sábado, 30 de agosto de 2014

Celebrando la infamia de la CVR


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El rojerío nacional está de fiesta porque se cumple un año más de la presentación del mamarracho de la CVR y, como ya es costumbre en esa plaga de parásitos, no hay fecha que se les pase sin celebrar. El 28 de agosto es fiesta nacional en el calendario de la izquierda. Es el "día del caviar". Los progresistas oenegientos marcharon al monumento al terruco que es conocido por la población como "El rojo que llora", y ejecutaron sus típicos rituales, aunque en estos tiempos ya no levantan el puño ni gritan "viva la lucha armada". Hoy son solo "defensores de los DDHH" que es la máscara con que actúan para defender a sus huestes caídas en la lucha armada. 

Los manuales de la izquierda ya no son instructivos para la "guerra popular del campo a la ciudad" sino para la organización social en defensa de la memoria de la lucha armada y el reclamo al Estado por sus caídos. La celebración ritualista de esta fecha es parte de su estrategia. No ganaron la lucha armada pero consiguieron manipular la historia infiltrándose en el Estado gracias a la debilidad de Valentín Paniagua. La llegada de Diego García Sayán al Ministerio de Justicia fue inmediatamente aprovechada para montar la funesta Comisión de la Verdad, sin consultar con nadie. Fue DGS quien manipuló el asunto colocando los nombres de sus integrantes sobre la mesa. Y todos eran parte de la cofradía oenegienta que el mismo DGS dirigía. Allí estaban los rojasos Enrique Bernales, Carlos Tapia, Carlos Iván Degregori, Sofía Macher, etc.

La CVR fue antes que nada un negocio redondo para las ONGs de izquierda y para el frente caviar y progresista PUCP, desde donde salieron casi todos sus cuadros. En segundo lugar fue un medio para contar la historia a su manera y desde su perspectiva. Ya la tenían hecha. Solo repitieron los libros que habían estado publicando en años previos, especialmente Carlos Iván Degregori, especialista en el tema de Sendero Luminoso, profesor de la UNSCH y amigo personal de Abimael Guzmán, como el mismo Carlos Tapia y otros colegas de militancia izquierdista y labor académica. Desde el principio la CVR se concentró en las "víctimas de la violencia" pero en aquellas provocadas por las FFAA. 

Los testimonios fueron cuidadosamente seleccionados y se le negó a los militares el uso de la palabra. Se montó el circo de la CVR para escenificar la tragedia y el dolor que ya todos conocíamos, pero se puso especial énfasis en los abusos de las FFAA. Al final el resultado fue que la CVR condenó al Estado y las FFAA colocándolos en el cuadro de violadores de DDHH, y dejando en segundo plano y hasta echándole tierra al origen del conflicto: la ideología nefasta de la izquierda y su programa de lucha armada, del cual formaron parte la mayoría de integrantes mayores de la CVR, especialmente el ex MIR Carlos Tapia, asesino confeso de policías. Sendero Luminoso fue señalado retóricamente y el MRTA casi dejado en el olvido. Todo el énfasis del informe se dirigió contra el Estado y las FFAA, tal cual fue siempre la doctrina de izquierda. De paso, el informe de la CVR se convirtió en el manual ideológico del antifujimorismo. Es un documento que, pese a su carácter oficial, no desperdicia adjetivos contra Alberto Fujimori al mismo nivel que el de cualquier otro panfleto barato de la izquierda. El antifujimorismo es la marca principal del documento de la CVR.

La historia de la CVR, no la de su informe sino la de su formación, es la historia de la infamia de la izquierda peruana. Su informe no ha tenido mayor éxito porque fue rechazado por la mayoría que conoce la verdad y reconoce a sus integrantes como militantes de la izquierda violentista y simpatizante del terrorismo. Cada año que la izquierda celebre su infamia debemos también salir a confrontarlos con la verdad. Que no nos cuenten cuentos. El informe de la CVR deberá ser arrojado al basurero cuando un gobierno con cojones asuma el poder.