miércoles, 11 de junio de 2014

Los bajos fondos del nacionalismo


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Un nuevo hongo acaba de surgir en el estiercolero del Partido Nacionalista. Los dirigentes de la Federación de Mineros Artesanales del Perú (léase mineros informales, ilegales y anexos) aseguran con pruebas en la mano haber contribuido con la campaña electoral de Gana Perú, entregándole casi un millón de soles a Daniel Abugattás, quien, para variar, hoy se hace el loco.

¿Alguna novedad? Ninguna. Conocemos perfectamente el origen psiquiátrico del Partido Nacionalista Peruano y con qué clase de coliformes llenaron su pozo séptico la parejita Humala-Heredia, sucesora de esa otra funesta parejita Toledo-Karp, quienes también montaron un circo de payasos, equilibristas y trepadores para llegar al poder y luego desaparecer con los bolsillos llenos. Por desgracia, tenemos un ridículo sistema electoral que acepta cualquier banda de delincuentes como partido político, y luego obliga a votar a todo el mundo, aunque no le interese la política ni sepa nada de nada.

No nos extraña pues que los mineros hayan contribuido al financiamiento del manicomio de Gana Perú y que también hayan terminado finalmente estafados, como en su momento lo fueron las cocaleras y su clan de narcotraficantes y narcoterrucas que pasaron vergonzosamente por el Congreso de la República con la camiseta del nacionalismo. Si hasta la misma izquierda delirante del Perú en su totalidad fue timada por la parejita Humala-Heredia. Y hasta ahora se lamen las heridas.

El Partido Nacionalista es en realidad un negocio familiar de los Humala-Heredia que hoy es regentado por Nadine. De partido no tiene nada. El histérico ideario antimperialista, antineoliberal y anti TLC que colgaron inicialmente en su website oficial fue solo una mascarada para engatusar a los idiotas de izquierda. Ahora ya ha sido totalmente cambiado. Hoy dice otra cosa, casi lo contrario. ¿Cómo es que la ONPE o el JNE permite semejante tomadura de pelo? Cambiar de esa manera el "ideario" de un partido es peor que el transfuguismo. Está claro que no se trata de un partido sino de una empresa que se acomoda a las circunstancias del mercado político.

El Partido Nacionalista empezó a armarse desde las bases del etnocacerismo formado por Antauro, ese otro demente familiar que acabó con sus huesos en la cárcel luego de ser también engañado, estafado y negado por su hermano Ollanta más veces que Pedro a Cristo. Luego los Humala-Heredia se disfrazaron de socialistas del siglo XXI para embaucar nada menos que a Hugo Chávez, quien los financió hasta las elecciones del 2006. Luego montaron la farsa de las ONGs para seguir manteniéndolos. Con ello los Humala-Heredia se daban la gran vida mientras ganaban más amigos. Bueno, "amigos" es un decir.

Ya en las elecciones del 2006 la pareja diabólica Humala-Heredia no tuvo escrúpulos para aceptar todo tipo de dinero y meter gente en sus listas sin preguntar si eran ilegales, terroristas o narcotraficantes. Todo entraba a la caja y pasaban a la lista de los cuadros políticos. Así fue como llegó al Congreso esa miasma de incompetentes angurrientos que vimos en el 2006. No muy lejos están los congresistas nacionalistas de esta hornada. Al menos Abugattás no logró llevar a cabo su proyecto delirante de crear un ejército de "gestores" adonde pensaba meter a toda la escoria nacionalista que no logró salir elegida.

Estas cosas ocurren en un país donde tanto las autoridades como los medios -y la misma gente- parecen haberse puesto de acuerdo para vivir una farsa permanente. Todo el mundo sabe que solo hay 3 o 4 partidos políticos reales, aunque funcionen a media caña, pero hay como 25 inscritos. Todo el mundo sabe que el Partido Nacionalista es una empresa familiar de los Humala-Heredia, convertido hoy en un club de adulones, chupamedias y trepadores de la parejita, donde no hay ninguna idea de política. Pero a pesar de que tenemos ley de partidos políticos y entidades que fiscalizan a los partidos, ocurre lo mismo que en todos lados: nadie hace nada mientras se levantan en peso las instituciones.