lunes, 7 de abril de 2014

La opción sexual del cardenal


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Según la nota periodística, el cardenal Juan Luis Cipriani sostuvo que la Iglesia Católica no desprecia a los homosexuales y que su labor es "conducirlos al camino de respetar el orden natural". Además habría dicho que "debemos decirle a la gente que tiene esa opción homosexual que no es la opción correcta". Esta apreciación del cardenal me deja claro lo lejos que estamos de comprender el tema de la homosexualidad y por qué estamos como estamos en materia de tolerancia.

En opinión del cardenal los gays son personas que han tomado la decisión de ser gays del mismo modo en que los sacerdotes han optado por el celibato. En consecuencia sería factible y prudente invocar a los homosexuales a que abandonen esa opción sexual y regresen al "orden natural". Sin duda que el celibato es una opción sexual, nada natural, por cierto, pero la homosexualidad no lo es. Aclaremos esto.

Hay en un nuestra cultura un tremendo caos conceptual en torno a la homosexualidad, derivado de diversos factores como los tabues, prejuicios y la simple ignorancia, a lo que cabe añadir el activismo de logias gays que, en su afán de igualdad, han tergiversado la verdad. El resultado es la actual incomprensión y antagonismo absurdo entre gays y no gays. Situación a la que penosamente se ha sumado la Iglesia Católica que, una vez más en su largo historial, demuestra preferir sus dogmas de fe que el conocimiento científico de la realidad. En este caso, de la realidad humana.

La actual confusión reinante empezó en los años 50, cuando la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) incluyó la homosexualidad en su catálogo de transtornos mentales (DSM), configurando así la mayor metida de pata de la psiquiatría, guiada por esa pseudociencia llamada psicoanálisis, por lo que no se puede llamar a esto "un error de la ciencia", como algunos afirman. No fue sino hasta 1973 que la APA retiró la homosexualidad del DSM, por presión de la propia ciencia. Cabe añadir que este manual psiquiátrico es tan malo que constantemente anda siendo "actualizado". El Instituto Nacional de Salud Mental de los EEUU (NIMH) decidió el año pasado desligarse totalmente de ese dichoso manual. Por mi parte siempre he recomendado a los psicólogos no emplearlo.

A partir del retiro de la homosexualidad del DSM en 1973, surgió una ola de opiniones que llevaron a la homosexualidad al terreno de la normalidad. Desde luego, la mayor parte de estas opiniones se fundaban en una mala comprensión de lo ocurrido y/o en un activismo partidista. Una cosa es que la homosexualidad no sea un transtorno mental, como es obvio, y otra muy diferente considerarlo parte de una sexualidad normal. El tránsito ha sido muy sutil, desde "no es transtorno mental" hasta "no es trastorno" para acabar en "es normal". Tal fue el papelón de la APA en torno a la homosexualidad que en lo sucesivo su tratamiento se ha desarrollado casi de manera clandestina y en voz baja. Pocos se atreven a contradecir el status quo de la opinión pública, en especial los psiquiatras.

En resumen, la mayor parte de las afirmaciones que se escuchan en medio del griterio adolecen de saber. La sexualidad no depende únicamente de los cariotipos XX y XY, como lo afirma un pastor. Hablando en rigor, la influencia de los cromosomas solo es determinante para el desarrollo de las gónadas. El resto del proceso se halla bajo el control de diversos factores, desde las hormonas hasta el ambiente. Y recordemos que para el embrión y el feto el ambiente es el cuerpo su madre. Hoy se sabe que también la estructura interna del cerebro es un determinante en la sexualidad, pues existen nucleos del comportamiento masculino, femenino y hasta homosexual. A todo eso hay que sumar los condicionantes culturales para asumir una identidad sexual y un rol sexual. No es pues nada simple. 

Para terminar solo queda advertir que la sexualidad, como cualquier otro aspecto del ser humano, es factible de sufrir trastornos en su desarrollo y en su funcionamiento en cada una de sus estructuras. Ningún aspecto del ser humano es inmune a los trastornos y disfunciones, y mucho menos algo tan complejo como la sexualidad. Pero el punto en discusión acá no es la "normalidad" ni "el orden natural". Los homosexuales son una realidad y tienen una forma de vivir que merece no solo tolerancia sino inclusión en los derechos que el Estado garantiza a la sociedad. Eso es todo lo que hay que decir.

Lo concreto es que la Iglesia Católica, a través del cardenal Cipriani y la CEP, están mostrando una gran falta de comprensión de la sexualidad humana y del problema social gay. Su intolerancia será, sin duda alguna, otro motivo de vergüenza para la Iglesia en el futuro.