jueves, 5 de junio de 2014

Esos progres estúpidos


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Martha Meier Miró Quesada ha logrado remover la bilis del progresismo con su último artículo "Tupac Mouse". Un artículo provocador en el que básicamente se burla de la alegoría progresista sobre la imagen de Túpac Amaru. Una táctica iniciada en el Perú con el general dictador Juan Velasco Alvarado y continuada por una larga lista de lunáticos de izquierda en todo el continente. Túpac Amaru fue utilizado por la izquierda para llamar a sus grupos terroristas, como sigue ocurriendo hoy en la Venezuela chavista. La mayor ofensa para el progresismo ha sido la comparación de Tupa Amaru con Mickey Mouse. Y las respuestas indignadas no han tardado en publicarse.

Esta situación nos ha ofrecido al menos un momento de relajo en medio de tanto drama de corrupción y pobreza política. Siempre es divertido leer a los progresistas indignados hablando sobre sus iconos y fundando su pensamiento en la consabida conspiración de la derecha oligárquica. Este progre por ejemplo nos habla del "proyecto de restauración oligárquica peruana" y adorna su post con imágenes lúdicas de su líder Túpac Amaru quien, según su progresista imaginación, fue alguien que "luchó contra el colonialismo español". Nada más falso. En realidad Túpac Amaru se enfrentó a los abusos concretos de un corregidor que le impedía desarrollar libremente sus negocios. 

Un aspecto muy importante del progresismo ha sido la tergiversación de la historia. Para estos intelectuales de izquierda la historia es básicamente un proyecto de construcción de conciencia, más que una simple narración de hechos reales. Por ello la historia progresista está repleta de elementos éticos y morales, nobles ideales y metas candorosas. Los personajes históricos del progresismo son semidioses que se preocupan por la patria y aspiran a la justicia y la libertad del pueblo. Toda la historia oficial es prácticamente un psicosocial del progresismo para fomentar los valores de izquierda. Desde la revolución francesa hasta la independencia del Perú, todo es una farsa bien montada. Por ello no es casual que los gobiernos de izquierda apelen a esas mismas figuras míticas e historias trucadas para promover la conciencia del pueblo. 

El general Juan Velasco Alvarado montó el mito de Túpac Amaru. El Perú entero se llenó con la imagen de este personaje que, según la prédica compulsiva, reunía las características morales, éticas, ideales y nobles con que la revolución militar quería ser identificada. El rostro de Tupac Amaru aparecía en las monedas, en la tapa de los cuadernos escolares, en los sellos oficiales, etc. El nombre de Túpac Amaru le fue dado a las avenidas, los colegios, las asociaciones, las cooperativas, etc. El salón dorado de palacio de gobierno pasó a llamarse "salón Túpac Amaru" y estaba dominado por un gigantesco cuadro estilizado del mítico personaje. Así es como trabajan las conciencias los regímenes totalitarios de izquierda. Lo hemos visto en Cuba con Martí, en Venezuela con Bolivar, en Argentina con Perón y Evita, etc.

Lo más triste de todo es que los mismos progresistas acaban creyéndose sus cuentos. Ese delirio obsesivo que los lleva a imaginar conspiraciones de la derecha oligárquica por restaurar su ideología corresponde un grado de deterioro mental propio de sectores ideologíazados, gente realmente estúpida que ha perdido la capacidad para ver y analizar la realidad sin afectaciones delirantes. Se trata del progresismo alimentado por las fábulas de la historia progresista exuberante en luchas ideológicas, proezas morales, conquistas sociales y quimeras de justicia e igualdad. Nadie les ha contado la verdadera historia ni se han tomado la molestia de buscarla y leerla en verdaderas fuentes. 

Lo cierto es que la historia de la humanidad nada tiene de candorosa y celestial. La humanidad ha transitado peleando siempre por intereses muy mezquinos, rivalidades irracionales, traiciones y ambiciones que nada tienen que ver con metas idealistas. La revolución de los EEUU solo se dio cuando el Imperio Británico les impuso restricciones al comercio de los colonos. La revolución francesa se dio porque el apoyo francés a la independencia de los colonos norteamericanos los dejó en bancarrota y luego les cayó un invierno feroz que los dejó sin pan. El apoyo francés a los colonos norteamericanos tampoco fue por nobles ideales sino por la eterna rivalidad con la corona inglesa. Todo ese cuento patético de la "libertad, igualdad y solidaridad" fue un invento del progresismo. Luego, la independencia de Latinoamérica se dio por la crisis de la corona española y los intereses de pequeños burgueses. En este caso tal vez habría que reconocer los delirios de Bolívar que, aquejado por un sentimiento de grandeza personal adquirido tras presenciar la coronación de Napoleón, pretendía coronarse como el libertador de América.

En el caso peruano jamás hubo interés por independizarse de la corona española. Nunca hubo una guerra por la independencia. Los españoles estaban tan abandonados por la metrópoli que huyeron sin oponer resistencia apenas llegó San Martín. En la batalla de Junín que duró media hora nunca se disparó un solo tiro. La suerte de la colonia estaba echada mucho antes de la batalla de Ayacucho, donde se enfrentaron parientes sin saber por qué luchaban. De modo que todo ese cuento de la lucha patriótica por la independencia y el rollo que se escucha en el himno nacional no es más que puro psicosocial. A partir de la independencia comienza un nuevo calvario para los peruanos, una seguidilla de asaltantes al poder que no tienen más metas que imponer sus caprichos y llenarse los bolsillos, sean de izquierda o de derecha. Aunque si son de izquierda será peor para todos porque nadie los sacará del poder, y con sus manías de inventar un mundo nuevo y perfecto solo acabarán destrozando lo que hay.

Nuestra labor política debe ser enfrentar los mitos del progresismo alrededor de la historia y el de sus personajes. Tenemos héroes de verdad, como Grau, pero estos jamás serán usados por el progresismo. Ellos prefieren montar el cuento de la lucha contra la opresión colonialista y la conquista de la libertad del pueblo de sus opresores imperialistas. El opresor tiene que ser un imperio colonialista. Así es como inventaron el mito de Túpac Amaru como un luchador contra el colonialismo español. Nada más falso.