martes, 22 de abril de 2014

Perú alquila médicos cubanos


Escribe Dante Bobadilla Ramírez

La llegada de médicos cubanos al Perú constituye un aporte personal de Ollanta Humala a los dictadores Fidel y Raul Castro; es la culminación de su sueño bolivariano chavista de ser receptor de esa materia de exportación humana montada por la dictadura comunista. El primer paso lo dio en enero del año pasado al convertirse en el primer presidente peruano en viajar a La Habana para besar la mano de los dictadores, sumándose así a la penosa lista de mandatarios latinoamericanos que predican democracia, pero no tienen vergüenza de ir a inclinar la cabeza ante la más vieja dictadura del planeta.

Perú se agrega así a la lista de países que colaboran con la dictadura cubana y su régimen de trata de personas, al aceptar ese curioso negociado de médicos, como si no tuviéramos suficientes. De hecho no vienen a ejercer la medicina. El cuento que han armado para justificar la trata de médicos es que vendrán a prestar "asesoría", milagrosa palabrita que los parásitos emplean siempre para esconder su ociosidad. Los asesores cubanos solo pasearán por Lima, seguramente bien escoltados para evitar las ya clásicas deserciones, mientras que el gobierno liderado por la banda de los Castro se embolsica el dinero.

La patética situación a la que ha llegado la isla regentada por los Castro es uno de los muchos resultados nefastos provocados por los caprichos personales de Fidel, en los días iniciales de la revolución, cuando se convirtió en el dios de todos los cubanos, siendo el primero de esa especie de lunáticos pervertidos a la que luego se sumaría Hugo Chávez y su megalomanía continental. Para Fidel Castro solo era importante la salud y la educación. Así que mandó a todos los cubanos a estudiar para profesores y médicos. En dos décadas en Cuba habían más médicos que moscas y ya no sabían qué hacer con ellos, hasta que empezaron a exportarlos como si fuera carne vacuna. 

Hugo Chávez encontró en los médicos cubanos la excusa perfecta para justificar los millonarios aportes que le daba a los comunistas a cambio de (otra vez) asesorías. Estas dichosas asesorías eran facturadas con cifras astronómicas para que pudieran compensar en números principalmente los cien mil barriles diarios de petroleo que Chávez enviaba de regalo como si fueran suyos. Más de 38 mil médicos cubanos invadieron Venezuela, además de militares y maestros que ayudaron a montar la estructura partidaria y social que sostiene hasta hoy al chavismo en una Venezuela que ya está destruida por el socialismo.

En las estadísticas internacionales se calculaba que mientras en un país civilizado había un doctor por cada 2,500 habitantes, en Cuba había uno por cada 150. Pese a ello la situación de la salud en Cuba es de las peores que se puede imaginar. Me refiero naturalmente a la salud del pueblo, porque en Cuba existen tres clases de sistemas de salud: la primera es para turistas, la segunda es para la burocracia del gobierno, y la última es la del pueblo, con hospitales y postas que se caen a pedazos, con baños sin agua, colchones vencidos, catres oxidados y carencia de medicinas. En las farmacias solo se encuentran yerbas. Las denuncias se han multiplicado últimamente, sustentadas con fotografías y videos, gracias a las ventajas que hoy permite la tecnología.  

Durante décadas la dictadura cubana ha ocultado la realidad no solo al mundo sino a sus propios ciudadanos que viven engañados por la propaganda comunista. Nadie ha superado jamás la estrategia de prensa y propaganda de los regímenes comunistas. Ni siquiera los nazis. También en el Perú pudimos probar esas tácticas durante el velascato, cuando la prensa confiscada y manejada por el régimen solo nos daba buenas noticias a diario. Entonces pensábamos que íbamos hacia el desarrollo, pero la verdad era exactamente al revés. Si algo ha sabido hacer el comunismo cubano, bajo la dirección de los soviéticos, es montar espejismos para engañar a los propios cubanos, además de meterles a la cabeza el patriotismo ligado a la defensa de la revolución. Si no estás a favor del régimen eres un traidor que merece ser fusilado (inicialmente lo eran), un disidente que merece la cárcel o un loco que debe ser reeducado en un hospital psiquiátrico. 

Por órdenes del dictador Fidel Castro los cubanos tenían que ser maestros o médicos. Las demás carreras no eran de interés. No hacían falta abogados, por ejemplo. ¿Para que? Los tribunales populares se encargarían de la justicia directamente. Y, desde luego, nadie puede quejarse del Estado y menos demandarlo. Docenas de carreras profesionales fueron así dejadas de lado por órdenes del nuevo dios del comunismo. El resultado es que la actual sobrepoblación de médicos en Cuba se ha convertido en un problema que la dictadura quiere solucionar alquilándolos a países amigos. Así es como cada presidente que va a la isla regresa con su cuota de médicos en la cartera. 

Mientras tanto el drama de la salud para los cubanos de a pie se agudiza. No se sabe mucho a ciencia cierta sobre lo que pasa adentro porque el régimen comunista se ha caracterizado siempre por su oscurantismo. No proporciona datos a las agencias internacionales y hasta los falsea sin decoro. Médicos cubanos que han escapado de la isla prisión de los Castro han denunciado por ejemplo la manera en que logran reducir la tasa de mortalidad de niños al nacer, apelando a los abortos masivos que luego son anotados como "regulación de la menstruación". Esta tasa les interesa particularmente porque es uno de los indicadores que se toman en cuenta para medir el índice de desarrollo humano. Es parte de la propaganda comunista.

También es público que cientos de médicos en Cuba se dedican a diversos oficios, desde taxistas a guías de turismo, además de la prostitución. El turismo sexual ha hecho implosión en la isla porque paga mejor que cualquier puesto en Cuba. Así que ya a nadie le extraña descubrir que la prostituta con que está resulta ser una médica cubana. Esto es solo parte del drama diario al que las locuras de un dictador caribeño ha llevado a todo un pueblo. Pero lejos de denunciar al sucio régimen cubano, hay países como Ecuador, Argentina, Chile, Brasil y todos los de la órbita del ALBA -a la que se ha sumado vergonzosamente el Perú- que no tienen reparos en acceder al comercio de médicos que han puesto de moda los Castro, como si ya no fuera suficiente con apañar a esa putrefacta dictadura en los foros internacionales donde los hipócritas se llenan la boca hablando de democracia y respeto a los DDHH.

Con el alquiler de médicos cubanos el gobierno de Ollanta Humala pone su pequeña cuota de apoyo a esa anacrónica y pestilente dictadura que ya superó el medio siglo. El Perú se hace así cómplice de la tiranía, pero lo más grave es que la malversación de fondos del Estado que comete Ollanta Humala para ayudar a sus amigos, es algo que lamentablemente no se puede denunciar.