martes, 18 de noviembre de 2014

EL discurso encantador


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Alguien definió la estupidez como el hecho de repetir la misma acción una y otra vez esperando un resultado diferente. Esto es exactamente lo que ocurre en la política peruana. Vivimos repitiendo el mismo discurso para solucionar los mismos viejos problemas, muchos de los cuales fueron creados por ese discurso traducido en leyes. Por ejemplo, hoy nos dicen que llegó la fecha para que las empresas depositen la CTS, pero también se informa que solo el 30% de trabajadores está en la formalidad y un porcentaje mucho menor recibe CTS. Este es solo un caso. En general solo un porcentaje minoritario de trabajadores tiene los dichosos "beneficios laborales" que son parte vital del discurso político tradicional desde hace décadas. 

Ocurre que los dichosos "beneficios laborales" son parte de la demagogia de los políticos muy afectos a ofrecer gollerías a la gente, ya sea a costa del Estado o de las empresas privadas. Su demagogia e irresponsabilidad es encubierta con etiquetas tan nobles como falsas, por ejemplo "derechos sociales", "derechos laborales" y "conquistas sociales". Pura basura retórica. En concreto lo único que se ha conseguido con esa charlatanería barata es que el 70% de los trabajadores esté en la informalidad y que solo un 10% acceda a todas esas gollerías, incluyendo la CTS. ¿Pero alguien se atreve a blasfemar del santo grial de las conquistas sociales?

Hablemos por ejemplo de la CTS. Se llama "compensación por tiempos de servicios". EL nombrecito no me indica nada coherente. ¿Cómo es eso de "compensación"? ¿Acaso la empresa no le paga al trabajador por el tiempo trabajado cada mes? ¿Entonces qué hay que "compensar"? No se entiende. Lo cierto es que la CTS resulta ser una especie de seguro de desempleo. Aunque tantas modificaciones ha sufrido por la demagogia política que al final la CTS ha servido para todo. Pero la idea es que sea un seguro de desempleo. La pregunta es ¿por qué la empresa tendría que pagarle al trabajador un seguro de desempleo si justamente le está pagando el empleo? ¿No es problema del trabajador velar por su futuro? Claro que lo es.

Obviamente las empresas tratarán de no hacerse con ese sobrecosto laboral insulso. Como la ley exige pagar la CTS cuando se trabaja más de 4 horas diarias, entonces lo que hace la empresa es reducir las horas de trabajo a 4 y contratar más gente generando subempleo. Lo mismo pasa con los contratos. Todo el mundo sabe que al cuarto año será despedido porque si no la empresa tendría que meterlo en planilla asumiendo sobrecostos laborales, además de un empleado inamovible por la estabilidad laboral. Así que la gente pierde su empleo al cuarto año gracias a las fabulosas leyes que pregonan las conquistas laborales. Y es que hay una enorme distancia entre la estupidez política y la realidad laboral. Las empresas no están para solventar la demagogia de los políticos. Y lo peor de todo es que ni el propio Estado cumple las barbaridades que exigen sus leyes laborales.

Así es como todos vivimos hundidos en la informalidad y la precariedad laboral mientras los políticos siguen con sus discursos idiotas sobre derechos sociales y laborales. Nadie quiere pisar la realidad ni enfrentar los hechos. Creen que pueden obligar a las empresas a inflar sus costos laborales además de tener que pagar ya los elevados impuestos y tasas con que tienen que lidiar para mover la economía. Los políticos charlatanes creen que las empresas privadas pueden ser utilizadas como vacas a las que se succiona la leche sin darles ninguna ventaja. No solo piden leche sino también carne y cuero pero no les dan nada a cambio. Cualquiera que intente beneficiar a las empresas será estigmatizado y atacado como lobista, vendepatria, proempresa, mercantilista, etc.

Si viviéramos en un mundo sensato no existiría la CTS. El trabajador tendría que asumir libremente la decisión de contratar un seguro de desempleo, si lo juzga necesario. Lo haría por el plazo que le parezca conveniente para si, ya sea por tres, seis o más meses, con la tasa correspondiente. Todo eso dependería del propio trabajador quien es el único que sabe si, según sus calificaciones y tipo de profesión, es capaz de conseguir un empleo en tres o seis meses o más, o si es que no necesita ese seguro ya que tiene ahorros u otra actividad que lo solvente. ¿Por qué el Estado tiene que decidir por el trabajador? ¿Y por qué la empresa tiene que hacerse cargo de ese seguro y bajo una misma tasa para todos sus trabajadores? Todo eso es un absurdo total. Las buenas intenciones de los políticos no siempre funcionan y, peor aun, resultan contraproducentes. 

Ya es hora de cambiar el falso discurso político. No acabaremos con la informalidad ni el subempleo si seguimos engañándonos con el estúpido discurso de las "conquistas laborales" y los "derechos ganados". Esa palabrería solo les sirve a políticos y sindicalistas que lo usan para ganar apoyos populares y votos, sin importarles las consecuencias funestas de su demagogia. No podemos tener leyes laborales basadas en discursos de plazuela. Cuando al final todo es un desastre, los charlatanes se lavan las manos culpando a las empresas y exigiendo más derechos laborales. Así es como patinamos eternamente en el fango del subdesarrollo.