sábado, 15 de junio de 2013

La “verdad” y la “reconciliación”


Por Felipe Cortijo

Diversos actores de nuestra política han empezado a hablarnos nuevamente de una “reconciliación” entre todos los peruanos. Diversas personalidades nos hacen un llamado a “pasar la página”, sobre todo después de haber firmado una carta al presidente Humala felicitándole por la afirmación de la “verdadera justicia” en nuestra patria. Después de denegar el indulto compasivo a un anciano enfermo.

¿Qué clase de hipocresía desvergonzada es esta? No hace falta ser fujimorista para sentirse indignado ante este atropello a la mínima dignidad de una persona. Hay millones de gentes -entre las que me cuento- que creen que la decisión del presidente Humala fue prepotente e implacable con el caído. Demasiado mezquino para ser considerado quizás como estadista, muy predecible para quien hace política, y notoriamente sesgado hacia la izquierda en su forma de pensar y actuar. Es decir: ¿Cabe felicitar al presidente por ser tan corto en estatura política?.

Sobre la “verdad”, prefiero por ahora no decir absolutamente nada, apelo a ese hermoso gesto de Jesús ante Pilatos, cuando este en tono irónico le pregunta: “La verdad, ¿Qué es la verdad?”, y Jesús entonces decidió callar, y ni los 40 latigazos le hicieron hablar. Pero de la “reconciliación”, hoy diré algunas cosas, y como dijo el castizo: “Lengua sin manos. ¿Cómo osas hablar?”, que no hay peor sordo que el que no quiere escuchar.

Si de reconciliarse se trata, no se puede pretender que quienes someten a alguien a un abuso termine olvidándolo y se arroje a sus brazos en un gesto de fraternal cariño. Previamente se debe reparar el abuso, o en su defecto, ofrecer una real y justa compensación. Este es un simple criterio básico de justicia encontrados en Salomón y Sócrates, fundamentados en nociones de objetividad y universalidad que no necesitan mayor explicación. ¿Se ha cumplido con este requisito básico que tiene una “justicia formal? ¿De qué clase de “afirmación de la justicia” estaríamos hablando?

Resulta entonces injusto, y hasta cínico, exhortar a una reconciliación que no existe, y no existirá mientras se mantenga una actitud de hipocresía tan característica de esa  clase política que ahora ostenta el poder. La misma que hoy hace alarde no sólo de prepotencia sobre quien yace vulnerable, sino que cada día que pasa, da muestras de los pocos escrúpulos que aún le queda en cuanto a honestidad. Ya no les importa la opinión pública, malgastan dinero del Estado, protegen a los corruptos, y mantienen a ineptos.

Sobre lo que ellos llaman “justicia” terminaré citando, de nuevo, a Miguel de Unamuno: “¿En esto de bueno y de malo no entra la malicia del que juzga? ¿La maldad está en la intención del que ejecuta el acto o no está más bien en la del que lo juzga malo? ¡Pero es lo terrible, que el hombre se juzgue a sí mismo, se haga juez de sí propio!” (Del sentimiento trágico de la vida) Mas siempre habrá una instancia superior, la llaman “justicia divina”. Tarde o temprano todos nos sometemos a ella. ¡Tengamos paciencia!.