viernes, 21 de noviembre de 2014

Política de cloacas


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La política debería ser un escenario de ideas y debates donde las personas más ilustradas discutan las soluciones a nuestros problemas. Por desgracia en el Perú la política es básicamente una cloaca (para usar la expresión presidencial) donde una banda de saltimbanquis de baja estofa fungen de políticos sin saber nada de nada. Su máxima performance es chapotear en la charlatanería y colocarse a favor de todas las causas nobles, aunque sean disparates como oponerse a las antenas. Esta es la clase de gente que el nacionalismo llevó al Congreso desde el 2006.

Evidentemente, el mal llamado "partido nacionalista" no es un partido, como tampoco lo era el Partido Comunista Sendero Luminoso. No basta llamarse partido para serlo. Un verdadero partido gira en torno a ideas que generalmente son de carácter universal, y no alrededor de sentimientos patrioteros y sectarios de causas "anti", fomentando el odio de clase, grupo o nación, y que solo conducen al enfrentamiento social. Sería incluso deseable incorporar en la ley de partidos un veto a estas agrupaciones que aparecen alentando pasiones de odio hacia determinados sectores, como hicieron los nazis y comunistas. Ya estamos cansados de los antimperialistas, antiempresarios, antichilenos y otros antis.

El nacionalismo en el poder es apenas una agrupación de improvisados y trepadores de la política que carecen de ideas y propuestas. Lo único que los convoca es la sumisión al dueño del circo. Esto no sería tan malo si es que el líder al menos fuera un personaje de polendas, una luminaria que con su sabiduría es capaz de guiar al pueblo, pero no es el caso. Ollanta Humala no es más que otro trepador salido de la nada, un militar golpista con delirios de grandeza. Saltó a la luz con la payasada de Locumba y se consolidó con el andahuaylaso, asonada golpista perpetrada en complicidad con el demente de su hermano y que costó la vida de cuatro policías. Hábil para eludir la justicia en este caso como en el de Madre Mía, fue curiosamente apoyado por el chavismo y la caviarada local.

Como todos saben, el triunfo de Ollanta Humala fue en realidad el triunfo del antifujimorismo salvaje. Una nueva forma de expresión social atizada por la caviarada desde la CVR. Esta comisión que se dedicó a lavarle la cara a la izquierda y montar el monstruo de Fujimori, cumplió cabalmente su misión de "reconciliación" que consistía en reconciliar a la sociedad con la izquierda, "explicar" las justificadas causas del "conflicto armado" (no del terrorismo) y señalar a  Fujimori como el único monstruo al que el país debería odiar, así como establecer que el Estado fue el verdadero terrorista y el único que debe reparar a las víctimas. Todo esto fue brillantemente montado por la CVR.

En realidad el triunfo de Ollanta Humala fue el resultado de la CVR, es decir, del antifujimorismo establecido como ideología oficial del Estado. Es por eso que Ollanta y sus huestes no tienen otra cosa que ofrecer que antifujimorismo. Están convencidos de que ese es su negocio. Por eso ninguno de sus congresistas ni ministros ha tenido el más mínimo gesto de llamar a la sensatez al que detenta el cargo de jefe de Estado, aunque la banda le quede grande y el saco largo. Hasta el ministro Figallo, el último abogadillo caviar PUCP sobreviviente de la camada que llegó a palacio con Paniagua, ha respaldado a su presidente. Más aun, ha confirmado que el antifujimorismo es la doctrina oficial. 

Cincuenta años de antiaprismo no le hicieron mella al APRA y llegó al poder dos veces, a pesar del desastre absoluto de su primer gobierno, tanto en lo económico como por la derrota ante el terrorismo y los genocidios contra la población. Está por verse si el antifujimorismo rabioso y salvaje será capaz de eliminar del mapa político al fujimorismo. Por ahora Keiko lidera las intenciones de voto, y de lejos. Van a tener que volver a recurrir a sus campañas histéricas de mentiras, como aquella estupidez de las 300,000 esterililzaciones forzadas. Después de todo, hay tontos que lo creen.