martes, 28 de octubre de 2014

La inmoralidad política de la ONU


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La ONU se parece cada vez más al Congreso de un país tercermundista. Está convirtiéndose en un circo repleto de payasos dispuestos a armar show a pedido de las galerías. Ya no es la misma entidad que se fundó en 1945 con 51 países de verdad. A la fecha suman 193 estados de toda clase, entre micropaíses y estados de fachada, incorporados en sus butacas generalmente por la presión de los politicamente correctos. Una gran cantidad de estos estados no son más que pequeñas islitas perdidas en el océano o se montaron artificalmente, como el Estado palestino, y andan gobernadas por satrapías y chiflados. A pesar de que muchos de esos seudo estados ni siquiera cotizan al sostenimiento de la ONU, tienen un voto que pesa lo mismo que el de una gran potencia histórica mundial gobernada por sólidas y viejas democracias. Algo absurdo realmente. 

El último acto de esta feria de payasos ha sido volver a votar una condena al bloqueo norteamericano a Cuba. Con esta ya van 23 condenas iguales y recibirán de parte de los EEUU el mismo destino que todas las anteriores: la basura. Es lo correcto si un Estado se considera verdaderamente libre y autónomo en sus decisiones y no una patética colonia tercermundista sujeta a los caprichos de burócratas mundiales, como ocurre por ejemplo con el Perú. Así que los payasos de la ONU pueden seguir votando cada año su condena a los EEUU, mientras se hacen los ciegos, sordos y mudos con las atrocidades y abusos que la mediocentenaria dictadura castrista comete con el pueblo cubano.

Hay una enorme dosis de hipocresía en exigirle a los EEUU eliminar su bloqueo a Cuba por considerarla un atropello a los DDHH, mientras no se dice una palabra contra la nefasta dictadura comunista que asfixia y empobrece a los cubanos hace 55 años. Además se calla que el bloqueo no incluye alimentos y medicinas ni remesas. Hoy Cuba recibe de los EEUU el 100% del arroz que consumen, por solo mencionar un ejemplo, y gran parte de los cubanos sobrevive dignamente gracias a las remesas que reciben de sus familiares que lograron fugar hacia la libertad. También es una gran incoherencia que la dictadura cubana y sus ayayeros mundiales de izquierda hagan gala de desprecio y provocación a los EEUU, mientras a la vez le exigen que levante el embargo para auxilio de los cubanos.

El embargo de los EEUU no es producto de un acto gratuito de matonería adoptado en un rapto de locura, tan típico de los delirantes gobernantes comunistas y socialistas del siglo XXI. El bloqueo fue la respuesta a los atropellos que el régimen castrista cometía contra los ciudadanos y empresas norteamericanas afincadas en la isla, a quienes confiscaron sus propiedades y expulsaron sin mediar trato alguno. También fue una respuesta a la actitud bélica que significó la instalación de misiles nucleares rusos en la isla, en un acto de provocación suicida que delató no solo la irresponsabilidad y vesania de Fidel Castro, sino el grado al que había llegado la prostitución del régimen frente a los soviéticos, convirtiendo en chiste la cantaleta progre de la liberación del imperialismo.

Por último, el bloqueo de los EEUU es el único acto digno de un país frente a la abyecta dictadura de los Castro, quienes se han apoderado impunemente de la isla. Ahora resulta que los payasos que glorifican y defienden una dictadura de 55 años, en donde los hermanos Castro se han heredado el poder con descaro, nos quieren dar lecciones de democracia y derechos humanos. En lugar de condenar a la dictadura comunista que ha impuesto un régimen de miseria en la isla, condenan a la democracia más solida del planeta, donde se respetan las libertades e impera la ley. El peor bloqueo que sufren los cubanos es de parte de la dictadura de los hermanos Castro y del totalitarismo del Partido Comunista Cubano que los ha dejado sin libertades ni derechos. 

No hay duda que la política no es lo que era antes, en especial desde que los saltimbanquis y demagogos se metieron a hacer política en todas partes, especialmente en ese circo patético que es hoy la ONU.