viernes, 3 de mayo de 2013

Petroperú y Concytec retroceden


Petroperú anunció su decisión de desistir de sus intenciones de comprar los activos tóxicos de Repsol. Una medida que la gente sensata ha aplaudido, ya que significaba distraer más de 2 mil millones de dólares en una aventura empresarial cuyo resultado comercial es difícil prever y que implicaba un gran riesgo para el país. Pero más allá de los riesgos económicos estaban los riesgos políticos, pues dicha operación hubiera convertido a Petroperú en un monopolio estatal a cargo del petroleo, refinación y distribución de gasolina. Más allá de eso se creaba un mecanismo perfecto para caer en la tentación del control de precios, el clientelismo político y la corrupción a gran escala.

De otro lado y como era de esperar, Concytec tuvo que dar marcha atrás en una norma que pretendía limpiar los espacios de la institución evitando la exposición de elementos religiosos. La pobre Dra. Orjeda recibió un vendaval de críticas y hasta la pasmosa Defensoría del Pueblo le remitió una carta exigiendo explicaciones. Ahora Concytec será una especie de mercado ambulatorio donde se exhiben toda clase de chucherías y fetiches religiosos, y todo en nombre de la tolerancia y la libertad de pensamiento. 

Habría que preguntarse qué pasaría si un empleado del Arzobispado de Lima pega un sticker del Che en la ventana de su oficina, coloca una bandera gay sobre su escritorio y un calendario que hace publicidad a una marca de condones. ¿Sería esto tolerado por el párroco o arzobispo? Obviamente no. Sin duda este pobre empleado sería sancionado o despedido en el acto con todas sus chucherías. Nadie acusaría al arzobispo de intolerante. La Defensoría no remitiría ninguna carta en defensa de la libertad de ideas. Nada. 

Este es pues el mundo en que estamos. Somos parte de una cultura dominada por la religión, en una sociedad convertida en fábrica de creyentes gracias a perversos rituales que aseguran el adoctrinamiento de todos sin excepción, desde que nacen. Es difícil escapar a ese destino. Y es imposible confrontarse con una sociedad de zombis de la fe que te estigmatizarán de todas formas por osar contravenir sus creencias. Es como tratar de nadar por tu cuenta en el mar eludiendo las fuerzas del océano. Siempre acabarás ahogado.

Hace rato vemos como se abusa del concepto de tolerancia y libertad de pensamiento para meter toda clase de ideas nefastas e irracionales, incluyendo el terrorismo. Tenemos que aprender a manejar adecuadamente esos principios. Nada hay de racional en el apoyo a la esclavización mental de las personas. Nada hay de liberal cuando lo que se defiende no es el libre pensamiento sino la sujeción a dogmas. Nunca habrá ningún tipo de institucionalidad cuando se atropella la potestad de una institución para regir el orden y la disciplina dentro de su propio espacio, y en arreglo a sus propios fines.