martes, 17 de junio de 2014

El triunfo de las FARC


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El triunfo electoral del presidente de Colombia Juan Manuel Santos debe interpretarse como un triunfo de las FARC, desde que esta banda delictiva hizo público su apoyo al presidente y pidió a la población que votara por su reelección, tal como ha ocurrido. Además de esto, la campaña reeleccionista estuvo centrada en el díalogo del gobierno de Santos con los delincuentes de las FARC, llamado candorosamente "proceso de paz". Esta es la sutil forma en que se ha enmascarado la política de distensión que el gobierno de Santos mantiene frente a esa banda de criminales de las FARC, quienes han sentado al Estado de Colombia en una mesa en La Habana, para dialogar de igual a igual, al amparo de la tiranía castrista.

Desde luego que son malas noticias para la democracia de la región. El panorama no puede ser más turbio. Por un lado tenemos a un presidente que ha sufrido una curiosa metamorfosis, muy cercana al lavado cerebral que practicaban los comunistas soviéticos, que lo ha llevado de ser lugarteniente de Alvaro Uribe en la lucha contraterrorista, a conciliador amigo de los delincuentes de las FARC. 

Las FARC no son otra cosa que una vieja y muy bien organizada banda de criminales que practica toda clase de delitos de los más salvajes, tales como el secuestro masivo de ciudadanos que son recluidos en campos de concentración por años, hacinados en condiciones infrahumanas para mantenerlos como escudo de protección y materia de chantaje y negociación con el gobierno; coches bomba que dejan decenas de muertos, incluso en pleno "proceso de paz", homicidios selectivos, extorsión, narcotráfico, etc. No hay nada en todo el Código Penal que les falte trasgredir, no una sino muchas veces, llegando incluso a delitos de lesa humanidad como moneda corriente. Esa es la clase de inmundicia humana que son las FARC.

Desde luego, las FARC carecen del más mínimo rastro de moral y ética, ignoran lo que es el respeto a la ley y al Estado de derecho, les importa un bledo la convivencia civilizada y pacífica y el respeto por la persona y la sociedad. Hay que decirlo con toda claridad y sin eufemismos: son basura en su máxima expresión. A esa inmundicia solo queda combatirla y desaparecerla. Diversas circunstancias han impedido que el Estado colombiano enfrente con rigor esa plaga de delincuentes, entre esas circunstancias está precisamente el chantaje humano que las FARC usan como estrategia.

Las FARC son expertas en diálogos de paz. Tienen más de treinta años dialogando con varios gobiernos, y siempre han usado ese diálogo para una sola cosa: hacer retroceder a las FFAA y al Estado, y para fortalecer sus cuadros. Las FARC, como buena escoria humana que son, carecen de palabra, son expertos en traicionar la palabra empeñada y en incumplir los compromisos adquiridos. Nunca han respetado nada. Es obvio: son delincuentes. Lo curioso es que ante semejante escenario y luego de tanta experiencia previa, el gobierno de Juan Manuel Santos levante nuevamente las banderas de la paz y del diálogo. ¿Es idiota?

Algo se pudre en Colombia. El gobierno de Alvaro Uribe tuvo los cojones para enfrentar sin miedo a esa caterva de delincuentes armados ocultos en la selva pero amenazando a todo el país. Al final del gobierno de Uribe las FARC quedaron muy maltrechas y en su punto más débil de su historia. Era cuestión de darles el tiro de gracia. Sus líderes principales habían muerto y las FFAA los tenían cercados, la punto en que se dieron el lujo de rescatar con vida a la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt al cabo de 5 años de infame secuestro y reclusión. 

En el plano internacional Alvaro Uribe tampoco flaqueó a la hora de encarar verbalmente a Hugo Chávez y Rafael Correa, cómplices y financistas de los delincuentes terroristas. Hugo Chávez se empeñaba en llamar "combatientes" a los delincuentes narcoterroristas y les ofreció cabida en Venezuela. Correa hizo lo mismo en Ecuador y se vio sorprendido y humillado cuando el ejército colombiano bombardeó el campamento de Raúl Reyes en territorio ecuatoriano. Correa protestó enérgicamente por la agresión de Uribe pero nunca dijo nada por la penetración de las FARC a su país. Por su parte, los gobiernos del ALBA comandados por Hugo Chávez no reconocen a las FARC como grupo terrorista, antes bien han solicitado en todos los foros que el gobierno de Colombia les otorgue el estatus político de "grupo beligerante". Por otro lado, Álvaro Uribe tuvo que hacer frente a la tremenda campaña de desprestigio que la prensa de izquierda de todo el continente emprendió contra él, llamándolo genocida y acusándolo, como siempre, de crímenes de lesa humanidad. 

Lo sorprendente es que Juan Manuel Santos, ex ministro de defensa de Alvaro Uribe y artífice de todas las operaciones contraterroristas hoy se siente a dialogar con ellos sabiendo que están a un paso de ser vencidos. ¿Qué gana Colombia con esto? Nada. De hecho no ganará la paz. Lo firmamos. No hay manera racional de dialogar con delincuentes de esa magnitud. No tienen ética, moral ni principios. Tal como lo han venido haciendo desde hace 30 años, los delincuentes de las FARC usarán el diálogo para fortalecerse. No van a renunciar al dominio del tremendo negocio del narcotráfico. Lo que quieren es legalidad e impunidad. Y por supuesto, el progresismo regional ya está trabajando para torcer las leyes y crear nuevos modelos de justicia que interpreten a su favor la circunstancia colombiana. Para eso es que sirven esos intelectuales de izquierda.

Como decíamos al inicio, la reelección de Juan Manuel Santos ha sido una muy mala noticia para la democracia de América Latina, tan venida a menos por regímenes totalitarios de izquierda.