martes, 16 de septiembre de 2014

El virus mental de la izquierda


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El estatismo es el rasgo inconfundible de la izquierda, a la par que su odio visceral por la empresa privada. Es parte de su ADN. Es decir, el estatismo no es una posición resultante de una reflexión o evaluación de una realidad concreta. No. Nada de eso. El izquierdista siempre apostará por el Estado así como el salmón nada río arriba para desovar. No hay preguntas ni dudas que hacerse al respecto. Es su misión en la vida. Su razón de ser. Por eso tenemos ahora en el Congreso una propuesta inmotivada para "fortalecer la actividad empresarial del Estado". Y de todas las empresas en todos los sectores. Además de un verdadero mamarracho de AFP estatal. En fin.

La ciencia ha descubierto que algunos animales presentan una conducta obsesiva e improductiva -y hasta contraproducente- porque están literalmente poseídos por un parásito que infecta sus cerebros, llevándolos a desarrollar ciertas conductas extrañas, como trepar o picotear. En los seres humanos se conocen ciertos tipos de esquizofrenia que desencadenan conductas complejas como salir a caminar y hasta tomar el bus sin sentido ni propósito. La teoría de los memes postula la tesis de que existen ideas parasitarias capaces de instalarse en un cerebro y dominar al sujeto. El único propósito de estas ideas-virus es infectar más cerebros y reproducirse mediante los sujetos infectados, los cuales las defienden y propagan al margen de toda realidad, incluso a costa de su propia vida. 

Estas pueden ser buenas pistas para intentar explicar la conducta de la izquierda. De otro modo resulta incomprensible que propongan ideas ya fracasadas no una sino muchas veces. Son propuestas que carecen de necesidad. Se plantean por instinto, por dogma ideológico. Los izquierdistas piden empresas estatales como las aves trinan al amanecer. Todo lo que uno lee como justificación son penosas y tontas excusas como "otros países también los tienen", conceptos anacrónicos y trillados como "son empresas estratégicas", etc. Adicionalmente nunca faltan los recursos sensibleros que apelan al nacionalismo y la soberanía. Allí se agota toda la charlatanería de izquierda.

Una de las pocas cosas buenas que tiene la actual Constitución es asignarle al Estado un rol subsidiario en la actividad empresarial. Es decir, solo actúa cuando nadie en la actividad privada está dispuesto a invertir en un servicio esencial. Este no es el caso en el presente. Con adecuados incentivos muchas empresas privadas pueden proveer los servicios que se necesitan en cualquier rubro. Y lo hacen infinitamente mejor. 

Más allá de suplir la falta de inversión privada las empresas estatales carecen de sentido desde que su misión no es ganar dinero. Si no son para ganar dinero ¿para qué sirven? Hoy no pasan de ser adornos ideológicos. Según el proyecto de ley las utilidades deben reinvertirse en el mejoramiento de sus equipos y revertir lo demás al tesoro público. Suena bien pero en la práctica nunca tienen utilidades, y si las tienen nunca las reinvierten en el mejoramiento de sus instalaciones por la sencilla razón de que a nadie le interesa, nadie es el dueño y los funcionarios son aves de paso que cobran muy, bien tomen buenas o malas decisiones, o no hagan nada, como es la constante. Además suelen estar retrasados en el pago de sus obligaciones y nadie se atreve a cobrarles porque son entidades del Estado. Como es ya típico ver, a los congresistas solo les interesa vigilar a las empresas privadas pero hacerse de la vista gorda con las empresas y organismos del Estado, por lo que los pobres usuarios, es decir, el pueblo, acaba pagando los platos rotos, pues paga por un pésimo servicio y no tiene a quién quejarse.

Las ventajas competititvas que ganamos como país en los 90 al desprendernos de la onerosa carga que significaban las 180 empresas estatales creadas por el delirio velasquista, las estamos perdiendo año tras año al incrementar la burocracia y el tamaño del Estado. Hoy tenemos un Estado tres veces más grande que en el 2000 pero mucho menos eficiente. El camino del desarrollo pasa por reducir el aparato burocrático en todo sentido, desde la cantidad de organismos y funcionarios como de regulaciones y de impuestos. Todo eso es lo que traba el desarrollo. Pero lejos de apuntar en ese camino, la izquierda marcha como un soldado poseído por un virus mental hacia el fracaso socialista.