miércoles, 2 de abril de 2014

Las corridas de toros a merced de la intolerancia


Escribe: Rubén Javier

El toro llega al Perú con los conquistadores a mediados del siglo XVI; entre estos ejemplares aparece el toro bravo, el cual es seleccionado para determinados acontecimientos que luego irán tomando forma hasta posicionarse como un elemento festivo propio de nuestro país. Las corridas de toros en el Perú se iniciaron en 1538 con la celebración a la derrota almagrista. Posteriormente, según Ricardo Palma, fue el 29 de marzo de 1540 que se celebra en la Plaza Mayor de Lima una corrida oficial; en esta ocasión fue el propio Francisco Pizarro uno de los iniciadores de la fiesta; otros indican a Hernando Pizarro como el principal protagonista de esta lid. Lo cierto es que desde esa fecha hasta el día de hoy, la fiesta brava se ha vuelto una costumbre y una tradición muy arraigada en nuestro país hasta convertirse en un elemento cultural. Es justamente esta tradición la que ha convertido a las corridas de toros en uno de los festejos más celebrados en las provincias del Perú. En la actualidad se llevan a cabo más de seiscientas corridas de toros al interior de nuestro país, existe un aproximado de trescientas plazas firmes dedicadas a esta fiesta, en Lima hay un gran número de plazas portátiles que se instalan en diversas épocas del año para realizar este tipo de eventos, en el Perú se lidian entre mil quinientos y dos mil toros al año, existe un aproximando de cien mil toros registrados en la ganaderías de nuestro país.

Por otro lado, las corridas de toros se dan en el marco estricto de la legalidad, amparadas en ser una manifestación cultural, por lo que se busca su protección y preservación. Según la sentencia 017- 2010 del Tribunal Constitucional se reconoce a las corridas de toros como una manifestación cultural en donde no son los hechos de “crueldad” los que se veneran en las corridas, sino en las expresiones artísticas propias de la fiesta; esta sentencia se ratifica con el artículo diecisiete de la Constitución en donde reconoce la obligación del estado en preservar todas las manifestaciones culturales de nuestro país. Por otro lado, en el año 2005, ciento ochenta países firman- entre ellos el Perú- la Convención sobre la protección de la diversidad de las expresiones culturales, siempre y cuando no se violen los derechos humanos. En las corridas de toros no se viola ningún derecho humano; por el contrario, se le revalora y se le acepta como tal.

Las manifestaciones anti taurinas vienen dándose desde hace ya varios años en Lima. Pero, ¿a qué responde esta vorágine que cada vez toma más fuerza y adeptos? En realidad la respuesta es sencilla y simple: desde hace varios años viene dándose una corriente de protección animal que ha cobrado bastante fuerza debido a las redes sociales y a la globalización. Es en este marco que los anti taurinos elaboran un discurso facilista amparado en una retórica cargada de violencia, de impacto visual y de un gran odio a quienes acuden y mantienen viva la tradición. Dentro de los mensajes que elaboran estos señores se aprecia claramente los siguientes títulos: “La muerte y la tortura no es arte ni cultura”, “Fiesta taurina, brutal y asesina”, “Enfermos mentales torturan animales”, “Corridas de toros, corridas de mafiosos”; es en medio de este lenguaje agresivo y ofensivo que estos señores piden respeto. No conformes con esto, en sus protestas se han registrado que atacan a la propiedad privada y a los asistentes. El pasado 27 octubre acuchillaron a un policía en los exteriores de la Plaza de Acho; ese mismo día provocaron un incendio dentro de las instalaciones del coso taurino, lo cual no es solo un simple atentado a una propiedad, sino a un lugar considerado Monumento Histórico de la Nación; aparte de ello, se registran constantemente que rayan vehículos, pinchan neumáticos y hasta agreden físicamente a los asistentes. Otro argumento al que recurren constantemente es que- según ellos- las corridas de toros deben prohibirse en nuestro país porque es algo traído de España y no forma parte de nuestra cultura. Esta argumentación es absurda y demuestra un nivel de ignorancia extremo; desde el momento en que una cultura adopta patrones culturales de otros pueblos, entonces esto ya vendría formar parte de su patrimonio cultural.

El discurso anti taurino es nuestro país está representado por movimientos como “Perú anti taurino”, “Frente anti taurino del Perú”, “Lima anti taurina”, entre otros. Los representantes y voceros de estos movimientos buscan la prohibición de la fiesta tomando como modelo a seguir la cierra de unas plazas en algunas ciudades y/o países como Cataluña (España), Bogotá, Honduras, etc. Estos lugares han tenido que cambiar sus normas constitucionales a fin de lograr este objetivo; sin embargo, esos cambios han respondido a intereses meramente políticos y populistas. En nuestro país pretenden hacer lo mismo bajo una política de “sensibilización” cargado de mentiras e ignorancia hacia lo que en realidad representa la fiesta taurina. El apoyo ha llegado de ciertos sectores políticos, como es de esperarse, entre ellos tenemos al ex congresista Isaac Mekler, el congresista José Urquizo, Jesús Chipana (alcalde de la provincia de Concepción en Junín), etc. Últimamente también se ha visto flamear la bandera del Colectivo Dignidad en las inmediaciones de Acho.

El derecho humano debe ser respetado en nuestro país, el derecho a asistir a las corridas de toros es totalmente válido porque responde a los derechos individuales de las personas. Entiéndase por esto que las manifestaciones culturales son un tipo de derecho humano. Por lo tanto, anular esta celebración sería un atentado contra la libertad de las personas. No solo esto, sería un atentado contra la especie del toro bravo. El asunto es sencillo: el toro subsiste porque existen las corridas de toros, por lo tanto existen gracias a los ganaderos. Si se anulan las corridas, el ganadero tendrá que eliminar al animal y de esta manera se extingue la especie. No hay forma de que el toro viva si no es con la protección y el cuidado de estas personas, no hay un habitad en el que el toro pueda vivir libremente. Sin embargo, la ignorancia y el odio distendido de los anti taurinos no les deja ver esto y solo apelan a la agresividad, al atentado de la propiedad privada y al atropello de los derechos individuales de las personas.