miércoles, 23 de octubre de 2013

Alejandro Toledo: la imagen del sinvergüenza


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Alejandro Toledo representa mejor que nadie la imagen del típico trepador pendenciero que luego de apelar a todos los recursos, incluyendo los ilegales, llega a la política para aprovecharse de ella y lucrar hasta donde le alcancen las uñas. Con él se da inicio en el Perú a la era de los partidos chicha y candidatos chicha, la época de los partidos cascarón y vientres de alquiler que se prestan a todos los enjuagues y negociados sucios para presentar al candidato que mejor pague, como ocurrió con Ollanta Humala cuando apareció de candidato en el 2006. ¿Alguien recuerda por qué partido postuló?

Perú Posible fue la primera emanación bacterial de la política marginal en el Perú, la primera combi electorera llena hasta el fondo de saltimbanquis improvisados que supieron aprovechar la coyuntura de crisis política que atravesaba el país, crisis desatada por el papel de los diarios chicha que se ocuparon de destruir a los políticos más respetables, como Alberto Andrade y Luis Castañeda, dejando sospechosamente de lado a Alejandro Toledo. Así fue como este pudo llegar a la segunda vuelta en las elecciones del 2000.

A pesar de que las elecciones del 2000 fueron rigurosamente escrutadas por la OEA y la ONG Transparencia, Alejandro Toledo cuestionó los resultados y alegó fraude, negándose a ir a una segunda vuelta. Anunció muy machito que se retiraba de las elecciones y hasta hizo campaña para que la gente votara en blanco o viciado. El resultado fue que el idiota no solo perdió las elecciones sino que obtuvo menos votos que en la primera vuelta y menos aun que los votos viciados. 

Luego se sabría que Vladimiro Montesinos le había ofrecido a Alejandro Toledo nada menos que 50 millones de dólares para que se retire de la contienda. Algo que Toledo hizo, en efecto. Luego se largó del Perú a vivir como rey a los EEUU, donde fijó su residencia desde entonces. Solo regresó apresuradamente cuando se desató la crisis de los vladivideos. Fue cuando Toledo se colocó su vincha para ponerse al frente de los desmanes. De paso aprovechó para gestionar un "aporte" de George Soros de un millón de dólares para organizar la "marcha de los cuatro suyos", aunque solo gastó el 10% de ese aporte. 

La primera vez que el Perú quedó ante la trágica disyuntiva del cáncer o el sida fue cuando Alejandro Toledo pasó a la segunda vuelta con Alan García en el 2001. La gente prefirió al borrachín antes que volver a manos del autor del apocalipsis peruano de los 80. Y fue así como Alejandro Toledo acarició su ansiado sueño de ser presidente. Lo había logrado, pero no por sus méritos sino por la desgracia en que había caído la política peruana. Eran los efectos de una decadencia moral que nos conduciría luego a la mediocridad general de la política y a un paulatino descrédito del Congreso y los partidos. 

Siete años después de la gestión de Alejandro Toledo empezamos a enterarnos de las prebendas y gollerías que este sujeto se ha asegurado con el mayor descaro, gracias a la complicidad de esa costra de franeleros, escuderos y felpudinis que tiene como seguidores y congresistas y que también le deben su existencia política. Por ahora sabemos que dispone de dos oficinas y toda una corte de "asesores" pagados por el pueblo peruano, así como un auto nuevo y 300 galones mensuales de gasolina, aparte de su pensión de expresidente, claro está. De hecho Alejandro Toledo se aseguró de vivir como rey para siempre y sobre las espaldas del pueblo. En este sentido ha resultado ser peor que una ladilla entre las nalgas. Un sinvergüenza en toda la línea.

Y lo peor de todo es ver a sus felpudinis, como el Ing. Juan Sheput, tratando de defender la conchudez de Alejandro Toledo con el relamido cuento de que "es su derecho como ex presidente". Si hay algo peor que ser un sinvergüenza vividor del erario público y parásito del pueblo, es ser un franelero y escudero de esta clase de inmundicia humana.