jueves, 21 de agosto de 2014

El punto de la discordia


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Entiendo la política -y la vida misma- como un esfuerzo por reconocer la realidad y actuar con pragmatismo, es decir, midiendo los efectos positivos y negativos que nuestras acciones generan. Y entiendo por positivo los beneficios directos y tangibles que se materializan. Por esto no entiendo la posición peruana frente a Chile. El presidente Ollanta Humala acaba de presentar el mapa oficial del Perú generando polémica en Chile porque se insiste en el llamado "punto Concordia" que solo existe en la imaginación, dejando de lado el hito 1 como límite real de toda nuestra frontera terrestre y marítima. 

Entiendo que la posición peruana surge de una "interpretación auténtica" de un tratado de hace más de un siglo, pero fundamentalmente, creo, de una vocación infantil por la pose patriotera y por un afán idealista de reivindicación simbólica de todo lo que se perdió en la Guerra del Pacífico. Más allá de ese gesto lírico para las tribunas, no ganamos absolutamente nada en los hechos. Entre el hito 1 y el punto Concordia queda apenas un pedacito inútil de arena sin mar, muchísimo más chico que el kilómetro cuadrado que se le concedió a Ecuador para sellar el lio y ganar la paz. ¿Vale la pena insistir en el punto Concordia y mantener las fricciones?

Los políticos peruanos están acostumbrados a actuar mediante poses electoreras y gestos simbólicos que llegan a rayar en la estupidez. Acá se hacen monumentos, plazas, museos y hasta se crean ministerios por pura pose. Pero la pose demagógica no puede guiar nuestra política exterior. El Perú está quedando como un país que genera las discordias con Chile. Hay que recordar que fueron nuestros brillantes diplomáticos los que nos encajonaron sin mar en el sur al aceptar ciegamente el paralelo como límite marítimo. Semejante estulticia fue luego tratada de arreglar con hartas dosis de leguleyada. Por suerte La Haya nos concedió la zona de "mar adentro" y alguito ganamos. Ahora empezamos nuevamente a generar discordias con Chile por asuntos de frontera. ¿Cómo quedamos ante los ojos del mundo?

Lo peor de todo es que no terminamos de construir buenas relaciones con Chile, que no solo es nuestro vecino y principal proveedor de turistas, sino que también es un importante aliado geopolítico en el contexto regional, además de un inversionista de envergadura en nuestro país. Esto no es tan solo una pose estúpida como la que adoptó Torre Tagle frente a Israel, sino que puede tener muchas consecuencias desfavorables para el Perú. Al parecer acá seguimos prefiriendo la pose patriotera y el gesto idílico antes que la buena vecindad y la paz. Se puede aceptar cierta dosis de idealismo patriotero infantil al interior, pero es inaceptable en la política exterior. Ya es hora de cerrar el tema de la frontera con Chile de una manera práctica. 

Es triste ver cómo nuestros políticos se rasgan las vestiduras por un trozo inservible de arena sin mar y dejan en el abandono instalaciones valiosas como el muelle peruano en Arica, el ferrocarril Tacna-Arica y el terreno del Chinchorro. ¿Quién entiende a estos papanatas?  Yo francamente no los comprendo.