viernes, 28 de febrero de 2014

El show debe continuar


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

¿Qué grado de ingenuidad y ceguera hacía falta en el 2011 para creer que Ollanta Humala podría dirigir algo llamado "La Gran Transformación"? Es realmente ridículo. Ollanta es un sujeto apocado, sin carácter, con muy grandes y visibles limitaciones mentales y una pobre formación académica. No tiene pues ni de lejos el perfil de un líder capaz de emprender grandes transformaciones ni en su casa. Sin embargo la publicidad lo vendió como la panacea. 

La izquierda creyó haber hallado al tonto útil que los llevaría al poder, pues Ollanta reflejaba suficiente estupidez como para convertirse en el Chávez peruano, o al menos en el Evo. Mientras que una derecha capaz de pactar con el diablo si le sirve a sus intereses, lo apoyó subiéndose al coche con el cuento de la "gobornobilidad". También hubo angelicales personajes que le dieron su apoyo con la ridícula escusa de estar luchando contra la corrupción. El caso es que Ollanta fue una decepción para todos. Hoy solo Toledo mantiene su apoyo a cambio de blindaje político.

La realidad es que el fantoche no gobierna sino su esposa. Nadine Heredia ha mostrado los dientes y ya no teme entrometerse en los asuntos del gobierno. Mientras Ollanta andaba de viaje por el Medio Oriente Nadine tomó las riendas del poder y le enmendó la plana al Primer Ministro. Aseguró con total desparpajo que el tema del sueldo mínimo no está en la agenda del gobierno. Así lo dijo. ¿Y quién coño es ella para hablar sobre la agenda del gobierno? ¿Quién es ella para contradecir al Presidente del Concejo de Ministros? ¡Nadie! Nadine no es absolutamente nadie ni nada. 

Pero esa nada que es Nadine está por encima de ese cosito que es Ollanta, su marido. De hecho esto es una situación irregular, inconstitucional y aberrante. Nos gobierna la esposa del presidente. No es una exageración. El ministro Castilla lo admitió al decir que ella es parte del equipo de gobierno y que coordina permanentemente con el Concejo de Ministros. En buena cuenta es la presidenta de facto. El comportamiento servil de muchos ministros así lo corrobora. 

Estamos pues en un país de ficción. García Márquez ya puede añadir un capítulo más a su descabellada historia del poder en Latinoamérica. No sé si ya hemos superado a la cleptocracia conyugal que se apoderó de Argentina pero estamos en el ranking. Así las cosas no nos queda más que hacernos los cojudos y dejar que el show continue.