lunes, 27 de enero de 2014

El capitalismo se vuelve socialista


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Durante las Olimpiadas o quizá en algún Mundial de fútbol alguien alguna vez comentó preocupado ¿cómo hacer para que los países que nunca ganan las medallas de oro en los deportes ni la copa FIFA la ganen? Yo nunca he oído semejante preocupación ni anhelo. Por eso me llama la atención que en el Foro Económico Mundial de Davos, adonde concurren los principales empresarios del mundo y algunos más, se acabe discutiendo qué hacer para que los que no alcanzan la riqueza la alcancen. ¿Tiene esto sentido?

La diferencia radica en que los deportes usualmente muestran una competencia directa entre personas y es más evidente para todos que quienes ganan son los más capacitados. Nadie reclama porque han visto que todos han competido con las mismas reglas y el arbitraje ha sido neutral. En las sociedades esta competencia es igual pero usualmente nadie se la imagina. Todo lo que hace la gente es oír el discurso de la "injusticia social" que predica insistentemente que las reglas favorecen a unos pocos porque tienen mucho, lo cual es falso. Esto sería como decir que las reglas de las Olimpiadas están mal porque solo uno gana y tres suben al podio.

El éxito en cualquier escenario es siempre el resultado de una competencia. Los políticos deben preocuparse de que las condiciones y las reglas sean claras y estables, de que la gente no tenga obstáculos para surgir, que exista la suficiente libertad para el emprendimiento de cualquier persona, que haya seguridad jurídica y física y que se garantice la propiedad que las personas consiguen con su esfuerzo, trabajo y talento. Si esto es garantizado, el trabajo político está hecho. El resto depende de las personas.

Por desgracia la cantaleta progresista que cuestiona "el modelo" o "el sistema" donde unos pocos tienen mucho confunde a los tontos. Ese burdo afán socialista que muchos llevan dentro -incluyendo al Papa-  los hace anhelar el igualitarismo social y han sido convencidos de que la "desigualdad" es un problema que debemos combatir. Por desgracia no hay manera de combatir la desigualdad más que pervirtiendo el modelo de éxito, destruyendo el escenario virtuoso que hace que todos emerjan y mejoren sus condiciones, aunque al final sea cierto que unos pocos tengan mucho. 

El progresismo nos lleva mucha ventaja. Su prédica bienintencionada gana mentes con más rapidez con la que podemos demostrar que su modelo de ayuda social igualitarista solo conduce al fracaso y la miseria. Y lo peor de todo es que hasta los más ricos han empezado a caer en el socialismo, como lo acabamos de oír en Davos. La lucha del liberalismo ya no solo será contra la izquierda sino incluso contra la derecha.