que las grandes mayorías aplaudían entusiasmadas en su cretinismo.

Si hoy el país es uno de los pocos donde al menos la economía marcha bien, es gracias a que se tomaron medidas impopulares sin preguntarle a nadie. Se hizo lo que se tenía que hacer. Se acabó la fantasía absurda de ayudar a los más pobres con subsidios y precios controlados, se dio fin a esa estúpida demagogia de la "dignidad nacional" que mantenía cientos de empresas estatales con el sufijo "Perú" en quiebra endémica, volvimos a la realidad y empezamos a recuperarnos. Hoy los jóvenes tienen futuro. En los 80, a los que terminaban el colegio nadie les preguntaba a qué universidad postularás sino a qué país te irás. Casi toda mi generación vive hoy en el extranjero. Ahora, en cambio, el país ofrece grandes posibilidades gracias a las impopulares y radicales reformas impuestas en los 90 y que tanta gente mezquina e ignorante sataniza. Pero aun falta consolidar el modelo. Aun el barco hace agua. Quedan lastres del pasado que perturban en el ámbito laboral.

No me digan que la izquierda demagoga tiene la receta, o que la sabiduría popular nos guiará, o que haremos las leyes según las encuestas de opinión o temerosos de los vagonetas que salen a marchar. Nunca haremos nada bueno por ese camino. Hay que extirpar el cáncer laboral. Tenemos un universo entero de ridículos "derechos laborales" que son una traba para que la economía se desarrolle sobre tierra firme. Es obvio que nadie votará por eliminar esas gollerías absurdas que solo disfruta un 10% de trabajadores. La gente prefiere vivir engañada, les encanta la idea de tener beneficios gratuitos a costa del Estado o la empresa privada. Pero casi el 80% del empleo es informal y esos famosos beneficios laborales solo están en la imaginación y en la demagogia barata de la izquierda. Ni las empresas ni el Estado son bobos para regalar dinero por nada. 

Por desgracia tenemos a la izquierda parásita infecto contagiosa defendiendo el mundo de la fantasía donde los beneficios gratuitos y universales caen del cielo sin que uno tenga que hacer ningún esfuerzo. Defienden el dogma de los "derechos adquiridos". No quieren cambios y se creen revolucionarios. Tienen la receta fracasada del pasado y se creen progresistas, engañan a los jóvenes con el cuento de que el trabajo es explotación si no viene acompañado con una gran mamadera de beneficios adicionales que no tienen nada que ver con sus méritos, ni su esfuerzo ni su productividad. Les venden la idea de que ellos se merecen los beneficios laborales por su linda cara y que un buen salario no es suficiente. Les llenan la cabeza de consignas idiotas como "trabajo digno", "sueldo justo", "beneficios sociales", "derechos adquiridos", etc. 

Un país está camino a la decadencia cuando su juventud cree que un sueldo no basta para trabajar si no viene acompañada de una larga lista de "beneficios sociales", gollerías adicionales que le tienen que entregar tan solo porque es "su derecho adquirido", sin importar para nada su esfuerzo ni sus méritos. Y encima creen que el puesto laboral es de su propiedad y que nadie lo puede sacar del puesto porque atenta contra su derecho a la estabilidad. Toda esta basura que la gente tiene hoy en la cabeza nos ha está llevando al mundo de la fantasía retórica y al deterioro real de la vida. La gente debería entender que el trabajo hay que ganarlo con méritos y mantenerlo con empeño, y que el perfeccionamiento es una tarea de vida que cada uno debe asumir por su propia responsabilidad. Si no eres el mejor en tu puesto deja el lugar a otro. No podemos ser un país de vacas sagradas.