jueves, 17 de julio de 2014

Democracia, capitalismo y socialismos


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Siempre resulta inquietante, por decir lo menos, ver que los socialistas, expertos en quebrar países, pretendan darnos lecciones de economía. Claro que sus lecciones no pasan de criticar al capitalismo sin entenderlo. Todo su interés está en buscar alguna falla para magnificarla y declarar muy orondos que el modelo ha fracasado. Antes les bastaba con señalar gráficamente a los pobres como prueba de que el capitalismo ha fracasado. Pero como los pobres son mayoritarios en el socialismo, hoy los socialistas han progresado hacía un nuevo concepto aparentemente más intelectual y sofisticado: la desigualdad. Con tales gráficos e índices nos pretenden probar que el capitalismo no ha sido capaz de resolver los problemas de la humanidad y, por tanto, se debe aspirar a un cambio de modelo. 

El problema es que el otro modelo no existe. No es más que imaginación y charlatanería. Todo intento por imponer la igualdad económica por decreto lleva directamente a la pobreza. Los socialistas no tienen ni un solo modelo en el mundo que esté funcionando o que haya funcionado alguna vez de manera sostenida. Lo que tienen, en el mejor de los casos, no pasan de ser ejemplos de arbitrariedad arrogante con un bienestar artificial y temporal que acaba ineludiblemente en el desastre. 

Salvo en el papel, el socialismo no ha existido jamás, y el comunismo menos. Todo lo que ha habido hasta ahora son patéticos casos de totalitarismos de Estado a cargo de burocracias corruptas que han legalizado la explotación a cambio del asistencialismo con chantaje político. Su mayor virtud ha sido la imposición fanática de controles y prohibiciones limitando las libertades de los individuos al máximo, tanto en lo económico como en lo político, llegando incluso a acabar con la propiedad privada y la libertad de expresión. Ese es todo el modelo que tienen para mostrar los socialistas en los hechos reales. El resto es linda palabrería y dulce imaginación. Como decía Santayana: "No hay tiranía peor que la de una conciencia retrógrada o fanática que oprime a un mundo que no entiende, en nombre de otro mundo que no existe".

Y palabrería es todo lo que podemos leer en las columnas de distinguidos representantes de la izquierda criolla, críticos eternos del capitalismo y profetas obsesivos de su apocalipsis. Siempre están hablando de la crisis del capitalismo y no dejan de verlo herido de muerte. Desde Marx en la primera mitad del siglo XIX hasta los dementes del socialismo del siglo XXI, los predicadores del fin del capitalismo han abundado como gusanos sobre una ideología podrida. Mientras tanto el capitalismo ha seguido creando riquezas, tecnología y progreso, y ha estado sacando de la pobreza a la mayor parte del mundo civilizado. Para colmo, los países que en el siglo pasado pretendieron inventar el nuevo modelo socialista, terminaron abrazando el capitalismo luego de saborear el hambre y la miseria. 

Pero como la estupidez humana es infinita, nunca cesarán los críticos del capitalismo. Es bueno que hayan críticos para mejorar el modelo, pero aquellos que quieren vendernos un nuevo modelo económico social ya deberían estar en el manicomio. El problema es que los idiotas se renuevan, actualizan su discurso y siempre dan la apariencia de ser una vanguardia intelectual, con lo cual terminan seduciendo a la siempre ingenua y soñadora juventud, quienes creen que están escuchando un novedoso mensaje celestial que ofrece el paraíso de igualdad y justicia para todos. 

Lo malo de hacerse viejo es que la historia se vuelve a repetir y empiezas a ver lo mismo una y otra vez, con diferentes voces y rostros. La vida empieza a aburrir porque los idiotas solo se van turnando en el discurso y en la tarea inicua de arruinar países con la misma charlatanería estúpida. Quienes padecimos a Velasco y al Alan García de los 80 solo podemos bostezar al ver lo que ocurre hoy en Venezuela, con sus colas enormes para comprar lo básico, su desabastecimiento, su falta de libertad, su prepotencia estatal, etc. Y su payaso en el poder. Es como volver a ver una vieja película con nuevos actores. Los socialismos son solo remakes del mismo guión fracasado.

Así que cada vez que encuentro a uno de estos genios de la izquierda criolla criticando al capitalismo, anunciando su crisis y proponiendo un nuevo modelo económico, político y social, que haga realidad las justas aspiraciones de los pueblos y reduzca las grandes brechas de desigualdad, realmente siento como si otro lunático tocara mi puerta para leerme el mismo evangelio salvador. Lo único que debemos hacer es tirarles un portazo en la nariz.