viernes, 24 de mayo de 2013

Toledo en su muladar


A los políticos deberíamos criticarlos tan solo por sus ideas y acciones políticas, y hacerlo incluso con dureza. Pero el caso de Toledo es la excepción. Se trata del típico saltimbanqui criollo, el trepador profesional que empieza desde abajo a base de triquiñuelas, hasta que alcanza el poder por pura casualidad. Toledo apareció de la nada con un partido político fundado con firmas falsas con la ayuda de Vladimiro Montesinos. Quedó solo tras la demolición de candidatos a fines de los 90 a manos de la prensa chicha que nunca lo tocó. Supo entonces treparse al estrado vacío, figuretear como el abanderado del antifujimorismo y ganó en unas elecciones sin rival, metiéndose al bolsillo la mayor parte del millón de dólares que Soros donó para la marcha de los cuatro suyos.

Su primer acto de gobierno fue subirse el sueldo astronómicamente hasta los 18 mil dólares mensuales, que lo convirtió en el presidente mejor pagado de Latinoamérica, y lejos. Su segundo acto fue ampliar la CVR y permitir que el progresismo infiltre el Estado. Su gestión se caracterizó por la frivolidad y el despilfarro. Viajero impenitente convirtió el avión presidencial en el "avión parrandero" para hacer viajecitos tan estúpidos como irse hasta a Seatle a visitar a "su amigo" Bill Gates. El hotel Punta Sal pasó a ser un anexo de Palacio de Gobierno adonde se escapaba constantemente. En su gobierno más de medio país estuvo sacudido por paros regionales que lo obligaron a iniciar un diálogo que acabó con esa mecedora llamada "Acuerdo Nacional". Creó una multitud de organismos públicos parásitos e inútiles con el nombre de "Comisión Nacional" y se dieron las leyes más inservibles y ridículas de la historia, como una ley para cada profesión, y perlas como el famoso Plan Nacional de DDHH y el Plan Nacional de Salud Mental que consagran el informe de la CVR llamando "mentalmente sanos" a quienes causan las protestas.

Al final de su gestión nos fue bien económicamente porque los precios de los minerales crecieron de forma acelerada y porque los proyectos mineros iniciados en los 90, como Yanacocha y Barrik empezaron a producir. Su gobierno estuvo signado por escándalos como los de su hija negada, los desatinos y exabruptos de su esposa y el fracaso de la regionalización. Pero más allá de su gestión como gobernante, Alejandro Toledo ha demostrado de muchas formas ser un sujeto despreciable. Tanto él como su esposa, ambos como pareja, tienen un pasado oscuro y sospechoso que nunca fue aclarado gracias a las influencias políticas y mediáticas que supieron comprometer, especialmente su amistad con el progresismo oenegiento. 

La última hazaña política de Toledo fue liderar las encuestas en la última campaña presidencial hasta perder todo su capital electoral por sus propias tonterías. Una vez derrotado salió a advertir que votar por Ollanta era dar un salto al vacío. Pero luego de su triunfo fue el primero en ir a abrazarlo y ofrecerle todo su apoyo para "salvar la democracia y garantizar la gobernabilidad". Una historia ya conocida en la rastrera política peruana, empleada anteriormente por otro saltimbanqui ya felizmente desaparecido: Fernando Olivera.

Hoy la metalizada pareja Toledo-Karp vuelve a los titulares de la prensa por otra de sus fechorías: una serie de sospechosas compras de millonarios bienes inmuebles en Lima, hechos a nombre de la suegra, una anciana de 85 años que no vive en Lima, y a través de una empresa fantasma constituida sin capital alguno en Costa Rica, a la que curiosamente un banco le presta 5 millones de dólares. Todo un ajedrez financiero que solo grandes genios como Aristóteles Onasis pudieron hacer, pero para cosas más productivas como traer el petroleo del Medio Oriente a los EEUU sin tener nada en los bolsillos.

De Toledo es posible esperar cualquier enjuague sucio, cualquier triquiñuela cojuda y pendejada estúpida porque ese es su nivel moral y mental. Ya hay mucha gente que se ha alejado de él luego de experimentar el mal olor de su cercanía. Lo que sorprende es que aun queden políticos o aspirantes a políticos dispuestos a quemarse por este borracho de segunda categoría. Perú Posible está, además, a punto de ser denunciado por el JNE por no haber aclarado ingresos por 5 millones de dólares en la última campaña. Esa es pues la clase de escoria que es Alejandro Toledo. Hay que decirlo con todas sus letras.