miércoles, 3 de julio de 2013

El engaño socialista



Escribe: Luis García Miró Elguera

El naufragio del marxismo frustró a la izquierda. En particular a la sudaca, mantenida a propina por el Kremlin. Pero la zurda local insiste en sus torvas disputas retóricas, absolutamente carentes de realismo. Su meta es seguir confundiendo a la gente, haciéndole creer que el socialismo es el único sistema político que abriga conductas sociales éticas y altruistas. Engaña a los pueblos con la cantaleta que sólo se es solidario si se gobierna a base de déficits fiscales, alegando que la solidaridad consiste en aplicar el gasto desenfrenado para que el Estado –todopoderoso del socialismo– trate igual a todos. Un imposible al cubo, si se toma en cuenta que desde que existe el mundo existen los pobres y los ricos. 
Una realidad que está cincelada en la condición humana. 



En resumen, la izquierda sudaca persevera en monopolizar la bandera de la cohesión social, la igualdad, la justicia social y el bienestar general, fundamentándose en un Estado ogro con derecho, inclusive, a eliminar la libertad individual y a acabar con la iniciativa privada. Pero los rojos soslayan que en 1961 Fidel Castro anunció que iniciaba la revolución para luchar por los pobres y acabar con los ricos. Tras 52 años de tiranía, en efecto acabó con los ricos, pero a costa de pauperizar a todo el pueblo cubano, aparte de privarlo de sus libertades y derechos humanos. 

Otra tara de la zurda es su mendaz mensaje reivindicador estructurado en función a demandar derechos para la ciudadanía sin exigir, en simultáneo, respeto a las obligaciones. Esta receta es el camino directo al populismo, a la demagogia, a la dictadura y a la anarquía. Porque el pueblo se deslumbra ante la miríada de derechos que presuntamente reclama la zurda para él, sin reparar en la imposibilidad de que los estados puedan atender tamaño gasto populista. El utópico estado del bienestar europeo es el ejemplo más reciente de esta falacia. El socialismo chic demandó la gratuidad de todos los servicios, lo que acabó llevando a la quiebra a países del primer mundo. 

Tanto el mensaje de redistribución compulsiva de la riqueza como la quimera solidariamente igualitaria de la izquierda son planteamientos comprobadamente trasnochados, fracasados en la historia contemporánea. Asimismo el monopolio de la ética que enarbolan los rojos es hipocresía pura. Si no veamos la macro corrupción en Cuba, Venezuela, Argentina, Brasil, etc. La eclosión social en este último país revela el hartazgo de un pueblo engañado por un partido –de origen comunista y comprometido hasta el tuétano con la corrupción– bajo las órdenes del ex presidente Lula y de su heredera, Dilma Rousseff, dos socialistas decididos a eternizarse en el poder y a exportar su metodología putrefacta a otras naciones de la región.