domingo, 8 de junio de 2014

No más ley del cine


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Otra vez el progresismo arremete exigiendo una nueva ley del cine. Un proyecto que al parecer tiene encarpetado el Ministerio de Cultura. La República da cuenta del malestar de cierto sector que espera ávido el proyecto de marras. Seguramente saldrá tarde o temprano. Deben estar esperando el momento más oportuno para soltarlo. Mientras tanto nadie sabe en qué consiste ni se ha debatido como ocurre con tantas otras leyes. Acá todo el mundo quiere opinar sobre la ley de unión civil que solo debe interesarle a los homosexuales, pero la ley del cine que afecta a prácticamente todos no es vista ni debatida en público. Pasa de contrabando.

Lo primero que debemos preguntarnos es por qué necesitamos una ley del cine. Bueno, una pregunta como esta en un país que tiene una ley para casi todo debe sonar extraña. Acá solo falta una ley para las palomas de los parques. Y hasta creo que ya hay. Pero una ley del cine nos debe interesar a todos porque nos quitará dinero de los bolsillos. No es pues una ley retórica, lírica y declarativa como la ley del emolientero. Acá hay dinero de por medio, y mucho dinero. Y donde hay dinero hay mafias. 

Los progresistas se han ganado bien su reconocida fama de chupasangres porque se pasan la vida aprovechando los fondos público de alguna ingeniosa manera. Hoy son los reyes de las ONGs y reciben fondos internacionales para defender las flores, las abejas y cualquier causa noble de este planeta. Aspiran al parasitismo burocrático y consumen recursos del Estado de mil formas. No es pues de extrañar que apliquen esa astucia para inventar mecanismos legales que les permitan usar fondos extraídos del público para financiar sus actividades y negocios personales. No quieren ir a un banco a pedir un préstamo como todo el mundo, no quieren hipotecar una propiedad ni tomarse la molestia de buscar socios interesados en financiar sus emprendimientos. Un progresista es mucho más hábil que el promedio, apela a su mágica retórica y convence al Estado para que lo financie, ¡y gratis!

El progresista vive convencido de que es una especie indispensable para la sociedad, y por tanto se siente con el derecho a exigir un tratamiento especial del Estado. Son pues unos privilegiados, tienen su ley privada. La ley del cine es eso: una ley privada y crea un sector privilegiado. ¿Por qué? Según la retórica progresista ellos le dan a la nación algo que suena a beneficio místico: cultura. La vigente ley del cine es una pieza formidable de retórica progresista, según la cual es "un derecho inalienable del pueblo peruano" tener un cine propio. O sea, es como parte de la segunda o tercera independencia, ya no sé. Se trataría de la independencia cultural que nos permitirá ser libres del cine yanki. 

En resumen, lo que la ley del cine hace es crear un fondo mediante un impuesto a las entradas al cine y un ente burocrático que lo administra. En los hechos lo que se crea es una argolla, o para decirlo con un nombre de moda, una mafia que controla el dinero a su antojo. El único logro ha sido la ya conocida mediocridad del cine peruano a lo largo de una serie de mamarrachos fílmicos, los que para colmo son exhibidos obligatoriamente en las salas de cine pese a que nadie quiere verlos. El resultado es que todo el mundo pierde menos el progresismo que se mete el dinero al bolsillo.

Claro que el progresismo apelará a sus diversas artimañas retóricas para defender sus privilegios, empezando por afirmar que todos los países tienen leyes del cine. Cosa que nadie duda ya que progresistas hay en todos lados y son la misma especie de vividores, parásitos y chupasangres. También nos dirán que es una obligación del Estado proteger y promover la cultura, entendiendo que el cine que ellos perpetran es "arte y cultura" y no simplemente negocio del entretenimiento, al cual miran de reojo y con desprecio. El cine progresista es especialista en enfocar la pobreza, la miseria, las chozas de esteras en los arenales, y en mostrar la vida y milagros de delincuentes famosos como la Gringa, Tatán o Pichuzo, célebres atracos, fugas y homicidios como el de Banchero Rosi.

La República, el diario oficial del progresismo, dice: "pretender que el cine peruano no requiere de promoción y apoyo [del Estado] es un absurdo". Lo dice luego de reconocer el éxito taquillero de películas como "Asu mare" y otras que no han tenido que estirar la mano por apoyo del Estado. Con la misma convicción podríamos decir que pretender que el Estado (o el público, para ser más exactos) financie las películas de algunos cuantos privilegiados es un absurdo. Sostiene La República que el cine necesita variedad, no solo películas para el gran público sino otros "de expresión personal". Me parece magnífico, pero ¿por qué se lo tenemos que financiar nosotros?

¿Y por qué no montar sistemas similares para "promover y apoyar" otras actividades como el teatro, las telenovelas, el fútbol, la cocina peruana, etc? Todo eso no solo es absurdo sino estúpido. Y es que el progresismo nos ha visto la cara de cojudos. No encuentro otra explicación. Pero esto ya tiene que acabar. 

El cine es un negocio, parte del negocio del entretenimiento. Y debe ser tratado como todo negocio. No tiene nada de especial, por más que el progresismo nos jure que tiene un carácter especial como cultura. Al final todo es cultura. Pero la gente va al cine a entretenerse. Paga por divertirse. Si alguien quiere hacer una película o documental de tipo cultural, por ejemplo histórico, debería buscar apoyo y financiación en las universidades y entidades públicas culturales presentando sus proyectos, como cualquier proyecto de investigación. Para eso no se requieren leyes especiales ni montar sistemas que se prestan a crear las consabidas mafias y argollas que conducen inexorablemente a la tradicional mediocridad del cine progre, así como al extendido y afamado parasitismo de los vividores que buscan el dinero fácil y ajeno traficando con la cultura.