martes, 10 de septiembre de 2013

Por un liberalismo pragmático


Por: Elvis Occ/Nueva Derecha Popular

Hoy, los partidos, frentes o alianzas partidarias como masa de políticos organizados, han perdido credibilidad a ojos del ciudadano y del votante más o menos interesado en la honestidad. La Derecha trata de izquierdizarse o ubicarse en el centro, mientras la izquierda disfraza su comunismo con frases tales como: Licencia Social, Sociedad Civil, Protesta Social, Inclusión Social, Justicia Social, Responsabilidad Social, Lucha Social etc. etc. etc. Lobos rojos pasando por intelectuales de una supuesta moral digna de toga y birrete. Cada vez que se llevan a cabo elecciones o revoluciones, algunos líderes se ubican en los extremos y una vez triunfantes, toman su sitio donde mejor se acomode a sus intereses personales.
Causan el caos y desorden para luego ofrecerse como solución al problema que ellos mismos generan. Algunos –los rosaditos- juran ser partidarios de Maynar Keynes y su heterodoxia económica, esa que propugna una mayor presencia del estado en las actividades económicas en forma de subsidios y regulaciones pero cuando llegan al poder pueden cambiar diametralmente de parecer, aceptando la ortodoxia económica de Hayes y Friedman, y hasta llegan  a ser más papistas que el mismo Papa. Recitan libre mercado y divina autorregulación del mismo, trasuntan liberalismo, capitalismo rampante y nada de estatización -que siembre causa pánico- pero a poco de llegar al gobierno comienza la estrategia de pan con circo y mercantilismo fenicio.
Como podemos ver, la izquierda es un caso perdido. La mayoría permanece en el limbo de los conceptos surgidos desde la sociología marxista. El núcleo duro de la izquierda es una logia académica de sociólogos, abogados y antropólogos que medran de la ayuda internacional en sus ONGs. Solo tenemos predicadores de los derechos humanos, el medio ambiente y, para variar, el anti imperialismo. No ven más allá del papel rector del Estado como ente regulador y maquinaria de distribución de la riqueza a través de la ayuda directa. Allí acaba todo su horizonte. La izquierda como tal ya no es una opción viable y sensata en estos tiempos.
Un liberalismo pragmático que agrupe la fuerza de la Derecha Popular es vital para el desarrollo del país. Como nación estamos en la obligación de aprovechar nuestros recursos, pero no solo los recursos naturales sino también los recursos humanos. No hay ningún recurso mas optimo que el de esa clase de trabajadores independientes que surge de la nada y contra todo. Un movimiento político que articule esa fuerza social emprendedora es la clave del futuro. Necesitamos un partido político que se sustente en la fuerza creativa de estos sectores populares.