martes, 2 de septiembre de 2014

Campañas de desprestigio democrático



Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Un país subdesarrollado no solo se reconoce por su reducido ingreso per cápita o su falta de infraestructura sino también por el tipo de noticias que abordan sus medios y, sobre todo, por la clase de discusiones que ocupan a su clase política. Y a partir de estos últimos datos, cualquiera sacaría la conclusión de que el Perú es un país en franco subdesarrollo y hasta en retraso mental. 

En plena campaña electoral lo que menos se escuchan son soluciones para enfrentar los problemas que nos agobian como ciudad o tan siquiera a uno solo, como el transporte público y las vías saturadas. Todo lo que oímos es una discusión estúpida sobre tachas absurdas por cuestiones baladís como el llenado de los formularios de la hoja de vida, como si todo eso sirviera para algo. Se trata de la perniciosa telaraña legalista que la burocracia parásita suele montar para hacer gala de su presencia y poder. Para ninguna otra cosa sirven esos inútiles formularios que obligan a llenar datos insulsos en cualquier dependencia pública. 

Se sabe perfectamente que cualquier acémila de dos patas puede postular a cualquier cargo de elección pública, incluyendo el Congreso y la presidencia de la República, como es evidente. ¿Para qué entonces se ponen tan exquisitos con la información acerca de los estudios de un candidato? Incluso la actual alcaldesa Susana Villarán es una de esas típicas joyitas de la vagancia académica, expertas en matricularse por todos lados y nunca terminar nada. Hasta nos ha salido con la más ridícula de las excusas al decir que Pinochet le impidió acabar sus estudios. Ya sabemos cómo son estos vagonetas a la hora de inventar cuentos para justificarse. En ese sentido Susana Villarán no ha cambiado un ápice desde sus días de vagancia estudiantil.

Tratar de eliminar al candidato puntero en las encuestas, Luis Castañeda Lossio, con el argumento de que no señaló correctamente dónde obtuvo su título solo cabe en la mentalidad de un país africano donde los procesos electorales son una completa farsa del dictador. Incluso se parece a la democracia comunista que elimina candidatos incómodos apelando a reglamentaciones burocráticas oscuras y enrevesadas y a un comité de monigotes sumisos. Así estamos. Y realmente sería una grave ofensa a la población que se elimine a Castañeda de una manera tan burda. 

Cualquiera que se sienta con un mínimo de ética política y moral democrática debería levantar su voz de protesta. Al menos para distinguirse de la gusanera progresista que a esta hora se frota las manos saludando la sucia maniobra que un grupito de burócratas incompetentes ha cometido en un jurado electoral del tercer mundo.