sábado, 7 de septiembre de 2013

La izquierda se victimiza


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

A punto de cumplirse 40 años del golpe que derrocó a Salvador Allende cambiando la historia de Chile y Latinoamérica, vuelven a repetirse los encendidos artículos del progresismo regional llenos de condena a Augusto Pinochet y, como no, a la CIA y los EEUU. El tenor exclusivo de los artículos que ya han empezado a inundar los medios es el mismo: el quiebre de una larga tradición democrática en Chile, el inicio de la represión brutal con sus consecuencias ya conocidas de muertes y desapariciones, además de los muchos exiliados que salieron a refugiarse en países como Alemania del Este. Un infaltable ingrediente de esta narrativa es la participación de la CIA en el golpe de Pinochet señalada como el motivo principal. Todo lo que hace el progresismo es repetir su discurso de siempre: el imperialismo yanqui es la causa de todos los males y ellos, los de izquierda, son los buenos de la película.

Lo que el progresismo no quiere reconocer es el papel del comunismo internacional, comandado desde la URSS para convertir a Chile en la nueva plataforma continental de la agitación revolucionaria de izquierda, dando así el salto desde el Caribe hasta el extremo sur del continente. Una de las primeras cosas que hizo Allende, una vez encaramado en el poder gracias a un precario acuerdo del Congreso, fue correr a abrazarse con Leonid Brezhnev, secretario general del partido comunista de la URSS, y con Fidel Castro, monigote del imperialismo soviético, quien ya había convertido a Cuba en anexo de la URSS permitiendo no solo que los soviéticos instalen bases militares en la isla sino incluso misiles nucleares apuntando hacia EEUU. A ese nivel llegaba la dependencia y entrega de Castro a los soviéticos, además de su irresponsabilidad y desinterés por la suerte de los cubanos, al exponerlos a un seguro exterminio nuclear en una posible guerra entre las superpotencias, escenario en donde Cuba solo hacía el triste papel de lanzadera de misiles.

Pero no menos enfermiza era la mentalidad de Salvador Allende, comunista al fin. En una patética competencia con Fidel Castro, Allende también puso Chile al servicio y disposición de la URSS en el escenario bélico que planteaba en sus planes de dominación mundial y en la expansión del comunismo. Cuba ya era un apéndice de la URSS y había sido convertida en campo de entrenamiento de guerrilleros, listos para salir a participar en diversos países donde la penetración comunista se daba a través de varios partidos de izquierda financiados por la URSS y sus satélites. Los líderes de estos partidos viajaban a la URSS y Cuba a recibir adoctrinamiento y lineamientos de política mundial. 

En buena cuenta, los comunistas latinoamericanos hacían el papel de peones de los rusos en una lucha mundial que estos sostenían contra EEUU. Incluso Fidel Castro llegó al extremo de enviar tropas cubanas a luchar en las guerrillas de Angola. Más de medio millón de cubanos fueron enviados a luchar a otro continente durante 16 años, donde murieron al rededor de 25 mil cubanos para sostener el comunismo. Y todo eso financiado, desde luego, por la URSS. Ese era pues el nivel de sumisión y dependencia mental que la izquierda latinoamericana padecía ante la URSS, paralelamente a su odio fanático y mortal contra los EEUU y el "imperialismo yanki". Otro grupo del mismo grado de enajenación mental se arrodilló ante el comunismo Chino liderado por Mao Tse Tung, a quien veneraban cual dios. De ellos surgió Sendero Luminoso. 

Así que todo ese discursillo progre de la lucha por liberar a los pueblos oprimidos no pasa de ser una patética historieta infantil. El comunismo fue una verdadera enfermedad mental que ocasionó mucha muerte y miseria en el siglo pasado. Todo ese martirologio que el progresismo nos narra en estos días de conmemoración del golpe de Augusto Pinochet contra Salvador Allende, es una telenovela mal maquillada por la izquierda para venderla como tragedia de la democracia, una democracia que jamás les interesó y a la cual despreciaban. La meta de la izquierda era implantar una "dictadura del proletariado" a cargo de un partido único de los trabajadores, siguiendo el mismo modelo de todos los comunismos del mundo en esa época, y de la cual solo sobrevive Cuba como triste ejemplo. El golpe contra Salvador Allende no fue contra la democracia ni contra la Constitución, pues estas ya habían sido melladas, pisoteadas y ultrajadas por el comunismo chileno. Salvador Allende no tuvo límites en sus afanes reformistas y pasó por encima de la Constitución abandonando las formas mínimas de una democracia. La situación caótica a la que llevó a Chile es la misma que provocaron todos los comunismos y que hoy aun podemos apreciar en Cuba e incluso en Venezuela, que es una delirante muestra actualizada del neocomunismo o "socialismo del siglo XXI".

Quejarse por la intervención de la CIA y callarse en todos los idiomas la amplia y descarada intervención de la KGB y el Partido Comunista Soviético en Chile y Latinoamérica, es una nueva muestra de la típica miopía, hipocresía y doble moral progresista. La izquierda latinoamericana nunca ha asumido una sola culpa en las tragedias que vivieron muchos países de la región, asolados por guerrillas y terrorismo de izquierda. Y por supuesto, jamás pidieron perdón. Todo lo que siguen haciendo es victimizarse, asumir el ridículo papel de "luchadores sociales" perseguidos por malvadas tiranías. Esa es la mascarada que emplea la progresía para seguir ocultando su responsabilidad en el baño de sangre que vivió Latinoamérica. Chile (al igual que Argentina, Nicaragua y Cuba) fue un exportador de guerrilleros comunistas que sembraron el terror y la muerte en varias naciones. Algunos de ellos arribaron al Perú para sumarse al terrorismo del MRTA. (Ver nota aquí)

El aniversario del golpe de Augusto Pinochet debería servir para abrir el libro de la historia por completo y no seguir ocultando las verdades incómodas de la izquierda, si es que su nefasto pasado les incomoda. Lo que no vamos a acepar es que sigan victimizándose y pretendan hoy engañar a las presentes generaciones. El comunismo en el siglo pasado le costó a la humanidad más de cien millones de muertos, y en este siglo no permitiremos que vuelva a ocurrir.