lunes, 14 de julio de 2014

Los hijos de Putin


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El presidente Ruso Vladimir Putin se dio una vueltecita por Latinoamérica para reunirse con toda su corte de nuevos socialistas del siglo XXI. Empezó con el ya antediluviano dictador comunista Fidel Castro y el heredero del trono cubano, su hermano Raúl. El periplo de Putin que se había iniciado en la isla de la fantasía de los hermanos Castro, finalizó en Brasil, luego de pasar por Nicaragua y Argentina. 

Así es como Putin inaugura una nueva era en las relaciones este-oeste. Su estrategia incluye un acto bastante simbólico y no menos penoso: la condonación de la exorbitante deuda que Cuba tenía con la URSS, la que asciende a la friolera de US$ 35 mil millones. Deuda que corresponde a los 35 años durante los cuales la Unión Soviética mantuvo a los cubanos como parásitos, y solo por su ubicación estratégica en el mapa. Por lo demás, se trata de una deuda que los rusos saben perfectamente que jamás podrán cobrar, considerando la situación de ruina en que se encuentra la isla administrada por los demenciales dictadores caribeños.

Después de la amarga experiencia con Cuba, es difícil que los rusos arriesguen nuevamente a perder tanto dinero por nada en esa miserable isla. De todos los acuerdos firmados entre ambos países solo parece real el que le permite a los rusos aprovechar los yacimientos de petroleo de la isla, posiblemente a cambio de la construcción de 4 turbinas eléctricas para paliar el grave déficit de energía que padece la isla. Los demás convenios son solo saludos a la bandera y hasta rayan en el ridículo, como el que compromete a ambos a no poner armas de destrucción masiva en el espacio. 

La siguiente etapa del tour ruso fue Nicaragua, donde un desaliñado Daniel Ortega no sabía si darle la mano o besarle los pies a Putin, no solo por ser el primer presidente ruso que visita Nicaragua sino porque Putin les regala 100 mil toneladas anuales de trigo, entre otras cosas menores, como buses. Así que la visita de una hora fue suficiente para que Daniel Ortega se sintiera honrado y más que satisfecho, feliz. Más aun cuando Putin le aseguró que las relaciones de Rusia con Nicaragua era muy estratégicas. Todo indica que el ex guerrillero sandinista no pudo dormir esa noche.

En Buenos Aires Putin fue recibido por una sonriente Cristina Fernández con toda su corte. A la cena de gala ofrecida en honor del visitante ruso estuvieron invitados José Mujica, Nicolás Maduro y Evo Morales pero solo se hizo presente el terrorista tupamaro. El cocalero boliviano y su colega, el chofer de combi de Caracas, decepcionaron con su ausencia y se perdieron el salmón ahumado y el cordero glaseado que se sirvió en la cena, aligerado con buen vino mendocino. 

A diferencia del siglo pasado, durante la Guerra Fría, cuando la URSS manipulaba a sus tontos útiles en Latinoamérica para hacer frente a los EEUU, creando focos guerrilleros y terroristas mientras los idiotas latinoamericanos creían en el cuento de la liberación de los pueblos, hoy Rusia procura solo mantener contentos a los delirantes socialistas del siglo XXI y conservarlos de su lado. Ya no alimenta con ideología barata las universidades ni envenena la mente de los jóvenes con boberías como la guerra popular. La nueva y moderna generación de idiotas latinoamericanos anda más desubicada en términos ideológicos, pero mantiene un odio instintivo a los EEUU y a todo lo que sea símbolo de poder. Es más una cuestión psicológica que los psicoanalistas deberían explicar.

Rusia ya ni siquiera promueve estupideces como el igualitarismo y el "nuevo orden económico mundial". Tanto Rusia como China han abrazado el capitalismo y solo les falta instaurar regímenes democráticos. Solo una secta de académicos retrasados y organismos internacionales manejados por burócratas tan idealistas como irresponsables, insisten en cuestiones económicas mezcladas con ideología, promoviendo temas líricos y progres como la desigualdad. Pero la manipulación ideológica y el mantenimiento de idiotas delirantes en la región ha dejado de ser la tarea primordial de los rusos. Eso es ahora asunto de ONGs.

A Putin le interesa mantener a los dementes del socialismo del siglo XXI como aliados. Le basta con pasarles la mano por el lomo para que se sientan contentos. Anda en busca de apoyos políticos para las maniobras rusas en Ucrania y su anexión de Crimea, entre otras que ya los socialistas de acá han estado apoyando. En buena cuenta Putin ha venido a agradecerles la sumisión gratuita pero sin hacer muchos compromisos. Letrinoamérica es todavía una región muy inestable en manos de estos chiflados autócratas, además de estar siguiendo la senda del fracaso socialista sin más remedio. Y Putin lo sabe. Camina despacio sacando el mayor provecho posible pero sin apostar fuerte.