viernes, 30 de mayo de 2014

El hedor del velasquismo


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Solo la tozudez izquierdista puede llevar a aplaudir una aventura empresarial del Estado por la suma de US$ 3,500 millones para construir una refinería, cuando no somos un país petrolero y tenemos tantas necesidades acuciantes por resolver, como en el de la salud pública, donde hay hospitales que colapsan y se caen a pedazos. 

No tenemos petroleo y en los últimos 3 años se han ido del país varias empresas petroleras. La exploración se ha retraído gracias a inventos progres como los ministerios parásitos del Ambiente y Cultura, y leyes demagógicas como el de consulta previa. En suma, el panorama de la producción petrolera nacional es desalentador. ¿Justifica el alborozo de la izquierda por este gasto descomunal? Francamente es ridículo. Lo peor es que ya se frotan las manos pensando meter al Estado en la riesgosa y costosa aventura de la exploración. Casi, casi el panorama del velasquismo fracasado de los 70.

La faraónica obra del general Juan Velasco Alvarado, el oleoducto norperuano, solo transporta el 15% de su capacidad. Dentro de poco tendrán que usarla para traer jugo de maracuyá de la selva. Ese fue otro gran sueño de la izquierda socialista delirante, que montó el monstruo de Petroperú con edificio y todo, como si tuviésemos las reservas de Venezuela o Ecuador. ¿Por qué nadie habla ahora del oleoducto norperuano que está allí tirado en medio de la selva después de costarnos un ojo de la cara a todos los peruanos?

Es que somos campeones en grandes proyectos inútiles, empezando por el ferrocarril central, el más caro del mundo, un tren que tiene que trepar hasta los 5 msnm para vencer la cordillera de los Andes y llegar a ninguna parte. Por mucho tiempo no sirvió para nada y sigue sin servir mucho pero nos dejó endeudados. Luego vino el oleducto norperuano que significó parte de la enorme deuda que los militares dejaron, junto a la antitécnica y caprichosa compra de armamento ruso, y la gran fiesta de construcción de faraónicos edificios burocráticos inservibles como el Centro Cívico, el pentagonito, etc, etc. Incluyendo el que hoy funciona como Ministerio de Cultura, después de pasar por diversas manos y usos. Construcciones que nunca tuvieron licitaciones ni controles de ninguna clase. Claro que todo ese enorme robo a manos llenas nunca se juzgó. 

Así pues, ahora nos tiramos alegremente US$ 3,500 millones para tener una refinería sin tener petroleo ni exploración y sin saber si será rentable. ¿Por qué no lo hizo la empresa privada? Por simple capricho estatista. Con ese dineral podríamos haber construido 5 hospitales de primer nivel para ampliar la cobertura de nuestros colapsado sistema hospitalario. Tenemos hospitales que pasan del siglo como el Loayza y Dos de Mayo, otros que llegan a los 80 años y están podridos por dentro, como el Almenara. El hospital de Policía es un desastre y no hablemos de los hospitales de provincias. 

Somos tan contradictorios que estatizamos el negocio del petroleo y privatizamos la salud pública. Se gastan US$ 3,500 millones en un capricho socialista en lugar de promover la inversión privada en el sector petrolero y dedicarnos a resolver el gravísimo problema de salud pública renovando vetustos hospitales que se caen a pedazos. Y hay gente que aplaude este mamarracho velasquista.