jueves, 3 de julio de 2014

Todos contra Urresti


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Cuando al fin tenemos un ministro del Interior decidido a patear traseros en las calles en lugar de quedarse en su escritorio planificando reformas eternas, un ministro que no aparece perfumado en los medios cortando cintitas o bendiciendo patrulleros sino persiguiendo al hampa en sus guaridas, la caviarada oenegienta le ha saltado al cuello y lo ha puesto contra la pared. No era muy difícil de imaginar que le harían la vida imposible, desde que no es uno de esos caviares PUCP ni un abogadillo de DDHH como su antecesor y otros tantos inútiles del mismo perfil que han pasado por el gabinete sin pena ni gloria. Al igual que ocurrió con Óscar Valdés a quien los progres oenegientos le hicieron la vida imposible, a Urresti se la juraron el primer día.

Sorpresivamente, los parásitos judiciales de IDL denunciaron a voz en cuello que el ministro Urresti estaba siendo procesado por homicidio, denuncia sazonada con sus consabidas monsergas sobre los DDHH, y sin dejar de achacar el delito favorito de la caviarada: "crimen de lesa humanidad". De inmediato los tontos útiles de la prensa caviar prepararon sus artículos de condena al ministro, a quien ya habían empezado a criticar desde el primer día por combatir el crimen en las calles. Esto era miel para la jauría de opinólogos habituados a destrozar ministros. Y es que acá el opinólogo cree que ser bueno es criticar lo que sea. 

Pasado el escándalo el ministro ha comparecido ante la prensa para decir que tiene las manos limpias y que no piensa renunciar. Una penosa manga de reporteros limitados se esforzaba por gritarle preguntas estúpidas como "¿le parece poca cosa para tomarlo tan a la ligera?". A estas horas parece que el oleaje progresista se ha calmado y el ministro sigue en su puesto. EL intento de golpe ministerial fracasó. Por ahora.

Cuando uno revisa el caso por el que está siendo procesado el ministro Daniel Urresti no puede menos que sorprenderse por su naturaleza tan deleznable. El asesinato del periodista Hugo Bustíos ocurrió en 1988 y el juicio (si se le puede llamar así) en el fuero militar se cerró sin hallar culpables. La familia recurrió entonces a la Corte IDH y luego la justicia peruana retomó el caso en el fuero civil, concluyendo en el 2007 con la condena del Coronel EP Víctor Fernando La Vera Hernández y el Teniente Coronel EP Amador Armando Vidal Sambento a 17 y 15 años de cárcel. Caso cerrado. Fin del tema. 

¿Cómo es entonces que este mismo caso resucita años después para implicar al hoy ministro Daniel Urresti? Pues esa es la magia y milagros de la caviarada oenegienta. ¿De qué creen que viven estos parásitos? El asunto es tan cojonudo que da risa. Resulta que el condenado Vidal Sambento cumplió no 15 sino solo 4 años de cárcel y salió por "buena conducta". Primer asunto que habria que investigar con la misma acuciosidad que se han investigado los miles de indultos de Alan García. ¿A cambio de qué soltaron a este reo en solo 4 años de una condena de 15? Pues resulta que este señor es el que luego decide -de una manera muy misteriosa- cambiar toda su historia y contar otra, completamente diferente, implicando al hoy ministro Daniel Urresti. Y... ¡oh maravilla! ¡Se armó otro expediente al toque!

Es muy curioso comprobar cómo la Fiscalía que es tan lenta, y proclive a archivar los expedientes de las grandes mafias, es muy eficiente para acusar a militares cuando el expediente viene tramitado por IDL, la ONG progre que vive de los juicios a militares y donde trabaja más de un terruco liberado. El proceso a Daniel Urresti corre a la velocidad de una liebre. El caso es un mamarracho completo, empezando porque no hay prueba alguna y todo se ha armado sobre el testimonio modificado del ex reo curiosamente liberado, quien ha terminado culpando del asesinato del periodista Bustíos a una persona que no existe, a otro que está muerto y al general Urresti. Ni más ni menos. Los otros testigos solo afirman haber trabajado con Urresti, y hasta hay un "testigo" que ¡no ha visto nada! Todo lo que dice es "me dijeron". Así es como se pueden embarrar honras tan fácilmente en este país donde las mafias de todo tipo manejan el Poder Judicial y las fiscalías a su antojo.

De otro lado el general Urresti ha dicho q
ue él era un oficial de inteligencia y no tenía mando operativo. Eso se ha corroborado. Además su acusador es una verdadera joyita. No solo ha sido reconocido por todos como el autor material del homicidio sino que además fue acusado por Urresti de malos manejos en el Ejército, cuestión por la que fue sancionado afectando su vida institucional. En buena cuenta todo ese expediente apesta. Se ve de lejos la mano negra del progresismo oenegiento que parasita en el Poder Judicial y se alimenta de la carroña que encuentra mientras escarba en los restos de la guerra antisubversiva. 

La pregunta que debemos hacernos es ¿hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que estos buitres de la ley sigan desestabilizando el país con la cantaleta de los DDHH?