viernes, 21 de junio de 2013

El floro desarrollista de Alan García


Por Dante Bobadilla Ramírez

Alan García, uno de los políticos más adictos a los fogonasos del flash, salió a la luz para pregonar su receta económica y darle al gobierno de Ollanta Humala una lección de gobernabilidad. Sin duda hacen falta  aportes para que este gobierno salga del hoyo en que se encuentra, pero difícilmente podría hacerlo quien acaba de ejercer el gobierno dejando un Estado sobrecargado con dos elefantes blancos que hoy detienen el avance del país, como son los ministerios de Cultura y del Ambiente. Estos dos ministerios han significado que todos los trámites de inversión tarden un año más por lo menos. Así que si Alan quería dar propuestas para agilizar el aparato estatal debería empezar sugiriendo la eliminación de esos dos paquidermos burocráticos inútiles que nos dejó como herencia.

Los políticos suelen perder muy fácilmente el norte de un país por caer en poses demagógicas y efectistas. Un país subdesarrollado como el Perú, que tiene aun el 40% de su población en la pobreza, que vive de sus exportaciones mineras y de muy poco más, que mantiene un inmenso déficit de infraestructura esencial para el desarrollo en todos los rubros, que no puede industrializarse ni avanzar en el terreno tecnológico por no decir más, no puede darse lujos extravagantes como agrandar el aparato estatal con jarrones chinos decorativos como estos dos ministerios que en nada contribuyen al desarrollo del país. Solo han servido para satisfacer los finos gustos de la culta caviarada y alimentar la cucufatería y estupidez progresista. Mayor burocracia significa más trámites, más debates, más ruido político y más lentitud. ¿Tiene sentido?

El interés por el cuidado del ambiente debe surgir por una necesidad real, no por pura pose y menos por simple ideología cultural de moda. EEUU inició su política de Estado en el cuidado del medio ambiente en los años 60, cuando percibió el impacto de su tremendo desarrollo en la ecología. Pero estamos hablando del país más desarrollado del planeta, con una gran red de explotación petrolera que va desde el golfo de México hasta Alaska, con las plantas industriales más grandes del mundo y con el parque automotriz y aéreo más numeroso. EEUU y Canadá iniciaron las políticas medioambientales que luego se extendieron al resto del mundo y fueron adoptadas por la ONU. Algunos países pobres acogieron estas políticas por simple moda. Es decir, sin tener los problemas de un país desarrollado, como es el caso del Perú, un país subdesarrollado y sin industrias importantes ni explotación petrolera de envergadura, pero que ya creó su ministerio, que es más bien una iglesia dedicada a la adoración del nuevo dios del medio ambiente, haciéndole el juego a los extremistas de izquierda que utilizan el ambientalismo para oponerse a la inversión extranjera e impedir el desarrollo de los pueblos.

Los gestos políticos suelen ser producto de la huachafería, del afán de figuración o de los sueños de eternidad histórica. Pero además no sabemos colocar las cosas en su sitio ni darle su verdadera dimensión, y acabamos con la carreta delante de los caballos. Nos dejamos mandonear fácilmente por organismos internacionales y estamos prestos a firmar cualquier lindo acuerdo para salir en la foto. Por supuesto que el otro adefesio ministerial del alanismo, el Ministerio de Cultura, es otros de esos despropósitos burocráticos que solo sirven como gesto para las tribunas, pero que en nada contribuyen a lo más importante que es el desarrollo del Perú. Al contrario, es un motivo de atraso porque esta gente se dedica a mirar el pasado y otorgarle más importancia a una ruma de adobes que al desarrollo urbano y al progreso del país.

A menudo nos comportamos como una tribu de salvajes calatos que en lugar de preocuparse por desarrollar su tecnología prefieren crear ministerios de Cultura y del Medio Ambiente para aparentar civilización. Pero siguen calatos. Es nuestro caso. No somos nada en el mundo y ni siquiera en nuestro vecindario. La poca plata que tenemos deberíamos gastarlo bien, y gastarlo en el desarrollo, no más burocracia ni en la adoración de iconos de moda. Alan García debería quedarse callado después de haber sido el inventor de estos dos monstruos parásitos que hoy no hacen más que detener el progreso del país. Obviamente esto no quiere decir que no debemos cuidar el medio ambiente, sino que tal interés no equivale a un ministerio.

El cuidado del medio ambiente es algo que debería enseñarse en las escuelas y debe ser parte de las políticas habituales en todos los niveles del Estado. De este modo evitaríamos los verdaderos atentados ecológicos que vemos a diario como la gente que viaja arrojando su basura por la ventana del bus a lo largo de todas las carreteras. No hace falta un ministerio para detener la brutal costumbre de arrojar la basura en las riberas de los ríos o en los despeñaderos, como hacen los gobiernos locales en todos los pueblos del Perú, ni para multar a las industrias que contaminan las aguas con sus desperdicios. Para nada de eso hace falta un ministerio.