martes, 8 de abril de 2014

Al rescate del Estado laico


Por: Antonio Buzati

Los últimos acontecimientos como “La marcha por la vida” y la intromisión de la Iglesia en el tema del proyecto sobre la Unión Civil de homosexuales nos lleva a preguntarnos ¿Tanto poder cree tener la Iglesia católica en el Perú? Porque vemos que no solo opina como lo haría cualquier institución o persona en derecho bajo su libertad de expresión sino que emplea métodos de coacción como tildar de “herejes”, “proabortos” ,”progays” y hasta de anarquistas a los que se desvían de esa moral tradicional defendida por la Iglesia.

Este fenómeno se vive con especial énfasis en Latinoamérica y específicamente en el Perú, donde por años se mantuvo como “religión oficial del Estado” al catolicismo otorgando prerrogativas a esta confesión religiosa marginando a otras creencias y minorías, además de permitir una injerencia en las políticas de Estado, la obligación de llevar el curso de religión en los colegios y a participar en ritos religiosos como parte de la vida civil. En 1923 Haya de la Torre saltó a la fama al encabezar una protesta contra el intento de Leguía de consagrar al Perú al Sagrado Corazón de Jesús para lograr el favor de la Iglesia en su afán reeleccionista, y es que los regímenes que más han menoscabado la libertad han sido los teocráticos, los totalitarismos de Estado y religiones como la cristiana y musulmana. Un Estado no está para ser vocero de una confesión religiosa por más mayoría que tenga sino para brindar espacios de pluralidad y garantizar que los servicios básicos como la educación, seguridad y salud lleguen a todos los ciudadanos. Algunos se llaman “liberales” para defender el libre mercado pero… ¿cómo pueden ovacionar cuando un gobierno ejecuta políticas públicas no basado en la realidad y necesidades de las personas sino en dogmas religiosos, acatando los dictados de una Iglesia (que es también un Estado)? Esta posición crítica no significa destruir iglesias ni fusilar curas sino respetar la libertad de las personas.

La iglesia tiene una postura basada en una moral que rechaza el aborto en todas sus formas, considera que el homosexualismo es pecado contra Dios y que no se debe usar métodos anticonceptivos excepto el ritmo. Si ellos quieren vivir así y son felices bien; pero la realidad nos muestra otra cosa: existen mujeres violadas que prefieren abortar, mujeres que mueren por abortos clandestinos, homosexuales que son ciudadanos como cualquier otro y que por ende deben tener los mismos derechos. Abogar por estas libertades no significa ser incendiario ni progay ya que la religión como la sexualidad pertenece al dominio de lo privado y ninguna institución estatal debería invadir este campo.

Por último, recordemos que el liberalismo defiende al individuo frente al Estado que quiera maniatarlo y volverlo un engranaje. Y la Iglesia es un Estado. Más bien las sociedades liberales han mostrado un crecimiento económico sostenido gracias a un libre mercado, pero también al respeto de las libertades civiles y políticas, y la separación del Estado de la Iglesia. Esto no se ha logrado por un milagro sino que ha sido fruto del esfuerzo de muchos años. Reflexionemos siempre en esto antes de declararnos liberales.