jueves, 7 de agosto de 2014

La república de los idiotas


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Habría que ser un completo idiota para no darse cuenta de que MOVADEF y Sendero Luminoso son exactamente la misma cosa y que el terrorismo nos está tomando el pelo con un nuevo perfil. Pero por desgracia vivimos en la república de los idiotas, donde hay jueces que no ven los vínculos y periodistas que celebran alborozados que "el Estado de derecho esté funcionando" al soltar a la cúpula en pleno del terrorismo del siglo XXI. 

Que Fernando Belaúnde haya llamado "abigeos" a los terroristas en sus inicios es algo que muchos le reprochan, pero ese falso mito aun podría ser aceptable porque entonces nadie se podía imaginar la bestialidad a la que serían capaces de llegar los enajenados mentales de la izquierda, obnubilados con su ideología comunista y su programa político de la guerra popular. Pero hoy, después de haber padecido el terror durante más de una década, con toda su secuela de muerte y destrucción, asumir una posición de prócer de la justicia para liberar a los cabecillas del terrorismo resulta francamente estúpido.

No es novedad que los jueces, parametrados en la letra de la ley, robotizados con la aplicación de la norma y abandonando su real función de juez, es decir, pensar y emitir un juicio razonado considerando la realidad y las circunstancia, emitan fallos ridículos, pero que distinguidos opinólogos, que haciendo uso de su libertad de pensamiento celebren la liberación de dirigentes terroristas, revela pues hasta dónde hemos descendido en la pobreza mental de nuestra "clase dirigente", si es que tal cosa existe. 

Escucho a una brillante opinóloga en la radio decir reiteradamente que a nadie se le puede meter preso por sus ideas. Esto quiere decir que no hemos aprendido nada como sociedad al cabo de 30 mil muertos ocasionados por una ideología criminal, como la que defendía la izquierda en pleno durante los años 70: la lucha armada. Esta ideología, es decir, ya no solo simples ideas sino un sistema bien estructurado de ideas que proponían una guerra popular consistente en aniquilar a los enemigos de clase, es la que se llevó a cabo en los 80 y nos costó sangre, sudor y lágrimas. Y ahora tenemos imbéciles que nos dicen que no podemos meter preso a nadie por sus ideas. ¿Qué aprendimos del dolor y la muerte? ¡Nada!

Estos acartonados intelectuales que solo tienen literatura en la mente pero nada de realidad, nos hablan de principios de un mundo civilizado sin percatarse de que no estamos en ese mundo. Sabemos quiénes son nuestros enemigos y sabemos cómo piensan. Son los mismos que ayer nos asesinaban. Y resulta que no podemos hacer nada porque estamos en un Estado de derecho. ¿Cuál Estado de derecho? ¿El que acusa a un general de homicidio por un testimonio cambiado y luego dice que las pruebas aportadas no bastan para condenar a los cabecillas de MOVADEF? ¿Es que no los han escuchado, no los han visto? ¿En qué mundo viven estos jueces?

Es francamente sorprendente cómo una sociedad prefiere la pacatería y la pose intelectual antes que la defensa de la integridad de los ciudadanos y del país. Hacen leyes especiales para penalizar a los que piropean a las mujeres pero son incapaces de señalar con precisión qué clases de ideas no deben ser admitidas en nuestro país. Un grupo político puede entonces reivindicar el pensamiento Gonzalo, proponer la lucha de clases, exigir la liberación de Abimael Guzmán, adoctrinar jóvenes con la ideología nefasta del comunismo, falsear la historia del terrorismo como lo hizo la CVR, adjundicándole el rol de luchadores sociales a los senderistas, y todo eso está muy bien para la justicia y nuestros intelectuales.

Hay un sector, no sé si minoritario pero sí importante de la sociedad, que se indigna con esta situación. Es nuestro deber de sobrevivencia expresar nuestro rechazo a esta pantomima de democracia. Las leyes no bajan del cielo escritas en piedra. Se hacen para defender a la sociedad de los peligros que la acechan. Desgraciadamente toda nuestra legislación antiterrorista fue desmantelada por los ideólogos de la izquierda caviar infiltrados en el Estado con la etiqueta de "especialistas en DDHH y cultura de paz". Si hoy la ley no nos protege de los grupos de izquierda que predican la violencia es porque el Estado ya está infiltrado de estos elementos, pero también porque tenemos una clase intelectual que navega en un mar de imbecilidad acartonada donde más les interesa su perfil personal que el interés de la nación. 

¿Qué clase de idiota hay que ser para afirmar que la liberación de cabecillas terroristas es una señal de que la democracia y el Estado de derecho están funcionando? ¡No señores! ¡Es exactamente lo contrario! Significa que nada está funcionando y que no hemos aprendido nada.