viernes, 4 de abril de 2014

¡Santas pastruladas!


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El debate con la Iglesia no es nuevo. Empieza en 1616 cuando el Papa Pio V decreta que creer en el sistema heliocéntrico era una herejía. Desde aquellos días que parecen lejanos el debate sigue casi en la misma línea. Hoy la Iglesia nos dice que otorgar un estatus jurídico a las uniones homosexuales constituye un peligro para la familia. Es decir, el viejo truco de sembrar el miedo. Siglos atrás amenazaban a la gente con arder en el fuego eterno del infierno si caían en pecado. El otro truco es más sutil: defender una abstracción convertida en valor supremo. 

El diálogo con la Iglesia -y con cualquiera que no se base en hechos reales sino en abstracciones- resulta imposible. Es un diálogo de sordos. Cuando Galileo fue convocado al Vaticano para retractarse de sus afirmaciones sobre las montañas en la Luna, llevó su telescopio y les dijo a los curas: "Miren, miren ustedes mismos". Pero los curas prefirieron eludir las pruebas de la realidad y siguieron firmes en sus dogmas y creencias absurdas. Simplemente condenaron a Galilleo gracias al poder que tenían de imponer una verdad. Esta historia se ha venido repitiendo de diferentes formas a lo largo de los últimos siglos y aun lo vemos hoy.

El comunicado de la Conferencia Episcopal Peruana en contra de la Unión Civil de parejas del mismo sexo es un buen ejemplo del debate entre la razón y la fe, y de la realidad contra la fantasía religiosa. Basta con ver que sus argumentaciones se basan en citas bíblicas consideradas "verdades inamovibles" de su fe. Para mi es algo que rebasa los límites de la salud mental. Siempre he considerado que existe la demencia cultural cuando una comunidad adopta formas aberrantes de pensamiento adscritos a una ideología que los saca de la realidad. El problema mayor es que -como ocurre en cualquier demencia- los afectados no lo perciben. 

El punto 5 del comunicado, que es el meollo del asunto dice básicamente que "la propuesta de unión civil entre personas del mismo sexo contraria el orden natural, distorsiona la verdadera Identidad de la familia, contradice la finalidad del matrimonio, atenta contra la dignidad humana , amenaza la sana orientación de los niños y menoscaba el más sólido fundamento de nuestra sociedad, que aspira a un desarrollo humano integral". Vamos a ver qué de cierto hay en todo esto.

Hace mucho tiempo que la ciencia ha probado que no existe ningún "orden natural". Vivimos inmersos en un gigantesco caos universal repleto de accidentes cósmicos espantosos. En este mismo planeta no hay un "orden natural" por ningún lado, el clima se altera, los terremotos nos sacuden por todos lados, y ni qué se diga de las sociedades humanas en cada país. Cada generación viene con su propia historia. Hoy sabemos que la idea de un "orden" no es más que un truco del cerebro. Ni siquiera en la Iglesia Católica se puede hablar de orden. La psicología cognitiva explica cómo se genera la idea de "orden" en el cerebro. Por su parte la epistemología de la ciencia desbarató la idea de "leyes naturales".

La familia está afectada hace mucho tiempo sin que los homosexuales hayan intervenido. Diversos estudios en los últimos 20 años nos muestran cómo ha cambiado la familia en desmedro de su calidad. Podríamos decir que está en crisis. Se ha producido un aumento espantoso de madres solteras (incluso adolescentes) y la tasa de divorcios y separaciones se ha incrementado año a año, para no hablar de la violencia familiar, no solo entre cónyuges sino entre padres e hijos que, como vemos cada vez más seguido, llegan al homicidio. Frente a todos estos dramáticos cambios de la familia en las últimas décadas, nuestros curitas salen hablando de la "verdadera identidad de la familia". ¿Cuál es? Solo la que tienen en su imaginación.

¿Cómo se puede decir que reconocer legalmente una unión de hecho es atentar contra la dignidad humana? Yo considero que el peor atentado contra la dignidad humana es la dictadura de 2 mil años de la Iglesia Católica, impuesta a sangre y fuego en este país, sometiendo el pensamiento de las personas prácticamente desde que nacen con fábulas anacrónicas, creencias absurdas y tradiciones fetichistas. Cuando me hablan del "rol de la Iglesia" no sé a qué se refieren. El único rol que yo veo en cualquier Iglesia es manipular las conciencias y velar por sus propios intereses defendiendo dogmas y abstracciones, en contra incluso de la realidad y los hechos. 

¿Cómo se puede aspirar al "desarrollo integral" del ser humano y hablar de una "amenaza a la sana orientación de los niños" cuando desde que nacen envenenan sus mentes con dogmas absurdos? Es algo que estos sacerdotes deberían ponerse a meditar seriamente. Ofrecerles a los homosexuales un marco legal para que sus vidas no estén desamparadas no es una amenaza para nadie. Dejen ya de decir tonterías. Hay mucho por hacer en otros escenarios si lo que les preocupa de verdad es la familia y los niños.