viernes, 5 de julio de 2013

Vacunemos contra el comunismo


Por: Felipe Cortijo

La ideología de izquierda en el Perú es una enfermedad infecto contagiosa muy peligrosa, todo lo que se acerca ella o convive con ella degenera en “comunismo”. No existe antídoto eficaz que permita la curación de esa enfermedad crónica, no hay remedio posible a esa maldad. Si alguien tuvo la mala suerte de conocer el abecedario básico del marxismo, en la Universidad, o lo que es peor, de muy niño en la escuela o en la academia, deberá ponérsele en cuarentena. Aléjese inmediatamente, su vida esta en verdadero peligro, y la vida de muchos con usted.

No estoy siendo dramático en absoluto, una vez que usted tiene contacto con panfletos y pasquines marxistas, la curiosidad ya no tiene límite. Ud se volverá adicto más temprano que tarde, pues la lectura de algunos clásicos del marxismo como el “Manifiesto del Partido Comunista”, o ese mamotreto llamado “El Capital”, tienen la cualidad de despertar la fe en las utopías irrealizables. Se vuelven un nuevo credo, una nueva religión, un dogma que vende las renovadas indulgencias, a cambio de convertirse en un ateo materialista. Le prometerán la dulce esperanza de un nuevo cielo llamado “justicia social”, que ellos saben bien que no existe, pero por el cual tiene que hacerse penitencia y mortificar el cuerpo con buena dosis de descarnado odio, hipocresía y mala fe hacia todo lo que es progreso y bienestar. Si es necesario tendrán que destruirlo todo, tendrán que desaparecerlo todo, así se ingresa a la secta de “Sendero Luminoso”.

La miseria es una condición natural para ellos, desde allí pregonarán pueblo por pueblo, como San Pablo, la buena nueva: “Todos podemos ser iguales, quitémosle a los ricos y démosle a los pobres, no debe haber ricos, no necesitamos de los ricos. ¡Proletarios del mundo, uníos!”. Y cómo no convencerse con esta lógica todopoderosa del marxismo: si no hay diferencias todos seremos iguales, y aparecerá el comunismo, todo será de todos, todo será común, nadie será dueño de nada, y dicen que seremos felices. Lo que nunca dicen es que a través de la historia universal ya se intentó innumerables veces este experimento imposible, y nunca, léase bien, nunca se consiguió la ansiada felicidad comunista, ese sueño, esa utopía, esa mentira irrealizable. Ejemplos palpables de una sociedad “evolucionada” hacia la ideología de izquierda lo vemos en Cuba, Venezuela, Argentina, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, países mediocres y pobres que quieren establecer el comunismo por la fuerza, por encima del derecho ciudadano.

Esta es la ideología de izquierda, su origen es el cansancio del hombre en su búsqueda de la felicidad, la descomposición de su pensamiento frente al choque con la dura realidad. La decadencia de sus ideas que ya no soportan frustraciones, esa ilustración desmedida que deriva en una psicosis social llamada anarquismo, socialismo, progresismo y comunismo. Son tan sólo una enfermedad social, son personas como Susana Villarán, Rocío Silva Santisteban, Manuel Dammert o Nicolás Lynch que a pesar de pertenecer a la clase social más alta de Lima, en donde nunca supieron de pobreza, encontraron en la Universidad las condiciones y el clima necesarios para contraer la enfermedad del marxismo. Son decadentes, están deformados y enfermos, han tomado como suyos lo peor de las ideas políticas en el mundo, su bandera es la “justicia social”, y sus métodos para conseguirla pueden variar, desde la agitación política y la protesta callejera hasta llegar al crimen. ¡Vacunemos contra el comunismo!.