domingo, 23 de marzo de 2014

La santa marcha


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

No me gustan las marchas a menos que se trate de protestar contra un gobierno que ha dejado de ser democrático limitando las libertades, copando todo el poder, eternizándose en el gobierno mediante triquiñuelas, tomado por la corrupción, imponiendo con autoritarismo y prepotencia un modelo político totalitario y además generando miseria a la sociedad. Bajo esas condiciones creo que toda persona está obligada a marchar para defender su vida, su país y su futuro. Pero marchar buscando imponer una posición dogmática al resto de la sociedad carece de sentido y es repudiable.

La "marcha por la vida" que hemos visto ayer ha sido una fiesta de adolescentes convocada por la Iglesia Católica mediante su amplia organización de colegios y parroquias. La gran mayoría de estos jóvenes solo ha aprendido a repetir los eslógans y consignas que les imparten los organizadores de la marcha, además de sus vistosos polos de ocasión. Allí estaban mezclados entre  jóvenes y niños las monjas y los curas, además de la plana docente de los colegios católicos y la cucufatería de las parroquias. En buena cuenta, como lo ha dicho un analista, ha sido finalmente una demostración de poder por parte del cardenal Cipriani.

¿En qué se diferencia esta "marcha por la vida" de la "marcha por el agua"? Casi en nada. Ambos son convocados por sectores dogmáticos que buscan imponerle a toda la sociedad su particular visión de las cosas. Y ambos lo hacen escudados en falsos mensajes. Unos son simples antiabortistas y otros son antimineros. Esa es su esencia. Pero ambos se presentan con la máscara de la lucha por la vida. Lo que buscan es prohibir algo a todos para complacer su ideología.

Precisemos que los católicos no solo son antiabortistas sino que se oponen incluso a toda clase de método anticonceptivo, llegando al extremo ridículo de proscribir el uso del condón, medida sanitaria elemental en estos tiempos. Así que desde allí ya podemos obtener un perfil del dogmatismo de su posición. Los argumentos que emplean están contaminados de falacias llegando a manipular a las personas con toda clase de eufemismos absurdos, como llamar al embrión bebe, niño, ser humano, inocente, víctima, etc. Afirman que desde el instante mismo de la concepción ya hay una vida humana revestida con todos los derechos humanos que la ley concede. Yo creo que eso es una exageración pero es lo que más fácilmente convence a todos.

Más allá de las discuciones científicas y filosóficas en las que suelen enredarse muchas personas alrededor del concebido, la vida humana es en realidad un continuum. No es un simple organismo en ninguna de sus etapas intra o extra uterinas. Es mucho más que eso. No se puede pensar en vida humana sin incorporar condiciones existenciales. Después del útero se necesita un hogar, una familia, una comunidad, un ambiente donde prosperar hasta llegar a ser plenamente humano, incorporado a una cultura a la que se puede aportar. Todo eso es vida humana. Recién entonces podemos juzgar a un ser humano en concreto y decidir, por ejemplo, si es digno de estar libre en la sociedad y hasta de vivir entre nosotros.

Pero volviendo al concebido, lo único cierto es que en esa etapa solo cuenta con la decisión de la mujer. Ella y solo ella, en la soledad de su existencia, ante las razones de su embarazo, frente a su realidad y destino concreto, es capaz de decidir si puede ser madre y traer un hijo más al mundo. El resto es filosofía barata. Nadie está "a favor del aborto". Hay que repetirlo mil veces. El aborto es un acto extremo e infeliz. Pero nadie puede sentirse apto para juzgar la decisión de una mujer sola y desesperada, porque nadie, ni uno solo de los marchantes por la vida estará luego para ayudarla en su existencia. La vida humana no es un paraíso de felicidad, como lo pintan los marchantes católicos bien nutridos y contentos que marcharon ayer. Y por cierto, no vi ninguna mujer pobre, de las que viven en esteras rodeada de 8 hijos malnutridos. 

En toda discusión se incorporan valores. Pero es ridículo cuando la discusión gira solo alrededor de valores y no toma en cuenta los hechos concretos de la realidad. Tenemos hechos reales como los mil abortos diarios o los 400,000 abortos anuales que se dan en el Perú, más las 67 mil mujeres que llegan a los hospitales con complicaciones post abortivas por las que muchas mueren. Esa es una realidad que los católicos no quieren ver ni atender. Están ciegos con sus valores y dogmas. No ofrecen ninguna solución a estos problemas y creen que basta con dar una ley prohibicionista que penaliza y condena a la mujer. A lo largo de la historia las leyes prohibicionistas no han servido para nada y sus resultados han sido más bien contraproducentes. Revisen la historia.

Por otra parte, la derecha peruana acaba dividida por esta cuestión, pues una buena parte es mentalmente sumisa a la Iglesia Católica y acatan sus dogmas de fe, antes que cualquier principio liberal como la libertad y el respeto a la persona concreta, por encima de cualquier otra consideración, incluyendo cosas metafísicas como "el no nacido". El dogmatismo de fe y la sumisión a los dictados de la Iglesia hace que muchos acaben actuando como militantes de un partido totalitario. La misma Iglesia Católica termina pareciéndose a un partido político ansioso por tomar el poder y dar leyes que impongan su doctrina a toda la sociedad.

Sin duda que la derecha está dividida. Hay una parte -en la que me incluyo- que simplemente no concibe que el liberalismo acabe como rabona de la Iglesia Católica y asuma sus dogmas de fe como principios políticos. El liberalismo ha luchado siempre por la separación de la Iglesia y el Estado, y ese ha sido uno de sus principios elementales. Respetamos la fe y las creencias de las personas como parte de la defensa de la libertad. Por ello mismo defendemos que cada persona sea libre de asumir sus decisiones en función a sus propios valores. La mujer no puede ser vista como una máquina de parir sin condiciones ni derechos, ni amenazada por tomar sus propias decisiones. No usamos la  ciencia para justificar creencias de fe ni valores morales sino para ayudar a las personas y para mejorar las condiciones de existencia de la humanidad.