miércoles, 8 de octubre de 2014

La carta de Susana


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La carta que Susana Villarán ha remitido a Luis Castañeda felicitándolo por su elección, sin acudir a saludarlo personalmente, ha sido tal vez el único acto coherente que ha realizado esta señora desde que se tropezó con la alcaldía. Hubiera sido la cumbre mayor de la hipocresía verla abrazando o dándole la mano a la persona a quien combatió y denunció desde que se hizo cargo de la ciudad. Esto no le quita nada de cortesía democrática. Susana ha admitido el triunfo de Castañeda y lo ha felicitado ofreciéndole una reunión para tratar los asuntos de la transferencia, como corresponde. No está obligada a más. Eso basta para cumplir las formalidades democráticas. Lo demás es pose.

Con esta carta Susana Villarán realmente da una lección a todos esos poseros de la política que, como Lourdes Flores, van, se abrazan y se dan besitos en ambos cachetes con el rival, incluso después de haber sido derrotada con un sucio ardid como el chuponeo telefónico y toda la guerra sucia que le cayó encima. Y no solo eso. Lourdes Flores tampoco tuvo reparos en acudir a un antro de izquierdistas para participar de la ceremonia de tributo a Javier Diez Canseco, donde se mandó con un discurso meloso para alabar al impresentable rojete barbudo. Pero nada iguala el acto mayor de estupidez política que fue el haber apoyado intensamente a Susana Villarán en la revocatoria. 

Por esos actos de incoherencia, poserismo y estupidez el PPC está hoy al filo de la extinción. Hace rato que alguien tenía que dar una lección de coherencia en la conducta política y ha sido justamente Susana Villarán. Me parece perfecto que no haya ido a saludar personalmente a Castañeda. Por lo menos en su hora final ha mostrado algo de sensatez. Aunque haya dicho que va a inaugurar una obra al día hasta entregar el cargo o que ha construido 50 Kms de muros de contención. Si es capaz de decir estas cosas estando sana, no quiero imaginar lo que dirá fumada.

Lo importante es que al fin nos libramos de Susana Villarán y no hace falta ocuparnos más de ella. Ahora es apenas un desperdicio de la política depositada en la vera en espera de que la historia la recoja. Es hora de pasar a otra cosa.