lunes, 16 de septiembre de 2013

Construyendo la nueva derecha


Por: Elvis Occ/Nueva Derecha Popular

En 1980 ganó las elecciones presidenciales el arquitecto Fernando Belaunde Terry, con un amplio margen sobre el candidato aprista Armando Villanueva del Campo. Su primer acto de gobierno fue promulgar la nueva Constitución y enseguida procedió a devolver los diarios confiscados a sus legítimos propietarios. Lástima que las devoluciones no se extendieron a otros rubros, como el agro y la industria. Belaunde no tuvo el apoyo partidario para eliminar de un solo plumazo todos los experimentos socialistas heredados de los militares, y se limitó a gestionar la crisis. El manejo de la economía corrió a cargo de Manuel Ulloa Elías, pero ni su genio y astucia pudo evitar la debacle de un Estado sobredimensionado, con una planilla impagable, y de una economía dependiente de empresas públicas deficitarias. Aunque incentivó la inversión extranjera la crisis siguió agravándose sin ninguna posibilidad de solución.

La misma Constitución era un peligro pues no ofrecía la seguridad de un marco jurídico apropiado para qué las grandes empresas pudieran hacer grandes inversiones. Para colmo había empezado su accionar demencial uno de los grupos más radicales de la perturbada izquierda peruana, convirtiéndose en la secta terrorista más letal de Latinoamérica: el Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso. Mientras estos actuaban inspirados en el maoísmo y se hacían fuertes en la sierra asesinando impunemente a campesinos, en la ciudad aparecía otro grupo terrorista de izquierda pero de inspiración castrista: el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru. Ironicamente surgieron justo cuando el mundo comunista empezaba a agonizar.
Ante estas formas extremistas y criminales de la izquierda, la facción electoral de la izquierda representada en el Congreso prefirió callar, dedicándose más bien a cuestionar el accionar de las FFAA y de la policía, obstaculizando las leyes que se proponían para enfrentar el terror. Las principales acciones de la izquierda electoral en el Congreso se orientaron a formar sendas comisiones investigadoras de cuantas acciones emprendían las FFAA, llamando a declarar a los generales para inculparlos de todos los delitos posibles.

Quizá la hora más negra de la izquierda peruana fue cuando responsabilizaron a las FFAA y a los sinchis (una unidad especial de la policía) de la masacre de Uchuraccay, en donde fueron masacrados seis periodistas y su guía a manos de los propios campesinos. Aterrorizados por las incursiones senderistas, los campesinos habían confundido al grupo de periodistas con terroristas, dándoles muerte sin piedad en enero de 1983. La izquierda en pleno organizó el carga montón contra las FFAA y la policía culpándolos por esa masacre. Incluso rechazaron el informe de la Comisión Vargas Llosa que investigó los hechos. Desde ese momento la izquierda legal se parapetó en el ataque jurídico al Estado y a las FFAA como complemento del accionar subversivo de la izquierda illegal.