martes, 1 de octubre de 2013

El aporte de Susana Villarán al caos y la inseguridad ciudadana


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La modalidad de asalto y robo utilizando un taxi como camuflaje se ha extendido peligrosamente en la ciudad de Lima. En los últimos días han sido víctimas de atraco en taxis mujeres, estudiantes y turistas. En realidad no es de extrañar que esto suceda en Lima debido al caos espantoso que existe en el servicio de taxis de la ciudad a menos de un año de la famosa reinscripción de taxis, llevada a cabo por la Municipalidad Metropolitana de Lima, asegurando que luego todo sería una maravilla. Una vez más se demuestra que esa clase de medidas burocráticas basadas en la tramitología no sirven absolutamente para nada, excepto para engañar a la gente con psicosociales y show, aparentando hacerse cargo del problema cuando en realidad solo exhiben su incompetencia y orfandad de ideas, además de seguir estafando a los sufridos taxistas. 

La MML no ha hecho absolutamente nada por mejorar los graves problemas de la ciudad en cuanto a la congestión de tránsito y la seguridad ciudadana ligada a ella. Los atropellos y accidentes son protagonizados principalmente por vehículos de transporte público que cuentan con autorización municipal. La situación ha empeorado desde que la MML decidió atorgar licencias de taxi a cualquiera, sin tener un plan ni un criterio elemental. En toda ciudad decente el servicio de taxi es proporcionado solo por empresas de taxi que cumplen unos requisitos mínimos de formalidad y seguridad, que cuentan con flotas apropiadas, distintivos, sistemas de comunicación, choferes adiestrados que conocen la ciudad, que manejan correctamente identificados y uniformados y que dan factura si se les pide. Pero Lima es una ciudad a la deriva de un nivel africano donde cualquiera coge un auto y sale a taxear sin conocer la ciudad, sin tener cambio, con la unidad sucia y destartalada, con una facha de espanto y aceptando la carrera solo cuando le conviene. Y todo eso con licencia de la MML, ya que para ello no necesita más que pagar en caja y presentar una serie de papeles inicuos. Hasta los raqueteros circulan en taxis autorizados por la MML.

La impresión que da Lima es de una ciudad en abandono, sin autoridad alguna, donde todo el mundo hace lo que le da la gana, principalmente en el tránsito. Y lo más patético es que la autoridad solo se hace presente mediante fotopapeletas costosísimas impuestas en medio de una ciudad caótica. Así resulta que Lima tiene una gestión digna de Afganistán, una señalización africana pero una escala de multas propia de Suiza. ¿Quién es el responsable de que Lima esté invadida por casi medio millón de taxis que paran donde les da la gana, además de 250 mil combis destartaladas que corretean impunemente por toda la ciudad? 

La situación de caos y abandono de Lima ha provocado, además del aumento de la delincuencia y de los accidentes de tránsito, que los jóvenes desistan de estudiar para preferir el cachueleo en la combi o el taxi, siendo en muchos casos un negocio familiar. Pero además ha surgido una ola de inmigración desde provincias ya que se ha corrido la voz por todo el país de que Lima es tierra de nadie y, al igual que los mineros informales que llegan a arrasar con una zona, miles de provincianos han arribado a la capital para sumarse a la ola de depredación de la ciudad. Y todo esto a vista y paciencia de la incompetencia de la actual administración municipal que lidera Susana Villarán, junto a sus joyas administrativas vinculadas al caos del transporte como María Jara.

Si a todo lo descrito le sumamos la paralización de las obras de infraestructura vial en la ciudad, donde los nudos de tránsito empeoran cada día por falta de pasos a desnivel y vías rápidas, además del mal estado en que se encuentra la carpeta asfáltica de las principales vías, la pésima o nula señalización, lo que tenemos es el panorama apocalíptico que los sufridos habitantes de Lima debemos afrontar por la inmensa estupidez de haber elegido a esta señora y, peor aun, haberla ratificado.