jueves, 18 de julio de 2013

Ciudadanos por el cargo


Escribe Martín Santiváñez

La profunda contradicción en la que vive nuestra clase política se manifiesta por igual en todo el espectro ideológico. La derecha es incapaz de presentar un recambio generacional. El centro naufraga en la tibieza y el ausentismo. Y nuestra izquierda solo critica el reparto de los puestos públicos cuando el proceso se le escapa de las manos. Si la izquierda controla el nombramiento de los puestos públicos (Ciudadanos por el cargo), la cosa cambia. Cuando nuestra progresía influye en el proceso de elección, sus cuadros se alinean en posición "mamemos del Estado" y nadie pronuncia la palabra "repartija". Pero es imposible denunciarlos porque ellos son la conciencia moral del país.

Es por esta razón que se me antoja un poquito hipócrita rasgarse las vestiduras ahora que la clase política peruana ha hecho lo que mejor sabe hacer: mirar por sus intereses, consolidar sus privilegios. El problema de la elección de los cargos públicos es, también, un problema de control. Y el control está en función de la independencia. En el Perú son pocos los ejemplos de independencia jurídica, administrativa y política. Bolívar no se equivocó cuando dijo de nosotros que éramos un país de oro y esclavos. "El primero lo corrompe todo, el segundo está corrompido por sí mismo". Algunas veces, la Contraloría emite un informe, aunque esto se quede en algo más bien testimonial. Trivelli reparte arena y coliformes y aquí no pasa nada. De vez en cuando, un juez o una Corte importunan al Gobierno. Pero esto es, valgan verdades, la cruda excepción.

La sumisión al poder, la componenda partidista y el pacto por debajo de la mesa son rasgos de la política peruana. Esto no va a cambiar de un día para otro, y mucho menos si continuamos eligiendo a los mismos personajes de siempre. La meritocracia no será construida por los que están interesados en preservar el statu quo. Los corruptos no apoyarán a los mejores. En realidad, para que llegue la meritocracia hace falta derrotar a la coalición de mediocres que usufructúa el gobierno desde los inicios de la República. La meritocracia no llegará gracias a la clase política. Si se implementa, habrá de surgir en contra de ella.