lunes, 28 de julio de 2014

La era de la mediocridad


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El mensaje del presidente Ollanta Humala nos ha confirmado, por si hacía falta, que el Perú vive en la era de la mediocridad. En muchos aspectos este mensaje parecía ser una repetición de los anteriores. Hasta se han vuelto a repetir las mismas promesas. Pero lo más decepcionante es que no ha tenido una visión de país ni de metas como nación, salvo algunos anhelos bienintencionados en determinadas áreas muy concretas, en particular apuntando hacia el centenario de la independencia; es decir, más allá de esta gestión. Todas estas aspiraciones giran en torno a los programas sociales, que siguen siendo casi la única tarea en la que se agota este gobierno.

Tal parece que Ollanta Humala hubiera transitado de la "Gran Transformación" a la "Hoja de Ruta" y ahora está en un plan que se llama "Plata para todos". No otra cosa es su derroche fiscal en diversos programas sociales que fortalecen el aspecto meramente asistencialista del gobierno, pensando aparentemente en recuperar algo de simpatías y apoyo popular. Ha dicho que en su gestión un millón de peruanos han dejado de ser pobres. Pero eso se debe no a una sana incorporación de esta gente a la zona económica sino a mero asistencialismo social. Es el modelo de falso crecimiento social montado por los países socialistas.

EL asistencialismo llega al colmo de anunciar que el Estado ya empieza su labor de "protección" desde la concepción, y que cada niño al nacer ya viene con sus programas sociales bajo el brazo. No solo eso sino que el Estado garantiza una serie de coberturas sociales a todo lo largo de la vida, hasta llegar a la famosa pensión 65. El Estado de bienestar no tiene límites. Por lo menos en ofrecimientos que básicamente significan burocracias costosas con sus secuelas de corrupción, ineptitud y poca cobertura eficaz. En lugar de tantos programas sociales bastaría con que el Estado tuviera sus colegios y hospitales en buen estado, y no cayéndose como están. 

La infraestructura del Estado es un desastre pero el gobierno prefiere gastar una millonada lanzándose a la estúpida aventura de hacer una costosa refinería en Talara, en lugar de pasarle el muerto al sector privado. No se han anunciado nuevas iniciativas importantes. Se ha rellenado el discurso con lo ya conocido, como el tren macho y los proyectos mineros pendientes. Aunque se ha cuidado de no mencionar Conga, que hasta ahora sigue pendiente. Los enajenados mentales de Tierra y Libertad, comandados por el ex cura ecocomunista Marco Arana, ya empezaron la campaña contra Tía María, y lo más probable es que también logren paralizarla. 

Este mismo gobierno les dio pie a los revoltosos aprobando la ley de consulta previa y cediendo ante las exigencias ridículas e ilegales que planteaban los antimineros en Cajamarca. Apenas a los tres meses vimos cómo el nuevo gobierno de Humala empezaba a hundirse y sus gabinetes caían unos tras otros. Al final ha terminado en manos de la iluminada Ana Jara, cuya única experiencia política es haber servido de abnegada presentadora oficial y telonera de Nadine en cuanto evento organizaba para el lucimiento de la primera dama. Más allá de su servilismo palaciego no se le conoce virtud alguna. 

Así las cosas el Perú festeja otro aniversario patrio sumido en la mediocridad más espantosa de su élite gobernante y de su clase política. Estamos en manos de un partido que no existe y que encima está en crisis y en descomposición, un partido que no es más que una PYME familiar de los Humala-Heredia y una cofradía de inútiles chupamedias de la talla de Josué Gutiérrez, el gusano parlamentario que ha decorado su oficina (si se puede llamar así a la huachafería) con gigantografías de Nadine, como si fuera actriz porno. Y no digamos nada de la actual presidenta del Congreso, alguien cuyo perfil político entra en un tuit. 

En fin, lástima por los peruanos porque la verdad es que no nos merecemos esta clase de escoria en el poder. Pero ni siquiera se han planteado verdaderas reformas política para solucionar este grave problema. Lo que se ha planteado son estupideces como la alternancia de género. Es obvio que estos incapaces nunca podrán hacer una reforma política ya que carecen de visión y criterio. Apenas andan preocupados por sus propias debilidades internas como el transfuguismo, como si con una ley se pudiera cambiar eso obligando a mantener la lealtad a un partido que solo es un vientre de alquiler. 

Poco a poco el Estado sigue creciendo más y más, con nuevos ministerios y organismos como las superintendencias, aumentando las leyes y las regulaciones. Todo esto crece pero la eficiencia se ha detenido. A más Estado menos desarrollo. A más ministerios y leyes más regulaciones y menos producción. Es simple de entender. Lentamente estamos aniquilando las reformas exitosas de los 90 y volviendo al esquema anterior que nos llevó a la crisis. Esperemos que este gobierno no nos siga hundiendo más. Se necesita un cambio de timón urgente. Pero habrá que esperar para ello.