sábado, 31 de agosto de 2013

La gran obra de la CVR


Por Víctor Robles Sosa

Diez años son suficientes para tener un juicio cabal del informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR). El mío es claro: A partir de falsear los hechos, dividió al Perú, permitió la resurrección del terrorismo, y consagró la impunidad para los criminales a la vez que la persecución injusta e indiscriminada a quienes combatieron a los asesinos. En resumen: ni verdad, ni reconciliación.

Diez años después, las víctimas del terrorismo siguen esperando justicia. En los pueblos que fueron asolados por Sendero Luminoso, sus habitantes ven hoy, con rabia y frustración, que los asesinos de sus seres queridos se pasean libres e impunes por las calles, y además reciben “reparaciones” económicas como “víctimas del estado”, mientras que para ellos solo hay olvido. ¿Se puede reconciliar así a un pueblo?

El 2001, unos 4000 terroristas estaban recluidos en las prisiones. Diez años después del informe de la CVR, solo unos 400 siguen presos, aunque la mayor parte ya se prepara para salir. Por si fuera poco, al 90% de la cúpula de SL y el MRTA le anularon la cadena perpetua cambiándola por penas generosas de hasta 15 años. En contraste, miles de ronderos, policías y militares que combatieron al terrorismo son perseguidos judicialmente con el auspicio de las ONG de izquierda, en aplicación de las recomendaciones de la CVR.

Diez años después, actores centrales de la lucha contra el terrorismo siguen esperando la oportunidad de dar su valioso testimonio ya que la CVR los ignoró, como los religiosos, los periodistas, las ex autoridades y los líderes de los Comités de Autodefensa de Ayacucho – a los que la izquierda llamó “paramilitares” en los 80 – , los familiares y compañeros de María Elena Moyano o Alejandro Calderón, los directivos del Instituto Libertad y Democracia que enfrentó ideológicamente a SL, los ex jefes militares de Ayacucho, etc. ¿Cómo se puede llegar a la verdad sin estos y muchos otros testimonios? La izquierda solo escuchó a los suyos y a los allegados a Sendero y el MRTA.

Diez años después, la mayoría de nuestros jóvenes ignora quién es Abimael Guzmán, el mayor genocida de nuestra historia; y muchos creen que fue un “luchador social”, y que SL fue un “partido político” que se “alzó en armas” contra la “injusticia social”.

Diez años después SL se mueve a sus anchas en universidades, barrios, sindicatos, comunidades urbanas y rurales bajo su nuevo membrete de MOVADEF, que se encarga de la “lucha política y legal”, mientras su brazo armado del VRAEM hace lo otro.

Diez años después, Sendero Luminoso rompió el cerco militar que lo aisló en Vizcatán, rebasó el valle Apurimac-Ene, se expandió al Mantaro y a La Convención. El Estado, por influencia de la CVR, dejó de reprimir al terrorismo hasta el 2006, y en ese proceso SL asesinó a más de 250 policías, militares y civiles en el VRAEM.

Este panorama es fruto de la aplicación de las conclusiones y recomendaciones de la CVR. Ésta concluyó que la victoria de nuestro pueblo sobre el terrorismo es una “vergüenza” que hay que ocultar y la presenta como un “conflicto armado interno” entre el estado y dos “partidos políticos alzados en armas”. Esto se les enseña a nuestros jóvenes desde hace una década, por eso ignoran la verdadera dimensión de la amenaza terrorista.

El trato injusto a las víctimas del terror también es fruto de la CVR, que declaró “víctimas” por igual a los terroristas y a las personas masacradas por aquellos. Hemos llegado, al extremo de que el estado indemniza y pide persón a terroristas como Osmán Morote y Yovanka Pardavé, entre muchos otros, y de levantar inclusive monumentos a la memoria de los asesinos (Ojo que llora)

La impunidad penal para los terroristas quedó consagrada en las recomendaciones de la CVR cuando ésta planteó una serie de atenuantes a su favor, al declararlos “subversivos” con “motivaciones sociales”, “combatientes” de un “conflicto armado”, siendo en realidad son terroristas que asesinan por fanatismo ideológico con el fin de instaurar una tiranía totalitaria.

Diez años después es hora de reflexionar sobre la ex CVR a la luz de sus resultados. Hemos retrocedido frente al terrorismo por aplicar sus recomendaciones, desinformando a nuestros jóvenes, dándoles excesivas concesiones políticas y legales a los criminales, y renunciando a nuestro derecho a reivindicar la victoria de nuestra nación sobre la más cruel y sanguinaria organización terrorista del mundo.

Es hora de honrar la memoria de los mártires y héroes de nuestro pueblo dejando de confundirlos con sus victimarios, de decir basta de impunidad para el terrorismo, basta de persecución indiscriminada a los campesinos, policías y militares que combatieron al terror, basta de torcer la historia y la verdad.

Es hora de rectificar para que nuestros jóvenes repudien al terrorismo, sepan que Guzmán es el Pol Pot peruano, que Sendero es enemigo sanguinario de la libertad y la democracia, y que deben sentirse orgullosos de pertenecer a una nación que se ganó la admiración del mundo entero por haber derrotado, unida – campesinos, dirigentes populares, policías y militares, etc -, a SL y al MRTA.