martes, 28 de mayo de 2013

SU PALABRA NO ES SUFICIENTE


Por Felipe Cortijo Medina

Todo parece indicar que la Comisión de Fiscalización del Congreso de la República tendrá una nueva tarea, la investigación del patrimonio familiar del ex presidente Alejandro Toledo Manrique que, a toda vista, muestra un desbalance difícil de explicar. En aras de esa transparencia con que nos suele recalcar una y otra vez, tendrá que demostrarse la inexistencia de corrupción.

Y es que su sola palabra ya no cuenta, no es suficiente para esclarecer lo que se muestra como un enredo de explicaciones contradictorias, en donde lo único claro es que no hay una historia convincente para nadie, y lo que es más: ni siquiera para el mismo Toledo, como lo ha reconocido. No se puede jugar con la verdad. Ya basta de poses de autoridad que no se tiene. Tendremos que forzarlo a mostrar la verdad. Como alguna vez observó Baltazar Gracián: “La verdad por lo general se ve, muy raras veces se oye”, y lo que vemos hace rato es el desvergonzado alarde de una solvencia económica imposible para quien se declara vivir como un simple académico. Y su suegra, menos aún.

Esperamos que el Congreso esté a la altura de las circunstancias, esperamos no tener que criticar la falta de compromiso con la decencia y dignidad de algún parlamentario. Ya sabemos quienes serán los felones de siempre, nunca faltarán el arreglo y la componenda política, pero una vez más queremos ver nombres y apellidos. Queremos ver quienes mantienen el prestigio de verdaderos ciudadanos, con voz y voto para fiscalizar a funcionarios e incluso mandatarios corruptos, a ex presidentes o presidentes inmersos en flagrante delito, el Congreso debe recuperar su majestad y ser la conciencia de todo el Perú,  poner fin a la mediocre política caudillista, no hay “Pachacutec” o ídolo que valga.

El mundo nos observa, demos nuevamente una lección maestra. Estas líneas sólo tratan de apelar al honor y a la honestidad de las personas, ello implica tomar una posición dura e insobornable con la ética, que no dependa del dinero ni de los favores del poder, que rescate la honra y mantenga erguida la reputación moral del país. Terminaré una vez más con otro precepto de Baltazar Gracián, escrito en el siglo 17, espero no se tome como algo arcaico y sin vigencia, así lo espero de veras, por el bien de todos y quienes se atrevan a leerlo, y sobre todo, a practicarlo: “Nunca pierda el respeto por usted mismo ni se muestre demasiado relajado cuando esté a solas. Haga que su integridad sea su propio estándar de rectitud, y dependa más de la severidad de su propio juicio sobre su persona que de todos los preceptos externos. Desista de toda conducta indecorosa, más por respeto a su propia virtud que a las prescripciones de cualquier autoridad externa. Respétese a sí mismo y no necesitará del tutor imaginario de Séneca”.