jueves, 1 de enero de 2015

Adiós a la izquierda fracasada


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Nunca recibimos un nuevo año con más optimismo que ahora sabiendo que al fin concluye la peor gestión municipal de la historia de Lima. Se ha hablado bastante de Susana Villarán señalando su clamorosa ineptitud, pero hace falta ir más allá de su persona para llegar al verdadero origen de su fracaso, pues no se trata de un fracaso aislado. Susana Villarán representa a la izquierda, un sector político e intelectual que se cree la mejor opción para el país, son seres especiales, se sienten la crema y nata de la sabiduría y de la ética, y que su misión divina es dirigir el país hacia el paraíso de la felicidad social. Ellos y solo ellos tienen la fórmula mágica para lograrlo.

Susana Villarán  y su "equipo técnico" de izquierda, junto a su ejército de trolls en las redes sociales, no pudieron engañar a la gente, ni aun con su millonario presupuesto de publicidad y el amplio apoyo de la prensa progre y los columnistas caviares, a los que cabe sumar a los oportunistas que prefieren la pose correcta a la consecuencia política y acabaron apoyando el desastre villaranista. No importa cuánta propaganda hayan hecho, cuántos artistas de ópera barata hayan salido a mostrar su apoyo a la gestión progresista de Villarán. La realidad siempre se impone y el ciudadano de a pie reconoció finalmente la distancia que hay entre el lindo floro del progresismo y el desastre de la realidad cotidiana. Es una vieja historia de la izquierda.

El fracaso de Susana Villarán es típico de la izquierda. Es más que una persona, se trata de una mentalidad del fracaso, de un estilo de hacer política y, como ella misma lo dijo al despedirse: "de su manera de ver y entender el mundo". Eso es el socialismo a fin de cuentas: un modo retorcido de entender la realidad, una claudicación de la razón para someterla a la emoción, al sueño y el delirio. La gestión de Susana Villarán -como de otros socialismos modernos- fue un comunismo light, asolapado, barnizado con un falso discurso de respeto a la democracia pero siempre con sus proyectos totalitarios bajo la manga, dispuestos a emprender el cambio radical de la sociedad a través de mecanismos de coacción estatal que, en casos extremos, han sabido llegar al genocidio.

En su manera de ver y entender el mundo la izquierda sufre de una penosa alienación mental que la lleva a diagnósticos disparatados. Entienden las cosas al revés. Acumulan pesados estudios para entender el origen de la pobreza cuando esta ha estado presente desde siempre sin que el hombre hiciera nada, en cambio la riqueza ha sido producto del trabajo, la creatividad y otros factores que si son importantes entender y defender. Se preocupan por meros espejismos conceptuales como "justicia social" y confunden la política con la beneficencia pública. Asumen que las características propias de la humanidad desde sus orígenes son consecuencia de un sistema económico aparecido hace 2 siglos, y entonces suponen que combatiendo el capitalismo desaparecerán el egoísmo, la avaricia, la ambición, la especulación la corrupción, la competitividad, la desigualdad, etc. Y creen que pueden hacer todo esto con leyes y coacción estatal, tal como lo hemos visto en Cuba hace más de medio siglo y en Venezuela hace ya década y media.

Por supuesto que el fracaso de Cuba, Venezuela y el de la Lima villaranista son muy parecidos. La suerte de la ciudad es que Villarán no ha tenido más tiempo ni más poder para destruirla. No es que ella tenga la intención de acabar con la ciudad sino que sus preocupaciones son de otra índole, a ella le preocupa más la desigualdad, por eso inició su gestión con un estrambótico proyecto llamado "Costa Verde Sur" que nadie necesitaba ni pidió pero que ella juzgaba indispensable para que el cono sur tuviera su propia Costa Verde, tan igual que Miraflores. También le preocupaba la discriminación de los gays y apoyó los besos gays frente a la Catedral con una ordenanza que obligaba a todos los establecimientos a lucir un cartel de bienvenida a los gays. 

Otra preocupación de Susana Villarán fue la cultura, tema central en el pensamiento progresista. La izquierda cree que la cultura popular debe ser apoyada, promocionada y financiada por el Estado, bajo los intereses del régimen, obviamente. Por ello la herencia de Villarán es una novedosa Gerencia de Cultura que se encargaba de trazar las "rutas de la memoria" y de celebrar puntualmente la fecha de entrega del informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), con las víctimas de las FFAA subidas en el estrado para contar, por cuchucienta vez, cómo fueron violadas por los soldados, mientras artistas del progresismo escenifican la lucha armada y la resistencia contra la reacción. 

La cultura progresista es simple y llanamente una manipulación mental de la gente desde el Estado. En el Perú la izquierda inició su penetración cultural con la famosa CVR, encargada de "explicar" al Perú por qué ocurrió lo que llaman "conflicto armado interno". A continuación montaron toda la parafernalia que les siguió como el monumento al "ojo que llora" y el "museo de la memoria", a lo que cabe añadir las infaltables celebraciones del día de entrega del informe de la CVR.  Con una Gerencia de Cultura en el Municipio y un Ministerio de Cultura en el Ejecutivo la izquierda cuenta ya con los mecanismos perfectos para dirigir el adoctrinamiento social a través del "arte popular" y del financiamiento de todo proyecto "cultural" que cuente con el aval progresista. 

Mientras la izquierda se pasa la vida ocupada en espejismos absurdos como la justicia social y quimeras estúpidas como luchar contra la desigualdad, la realidad se consume y degrada. Creen que luchar a favor de los pobres es lo mismo que combatir la riqueza y el afán de lucro. Odian al que tiene éxito y adoran al pobre que se quedó "marginado" y "excluido". Les preocupa tanto la exclusión que están dispuestos a cambiar el lenguaje para que "todos y todas" queden "incluidos e incluidas" en el habla popular. Hacen leyes, organizan eventos, programas y políticas públicas para fomentar la conciencia social, promover la ciudadanía, combatir la discriminación, empoderar a la mujer y apoyar a los sectores menos favorecidos. Y mientras andan ocupados en todo eso los problemas reales y mayores de la ciudad colapsan, las bases productivas del país se paralizan. 

A nadie debe sorprenderle el fracaso de Susana Villarán. No hace falta conocer su programa o plan de acción, escuchar su discurso y revisar su hoja de vida. Basta con saber que es una progresista, una representante de la izquierda lunática, alienada y fracasada para adivinar lo que será el resultado de su gestión porque a la izquierda no le interesan los problemas reales, están más interesados en cambiar la cultura, es decir, el espejismo de ideas, creencias y estructuras mentales que configuran las sociedades. Ese es su objetivo y para eso están dispuestos a sojuzgar la realidad. Por ello mismo, lo que tenemos hoy es una ciudad postergada, deteriorada y con sus principales problemas aumentados. Es la izquierda señores. Nada más. Esperemos que no regrese nunca más.