miércoles, 22 de mayo de 2013

Trauma y desesperación en la izquierda


A juzgar por los últimos artículos de los opinólogos de la izquierda criolla, la preocupación empieza a cundir en el rojerío porque sienten que no tienen un candidato adecuado para liderar al manicomio progresista. Todo indica que Goyo Santos ha sido puesto de lado luego de dejar en evidencia su incapacidad para gobernar tras el desastre de su gestión en Cajamarca, además de los líos de corrupción y violencia en que se ha visto involucrado. La temprana postulación de esta escoria comunista corrió a cargo del genial César Hildebrandt, quien le dedicó todo un número de su semanario llenándolo de salamerías y elogios, más allá de lo decoroso. Hoy que ya se sabe el nivel de incapacidad de Gregorio Santos nadie parece dispuesto a colocarlo de candidato de una izquierda unida.

No solo hay preocupación en la izquierda sino trauma. No deja de causar risa el constante lloriqueo del rojerío por haber confiado en Ollanta Humala. Todavía siguen con las sentaderas adoloridas y no quieren repetir esa experiencia. Debió ser terrible que luego de preparar el mamotreto de la Gran Transformación la vean tirada en el tacho de la basura y que el candidato que tanto apoyaron acabe por echarlos. Peor todavía fue para los más delirantes que soñaron con la llegada del chavismo al Perú y acabaron viendo cómo Miguel Castilla se colocaba el fajín de ministro de economía. El manicomio de la izquierda padece un trauma tan grande que ni la charlatanería psicoanalítica de los sanadores progres Carmen Gonzalez y Jorgito Bruce logrará curar.

En busca del candidato ideal han preferido bucear dentro del propio pozo séptico de la izquierda, alguien que surja de las profundidades y que sea reconocido ya no por su pasado guerrillero o sus simpatías senderistas sino tan solo por su mal olor ideológico, su compromiso y trayectoria con la demencia socialista y hasta con el activismo callejero, el bloqueo de carreteras, la quema de llantas, el pintarrajeo de monumentos y los gritos de consignas antimineras. Así han empezado a sonar algunos nombres. Además quieren aprovechar la pequeña fama lograda por algunos en la reciente campaña contra la revocatoria. De ese escenario ha surgido el nombre de Marisa Glave.

Es lo que propone hoy Antonio Zapata. Pero lo más seguro es que el pleito se extienda y al final tengamos un candidato que, en efecto, represente cabalmente a ese segmento de cavernícolas que todavía ansían ir hacia el socialismo a pesar del fracaso absoluto que ha demostrado en el último medio siglo sin excepciones. Tendrán que emplear una nueva consigna del siglo XXI: idiotas del mundo, uníos.